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La hipótesis de la abuela revela la clave de la supervivencia humana

La hipótesis de la abuela revela la clave de la supervivencia humana
31 de enero de 2016 - 00:00 - Andrea Rodríguez Burbano

Tan dedicadas están las abuelas a sus nietos que pocas veces se acuerdan de sí mismas y, sin esperar nada a cambio, dedican su tiempo a criar a su descendencia.

Aunque las energías en la edad adulta decaen, las abuelas parecen rejuvenecer cuando comparten tiempo con sus nietos.

No son jovencitas, pero tienen una vitalidad que sorprende. Para los científicos esta fortaleza puede ser explicada, a través de la ‘hipótesis de la abuela’, la cual da luces sobre las razones por las cuales la vida se prolonga cuando las mujeres tienen un motivo fuerte para vivir y, en este caso, son los nietos.

Esta hipótesis establece que las mujeres viven mucho tiempo después de la menopausia para ayudar a cuidar a sus nietos y así asegurar la supervivencia de estos.

Incluso las mujeres de edad avanzada pueden aumentar su contribución genética a las futuras generaciones, al elevar la tasa de supervivencia de los hijos de sus hijos.

Para dar un mayor sustento a estas afirmaciones, los científicos involucrados en este estudio han utilizado simulaciones informáticas desarrolladas por investigadores de la Universidad de Utah, en Estados Unidos. Gracias a ellas, se determinó que los seres humanos evolucionaron hacia una mayor esperanza de vida que otros primates, porque las abuelas de nuestra especie alimentaron a sus nietos.

Tras obtener estos resultados, la principal autora de la investigación, Kristen Hawkes, profesora de antropología de esta Universidad indicó que “las abuelas fueron el primer peldaño hacia el desarrollo de lo que somos actualmente”. A su vez, las simulaciones por computadora revelaron que con solo un poco de cuidado de las abuelas, animales con una esperanza de vida similar a la de los chimpancés evolucionarían en menos de 60 mil años hasta tener la misma esperanza de vida que los humanos.

Específicamente, entre 24 mil y 60 mil años después de que las abuelas pasasen a cuidar a sus nietos, las criaturas de la simulación llegaron a vivir hasta 49 años tras alcanzar la edad adulta, igual que los humanos.

Según las observaciones realizadas por Hawkes, y difundidas en la revista Tendencias, a medida que nuestros ancestros humanos evolucionaron en África, durante los últimos 2 millones de años, su entorno fue cambiando para volverse más seco y con menos bosques (en los que, antes, los niños recién destetados podían recoger y comer frutas carnosas por su cuenta).

“Así que las madres tuvieron 2 opciones: seguir a los bosques en su retirada ‒ir allí donde los alimentos para los pequeños estaban al alcance de estos‒ o seguir alimentando a las crías tras el destete.

Pero esto suponía un problema para las madres, porque significaba que no podían mantenerse con sus hijos mientras les buscaban el alimento”, explica Hawkes. En este momento, entraron en juego las abuelas: de esta situación surgiría la necesidad de que las pocas hembras cuya edad reproductiva estaba terminando pasasen a intervenir y a ayudar, por ejemplo desenterrando tubérculos similares a la patata o rompiendo para sus nietos la dura cáscara de algunos frutos secos.

Cuando las abuelas ofrecieron su ayuda para alimentar a sus nietos después del destete de estos, sus hijas pudieron tener más hijos en intervalos más cortos, los niños empezaron a ser destetados antes y tardaron más en poder alimentarse por sí mismos y en alcanzar la edad adulta.

Por último, unas pocas hembras ancestrales que vivieron el tiempo suficiente para llegar a ser abuelas pasaron sus genes de longevidad a más descendientes, que ganaron en consecuencia una mayor esperanza de vida.

Aquellos primates que empezaron a explotar recursos alimenticios que las crías no podían manejar por sí solas y que necesitaron la ayuda de las abuelas evolucionaron hasta convertirse en los seres humanos actuales.

Al mismo tiempo, el investigador Daryl Shanley de la Universidad de Newcastle, en Inglaterra, analizó datos sobre los nacimientos y muertes de 5.500 personas en Gambia entre 1950 y 1975 (período anterior a la llegada de la medicina moderna y, por tanto, en una situación que se aproximaba bastante a las condiciones experimentadas por las mujeres durante la evolución humana).

