“Antaño vivíamos todos estos ciclos y estas estaciones año tras año y ellos vivían en nosotras. Nos calmaban, bailaban con nosotras, nos sacudían, nos tranquilizaban, nos hacían aprender como criaturas que éramos. Formaban parte de la piel de nuestras almas —una piel que nos envolvía y envolvía también el mundo salvaje y natural—; por lo menos hasta que nos dijeron que, en realidad, el año solo tenía 4 estaciones y las mujeres solo 3, la infancia, la edad adulta y la madurez. Y eso era todo. Pero no podemos caminar como unas sonámbulas, envueltas en esta endeble y descuidada mentira, pues ello da lugar a que las mujeres se desvíen de sus ciclos naturales y espirituales y sufran sequedad, cansancio y añoranza. Es mucho mejor regresar con regularidad a nuestros singulares ciclos espirituales, a todos y cada uno de ellos”.
Clarissa Pinkola Estés
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