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Las mascotas también merecen un sepelio digno

Los animales de compañía dejaron de ser el ‘adorno’ del patio trasero y se han convertido en los mimados de la familia. Después de su fallecimiento, olvidarlos ya no es una opción.
20 de agosto de 2016 00:00

“Dino: como un regalo apareciste un día para nuestra vida llenar de alegría. Feb. 1992-May. 2007”; “Jack: eres inmortal después de tu muerte. May. 2001-Nov. 2014”. Estas son las frases que se encuentran en las lápidas de las tumbas de 2 perros cuyos restos yacen en los jardines de Lord Guau, una empresa que presta diferentes servicios para los más mimados del hogar: las mascotas.

En muchos hogares, estos compañeros fieles son un miembro de la familia. Así lo asegura Hernán Irigoyen, pues para él su pequeña perra french poodle fue una hija más. Se llamaba Tita y falleció el mes pasado a sus 14 años de edad.

Su familia aún la recuerda con nostalgia, tratan de superar el dolor que dejó su partida pensando solo en los buenos momentos que Tita les brindó con su dulzura.

“Una mascota es lo más hermoso que puede tener una familia. Fue nuestra compañera, fue mi hija, fue la perrita más encantadora del mundo”, dice Irigoyen y agrega que los buenos modales cuando llegaban visitas a la casa y lo mucho que se hacía querer por quien la veía, son algunos de los recuerdos que tienen todos los que la conocían.

Era muy unida a Hernán, lo despedía en la puerta cuando salía a trabajar e igual lo recibía emocionada cuando llegaba; lo acompañaba mientras merendaba y tenía un asiento especial solo para ella en la mesa, definitivamente era la más mimada del hogar.

Tita sufrió intensamente en su agonía. Tuvo muchos problemas de salud: su corazón creció afectando sus riñones y a su hígado, retenía líquidos y tuvo una hemorragia interna. “Todos lloramos cuando falleció. Fue un miembro de la familia no la iba a botar en cualquier lado”.

El cuerpo de Tita está enterrada, unas gardenias perfuman el lugar y varias flores llenan de color y alegría su tumba. “Señorita Tita: Preciosa, amorosa, compañera incondicional. 2002-2016” se lee en su lápida. Irigoyen y su esposa la visitan cada semana. La recuerdan con mucha alegría y dicen que le dieron el trato que merecía su compañera fiel y cariñosa.

“La gente tiene un gran apego a su mascota por su fidelidad y el cariño que nos dan, forman parte de la familia, por eso se debe dar un final digno a su cuerpo”, dice Gabriel Carrión, propietario de Lord Guau.

Cada familia decide cómo despedir a su mascota. Una vez un hogar hindú enterró a su perro en un ataúd lleno de pétalos de rosas, flores, frascos con agua, comida y los juguetes del can. Se trató de un ritual muy vistoso.

En otra ocasión, una pareja de esposos, de alrededor de 90 años de edad, enterró a su “hija”, una samoyedo de 17 años. Tanto fue el dolor de la pérdida que a los pocos meses murió la mujer y enseguida su esposo.

Actualmente, las familias tienen 2 opciones para el cuerpo de su mascota: cremarlo o enterrarlo.

Con el crematorio se acelera la descomposición del cadáver mediante el uso de altas temperaturas de calor, tal como se hace con los cadáveres de los humanos. Las cenizas, totalmente estériles, son entregadas a los propietarios. Algunos las conservan en casa, otros las entierran o las esparcen.

Para enterrarlos se usan ataúdes fabricados bajo pedido y a la medida de la mascota. El ataúd se entierra directamente en el suelo, no en una bóveda, por lo que la caja, de madera poco tratada, se descompone al igual que el cuerpo. En 5 años solo quedan pocos restos.

“No se imagina lo que puede hacer una persona por su mascota. Se trata de entierros de hijos”, comenta Carrión.

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