Los datos revelan que un niño tenía una probabilidad de sobrevivir 10 veces menor si la madre moría antes de que cumpliese los 2 años de edad. Además, que un niño de entre 1 y 2 años de edad tenía el doble de probabilidad de sobrevivir si su abuela vivía en ese tiempo. Los otros familiares, en cambio, no parecían tener ningún efecto significativo.

Aunque las abuelas se involucran en el día a día de sus nietos, saben que no deben meterse en las funciones de los padres.

Una inyección de vitalidad

Para la ecuatoriana Danitza Cimera, especialista en Geriatría, con la llegada de los nietos se multiplican las alegrías e incluso se habla de una inyección de vitalidad para los abuelos. En teoría —indica— el rol de la abuela no debe ser el de obligaciones y responsabilidades, sino más bien de compañía, cariño, consejería, amor y juego, pero, en la realidad, se constata que no solo es así.

Hoy por hoy, las abuelas están incluidas en el día a día de la vida de los nietos, muchas los llevan y los recogen a la escuela, los ayudan con las tareas, salen a hacer compras juntos o los acompañan al parque. “Si una abuela es partícipe y se involucra en el cuidado de los nietos, estará más activa y con mayor vitalidad, además de sentirse útil y feliz”, comenta.

Cimera considera conveniente recordar que las abuelas y los abuelos también tienen su propia vida y necesidades, por lo que es importante respetar sus otras actividades, sus ratos de ocio, en solitario, con su pareja o con sus amigos, incluso saber respetar sus enfermedades, y no cargarles de trabajo excesivo. Al referirse al tema evolutivo, la especialista indica que el rol de la abuela en la sociedad actual es fundamental y si nos remontamos al pasado veremos que las cosas no cambiaron tanto.

Según relata, históricamente el padre de familia es quien salía de caza para proveer el alimento, pero hoy se sabe que las madres también salían a recolectar frutos y cazar animales pequeños para garantizar el alimento diario de su familia. Ellos podían salir, porque la abuela se quedaba al cuidado de los pequeños, quien además de cuidarlos, los vigilaba y defendía de los depredadores. “Si vemos en la sociedad actual, en una familia promedio, trabaja tanto el padre como la madre (o incluso alguno de ellos podría trabajar y/o estudiar). Eso nos revela también que el rol de la abuela se ha retomado y que de alguna manera esto ha garantizado la supervivencia de los nietos”.

Cimera considera que los abuelos y abuelas también ayudan a reforzar las conexiones sociales, porque son ellos quienes nos cuentan las historias de los antepasados para comprender las ramas de nuestro árbol genealógico. Al mismo tiempo, nos ayudan a entender nuestra ascendencia, lo cual también forma parte de la supervivencia. Por otro lado, cuando hay más hermanos en la familia, hay mayores posibilidades de concentrar la atención y el cuidado en el niño más pequeño. En este caso, son las abuelas quienes se encargan de la alimentación y atenciones de los otros hijos.

La neuróloga ecuatoriana Lissette Duque, especialista en Geriatría, considera que a medida que la persona avanza en edad, no solo se acumula experiencia de vida, sino que hay más posibilidades de sufrir problemas anímicos, de aislamiento y soledad. “Cuando se trabaja en prevención, se toma mucho en cuenta el tema de la sociabilización y qué mejor que las abuelas puedan ayudar en la crianza de sus nietos. Este es un aspecto que las motiva de manera significativa”, explica Duque.

Para esta especialista, es muy real que las abuelas han desempeñado un papel crucial a lo largo de la historia del ser humano. “Podríamos afirmar que un niño tiene una vida afectiva más estable cuando ha tenido un apoyo familiar durante su vida. Es mejor para un niño el tener una familia ampliada que tener una muy pequeña, eso incluso está demostrado”, señala Duque. En este contexto, este vínculo que las abuelas crean con sus nietos es de beneficio mutuo, tanto para ellas como para los nietos. “En la sociedad en la que vivimos, donde la mayoría de padres trabaja, contar con el apoyo y la experiencia de la abuela es fundamental”, dice Duque.

¿Más dependientes?

Al plantear la hipótesis de la abuela, la investigadora señala que el “cuidado de las abuelas nos dio el tipo de crianza que nos ha hecho más dependientes los unos de los otros socialmente y propensos a llamar la atención de los demás”.

