El amor de madre llega a la Corte IDH

Quizá el veredicto de la Corte IDH represente una nueva esperanza para doña Zoila.
14 de febrero de 2021 00:00

Zoila Rosario Chimbo Jarro, de 69 años de edad, es la madre de Luis Eduardo Guachalá. Él sufría ataques epilépticos y fue internado en el hospital Julio Endara, el 12 de enero de 2004. Dos días después de ingresarlo, doña Zoila fue a visitarlo, pero el personal de la casa de salud no lo autorizó, ya que, argumentaron, sería contraproducente para el paciente. Pasaron los días y ella no pudo verlo. El 17 de enero de 2004 le informaron que el joven había escapado.

Doña Zoila presentó, el 21 de enero de 2004, una denuncia ante la Policía Judicial por la desaparición de su hijo. El estado ecuatoriano no respondió y por ello, el 1 de marzo de 2007, doña Zoila junto a Inredh y CDH – PUCE llevaron el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en donde tampoco los representantes estatales dieron una respuesta sobre lo sucedido con Luis Eduardo. En el 2019, el caso pasó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, el 25 y 26 de noviembre de 2020, se realizó la audiencia final contra el Estado ecuatoriano en la Corte IDH, presidida por la jueza Elizabeth Odio Benito, quien escuchó durante dos días los testimonios, interrogatorios y alegatos de las partes.

“Ayúdenme a buscar a mi hijo, yo voy a seguir en la búsqueda de mi hijo hasta el día que yo cierre los ojos. Tiene que asomar mi hijo, no puede desaparecer así”, fue el clamor de una madre en la Corte IDH.

17 años han pasado. Doña Zoila sigue vendiendo caramelos o flores en las calles de Quito, en las tardes y noches, con lluvia o con sol. Con los centavos que reúne se da modos para seguir buscando a su hijo y asistir a las reuniones que tiene con otros familiares y amigos de personas desaparecidas.

Quizá el veredicto que dará la Corte IDH represente una nueva esperanza para que Doña Zoila pueda encontrar a su hijo y conocer la verdad sobre su desaparición, o quizá no, quizá el destino no sea grato con doña Zoila; pero su lucha si lograría dos precedentes muy importantes por los que la sociedad ecuatoriana deberá agradecerle. Primero, el que la persona dé su consentimiento para ser tratado clínicamente por enfermedades mentales; y, segundo, si desaparece un paciente en un hospital, este hecho deberá ser investigado como una desaparición forzada, ya que existe una privación de libertad; la intervención directa de agentes estatales o la aquiescencia de éstos; y la negativa de reconocer la detención y de revelar la suerte o el paradero de la persona interesada.

Todos los días, doña Zoila Chimbo recuerda a su hijo y en cada aniversario de su desaparición esa angustia se profundiza. Sin embargo, a pesar de sus 69 años de edad y sus dolores físicos, su corazón de madre le ayuda a persistir en la búsqueda. “Tienen que darme aunque sea los huesitos para poder enterrarlo”, dice doña Zoila. 


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