La industria del atún y la creatividad levantaron a Manabí después del terremoto

- 16 de abril de 2018 - 00:00
El asentamiento poblacional Ceibo Renacer en Manta es uno de los sitios donde los damnificados del terremoto fueron ubicados. Son casas de estructura metálica.
Foto: Rodolfo Párraga / El Telégrafo

Dos años después del terremoto del 16 de abril de 2016, los habitantes de la provincia han demostrado que pueden renacer. Con el aporte del resto de ecuatorianos, a través de la Ley de Solidaridad, las obras fluyeron de norte a sur. La empresa privada fue fundamental para revitalizar la economía 24 meses después.

Uno de los hechos que marcaron la diferencia en Manabí, luego del terremoto de 7,8 grados de magnitud del 16 de abril de 2016, fue que la infraestructura de las procesadoras de pescado no se  afectó en porcentaje alto.

Las fábricas, tras las primeras evaluaciones, presentaron solo 30% de daños, según datos de la Cámara de Industriales y Procesadores Atuneros (Ceipa). Esas eran buenas noticias. El sector que abarca la mayor cantidad de mano de obra de la provincia (25.000 empleos) estaba casi intacto. Estuvo operativo ocho días después.

Pero ahí no quedaron las cosas. El movimiento telúrico había causado serios trastornos en las zonas donde pesca la flota atunera ecuatoriana. Aquello provocó que los bancos de atún casi desaparecieran. Como el as bajo la manga, los asociados de Ceipa tenían en sus cámaras de frío un resguardo de materia prima. Se habían provisto con 40.000 toneladas, ello permitió que la industria se mantuviera operativa por seis meses, mientras las capturas se normalizaban.

La importancia del sector extractivo y procesador del atún es de tal dimensión para Manabí, que al mes le inyecta $ 10 millones solo en salarios, pues los trabajadores provienen de los 22 cantones de la provincia.

Este hecho fue trascendental para que la economía de Manabí no sucumbiera. Luego los manabitas no se quedaron quietos.

Nacieron más de 3.000 emprendimientos nuevos en toda la provincia. Los comerciantes informales, medianos, mayoristas y minoristas hicieron lo suyo, al reactivarse. Así por ejemplo en Manta empezó todo. Kirie Bravo lideró a  los comerciantes mayoristas. Ellos emprendieron con el proyecto para ubicar sus negocios en contenedores.

Posteriormente siguió la zona denominada Nuevo Tarqui, donde se aglutinaron aproximadamente 2.500 vendedores. En Portoviejo también se trabajó en ese mismo andarivel. Son 700 comerciantes que se agruparon en la calle Alajuela.

Otro de los embriones anímicos fue la entrega de viviendas que, solo en Manta, superan las 500 soluciones habitacionales.

La presidenta de la Cámara de Comercio de Manta, Lucía Fernández, consideró que la iniciativa de la empresa privada fue fundamental en el tema de la reactivación de la economía. En vivienda, uno de los aspectos de mayor atención por los damnificados, se trabaja en el plan “Casa para Todos”, que prevé entregar miles de soluciones habitacionales. (I)

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