Sobre este tema, una investigación, desarrollada en España y titulada Abuelos y Abuelas para todo, se afirma que la edad de los nietos es una variable que tiene gran poder explicativo en la probabilidad del cuidado por parte de las abuelas.

Así, las abuelas que tienen al menos un nieto en el período de edad de 0 a 3 años tienen mucha más probabilidad de ser cuidadoras que aquellas que no cuentan con nietos en esas edades.

Al contrario, cuando las abuelas cuentan con algún nieto entre 10 o menos, la probabilidad de ser cuidadores desciende de forma muy significativa.

Aunque las abuelas se involucran cada vez más en el día a día de los nietos, la postura unánime de ellas es la de no meterse en las funciones de los padres y saber estar en un segundo plano en las decisiones relativas a la educación de ellos.

Por supuesto que los que pasan más tiempo al cargo de sus nietos y tienen mucha más presencia en su cuidado diario desarrollan una evidente labor educativa; pero incluso en estos casos, el argumento general pasa por consultar todas las cuestiones relevantes a los padres.

Quienes fueron madres o padres saben, de antemano, las dificultades existentes para establecer los límites y equilibrar las dosis de autoridad frente a los hijos.

Ante esta realidad, señala el estudio, los abuelos, que en su día ya pasaron por tales procesos, unen fuerzas con sus hijos para que el camino sea lo menos difícil posible.

Muchos geriatras coinciden en que esa sensación de estar obligado a cuidar a los nietos, ya sea porque los padres no tienen tiempo o no pueden contratar a nadie que lo haga suele quedar despojada de todo sentido peyorativo desde el momento en que las abuelas lo asumen como algo natural, que corresponde a su edad y condición.

Las evidencias de los beneficios que se obtienen al tener la ayuda de estas mujeres en la crianza de los hijos abundan.

En la revista Nature se publicó un estudio de la Universidad de Turku, en Finlandia, en el que se examinaron las partidas de bautismo y defunción de Canadá y Finlandia durante los siglos XVIII y XIX.

Los resultados mostraron que en estas sociedades las mujeres ‘ganaron’ una media de 2 nietos por cada década que sobrevivieron por encima de los cincuenta.

De hecho, la presencia física de la ‘matriarca’ resultaba crucial; cuando vivía a más de 20 kilómetros de sus hijas, estas producían un número de nietos cuando la abuela vivía en el mismo pueblo. Así, no es únicamente un efecto genético, que pudiera relacionar la longevidad de la abuela con la fertilidad de las hijas, sino más bien al efecto beneficioso que ejerce ella misma sobre la crianza de estos.

Aunque hay padres contrarios a asignar tanta responsabilidad a las abuelas, al confiarles el cuidado de sus hijos, también permiten que ellas tengan más motivos para vivir.

Lazos

Los psicólogos consideran que en el vínculo entre abuela y nietos hay todo un aprendizaje, tanto de juegos nuevos, por parte de las mayores, como de los juegos de antes, por parte de los menores.

Muchas abuelas tienen la sensación de que su vida está justificada, porque con el crecimiento de los nietos ven su propio crecimiento.

A veces porque las parejas se separan y las hijas vuelven con sus hijos a la casa de los padres, se pide a la abuela que ayude con los nietos.

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Especialista

“Mi esposa también se queda a cargo de nuestros nietos”

Mi esposa está a cargo de mis nietos y he constatado que tiene más agilidad mental y física. Eso le hace que esté más activa y, sobre todo, que tenga una mejor sobrevida.

Las abuelas, según mi opinión, también cumplen una función de educadoras, aunque los nietos asistan a talleres o centros educativos concebidos para su edad. Con ellas, pueden repasar los conocimientos adquiridos.

Al estar en compañía de los nietos, las abuelas también evitan quedarse solas. Por otro lado, aun cuando resulta beneficioso que las abuelas dediquen su tiempo a los nietos, también las predispone a un cansancio extremo. Incluso, puede predisponerles a sufrir caídas y a bajar su nivel de energía, porque los niños al estar en constante actividad, sí pueden generar agotamiento.

Por esta razón, es necesario dosificar el tiempo y las energías que se invierten en el cuidado de los hijos de los hijos, para así evitar problemas de salud. Aun así, los beneficios de estar en compañía de ellos, siempre serán mayores que los daños.

Arnaldo Gálvez, geriatra

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