Riquelme, ¿será el “motor” que necesita Boca Juniors?

17 de febrero de 2013 - 00:00

Antonio Serpa, desde Argentina

Siempre hay una historia oficial. Siempre. La del regreso de Juan Román Riquelme a Boca, un culebrón mexicano en el que se aproxima el final detrás de un último velo de misterio, dice que la noche del 2 de febrero, Román estaba en su casa viendo el último Boca-River del verano con sus amigos y en un momento se desesperó. Tan mal jugaba el equipo, tan claro había sido el triunfo de River que no aguantó: al día siguiente, levantó el teléfono y lo llamó a Carlos Bianchi para ofrecer su regreso. “Si tenemos que sufrir, que sea juntos”, le dijo a su mentor. Casi casi una historia de amor. La de Riquelme y Boca, claro.

No hay por qué dudar del sentimiento de Riquelme. Siempre se confesó hincha de Boca y nunca pasa mucho tiempo sin que recuerde aquellas tardes en que iba a la tribuna con sus amigos y el padre de alguno de ellos: a Román no le tocó la mejor época como hincha raso, y tal vez por eso su mejor venganza fue sacarlo tantas veces campeón.

¿Quedará algo de aquel amateurismo, del espíritu lúdico de la infancia después de tantos años como profesional? La cuestión es que siete meses después de haberse ido “vacío”, sin objetivos por delante porque ya los había cumplido todos, desgastado por la inmensa presión que significa jugar en el alto nivel y con las exigencias a tope, y empujado tal vez por una relación tirante al borde de la ruptura con el entrenador de entonces –Julio Falcioni-, Riquelme anda otra vez por Casa Amarilla entrenándose. “Ojalá en este año y medio que me queda de contrato pueda darle algún título más al equipo, me siento feliz de estar acá otra vez”, fue su deseo el lunes pasado, día en el que se concretó oficialmente su regreso.

¿Cuándo podrá volver a una cancha? No está claro. “Prefiero tardar más y tenerlo bien que apurarlo y que esté mal”, contestó Bianchi a la pregunta del millón. Por lo pronto, el viernes pasado  el mediocampista hizo media hora de fútbol a la par de sus compañeros y las conclusiones son claras: le falta desde lo físico (terminó cansado) pero el talento no se desvaneció: metió un gol y una asistencia para que su equipo empatara 2-2 con el rival del ensayo formal. Con este panorama, parece difícil que se lo vaya a ver en la segunda fecha de la Libertadores (27 de febrero), cuando Boca visite al Barcelona, pero seguramente a principios de marzo –el 3 contra Unión por el torneo local o el 7 frente a Nacional por la Copa- estará a disposición.

Bianchi y Boca lo necesitan luego de un arranque flojo y con un equipo que se mueve a la deriva en la cancha, llevado de acá para allá por cualquier brisa.

¿Qué puede aportar él a sus 34 años? Liderazgo futbolístico, una idea de juego. Riquelme suele enseñar los caminos: marca los ritmos, lee muy bien los partidos y tiene una facilidad asombrosa para reconocer los atajos hacia el arco rival, pero también sabe ser muy importante en defensa: nadie cuida el balón como él, y la tenencia suele ser el mejor remedio para evitar las agresiones del adversario, como lo muestra el Barcelona de España en cada una de sus funciones estelares. “Yo le dije a Bianchi que si podía aportarle algo al equipo, que contara conmigo”. Y el Virrey no lo dudó.

Enseguida puso en marcha el operativo retorno, pese a la resistencia de cierto sector de la dirigencia y a su propio laberinto: el 10 es un especialista en romper reglas, y el DT deberá hacer equilibrio para que no se le pudra un vestuario que mira con recelo la vuelta de Riquelme,  con la túnica de salvador,  después de un verano en el que el grupo transpiró en Tandil mientras él descansaba con familia y amigos y hasta criticaba en público el mal juego de Boca.
¿Cuánto tuvo que ver en su vuelta la presencia de Bianchi en el banco? Seguramente, al técnico anterior no lo hubiera llamado para ofrecerle su ayuda, aunque también es cierto que el 5 de enero, cuando debía presentarse para el inicio de la pretemporada, les dijo no al técnico y al presidente Daniel Angelici porque no podía “romper la palabra”. Y él había prometido no volver. ¿Solo el mal momento  del equipo lo llevó a contradecirse? ¿O también influyó que no haya podido vincularse con ninguno de los clubes brasileños con los que coqueteó?

Jugar en el país en otro club, por otro lado, habría sido casi imposible: la ficha era (es) de Boca y quien quisiera llevárselo dentro del ámbito local estaba obligado a pagar su rescisión (2’100.000 dólares) más su contrato anual

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