Falleció el jueves pasado y su muerte fue reportada como atropellamiento. Sus parientes dicen que fue un crimen por homofobia

Xavier Hidalgo, un poeta y narrador oculto

- 29 de junio de 2016 - 00:00

La obra lírica del autor fue catalogada como parte de las antologías que publica, anualmente, el Festival Internacional Ileana Espinel. Hoy sus familiares realizarán un plantón exigiendo justicia.

Un bombero encontró a Xavier Hidalgo en la vía Durán-Yaguachi, desnudo, con hematomas, señales de haber sido golpeado hasta el cansancio, las piernas rotas, pocos signos vitales y sin ninguna identificación. Eran las seis de la mañana del jueves 23 de junio. Llegó al Hospital Universitario y a las 09:00 se registró su deceso.

Hidalgo era homosexual, entusiasta, adicto al café a la hora de escribir sus guiones televisivos, bebedor de cerveza por las tardes, amante del encebollado y los cangrejos, espectador de todas las formas posibles de hacer teatro; escritor y poeta, casi en secreto.

Estudió Comunicación Social en la Universidad Laica de Guayaquil, la primera que abrió la posibilidad de profesionalizarse en lo que Gabriel García Márquez consideró “el mejor oficio del mundo”. Empezó su camino tras cámara como asistente del programa De la vida real y luego como guionista de comedias.

En 2011 terminó su carrera de Literatura en la Universidad Estatal. Allí integró el grupo literario Re-verso, “bajo la luz de los talleres y guía que, generosamente, nos regalaban los poetas Jorge Astudillo y Astudillo, Rodrigo Pesántez Rodas y la persistencia académica, rigurosa y acuciosa de la querida maestra Dioselina Toral Zalamea”, dice Siomara España, compañera y amiga de Hidalgo, quien también integró la agrupación, junto a Jorge Luis Pérez y Betsabé Letamendi. Al grupo se unió posteriormente Néstor Rivas Pacheco.

Re-verso organizó talleres, recitales, eventos, “siempre la poesía palpitante, la escritura uniendo y hermanando. Leíamos, corregíamos y compartíamos textos y opiniones, pero una vez egresados cada uno tomó su carril laboral”, agrega España. Hidalgo se dedicó a la escritura de guiones pero no dejó de producir su propia obra, que se convirtió en una manera de indagar sobre lo que era, sobre lo que veía de la humanidad.

Según el dramaturgo y también autor de guiones de comedias populares de la televisión ecuatoriana, Cristian Cortez, Hidalgo estaba movido por el quehacer literario, más allá de su trabajo. “Pero era más poeta que narrador”, dice su compañero y también escritor Ernesto Landín.

“Recogeré mis pasos uno a uno / Agarraré el aliento de mis palabras/ Partiré mi cintura siniestra / Correré descalzo hasta la mutilada vagina materna/ Fingiré locura/ Retendré lágrimas/ Entraré en el umbral donde los cuchillos alzan su vuelo/ Tomaré una corta siesta/ Luego / Quién sabe”. Los últimos versos que Hidalgo compartió con el poeta Augusto Rodríguez, a quien conoció por su interés en la literatura, abordaban temas como el olvido, la muerte y el tiempo. Según Rodríguez, el autor “tenía miedo de que lo critiquen porque era muy fuerte lo que escribía, por eso no publicó un libro en solitario”.

La obra poética de Hidalgo consta en algunas antologías de poetas guayaquileños publicadas a propósito de la convocatoria que realiza el Festival Ileana Espinel. “Xavier manejaba una línea exenta de eufemismos, jamás pensó en el adorno del verso pues le interesaba mostrar la realidad, donde el ‘yo’ interior fluía como un torrente desde su identidad sexual de la que era abiertamente militante”, dice Siomara España.

Con los relatos cortos el autor fue muy cauteloso a la hora de mostrarlos. Su compañero Landín rememora que siempre se los mencionaba. El escritor guayaquileño Miguel Antonio Chávez recuerda a Hidalgo de los encuentros literarios que organizaba con la agrupación Buseta de Papel y del último taller de escritura creativa que dictó, del cual Hidalgo fue uno de los participantes. “Uno de los relatos que más recuerdo jugaba con lo sórdido y lo sarcástico, dentro de un marco de lo homoerótico”, señala el autor del Conejo ciego en Surinam.

“Nunca dejes pasar un día sin vivir una experiencia fuerte para sentirte vivo”, decía Xavier Hidalgo, según su hermano Ronald. El autor convivía a diario con los personajes de la calle, tomaba buses, frecuentaba los bares homosexuales que están alrededor de la iglesia de San Agustín. “Le gustaba sentirse en peligro”, comenta su hermano. “A pesar de que todos convivimos a diario con la muerte”, dice Ronald.

La familia del autor maneja la hipótesis de que la muerte habría sido un asesinato por homofobia y no un atropellamiento, como indica el parte policial. Hidalgo conocía el riesgo. Diez de sus amigos habrían sido asesinados por homofobia. “Cuídate”, le decía su hermano, pero él no tenía pretextos para no arriesgarse siempre. Sabía que la calle y la noche eran su mejor guarida, la que mejor podía tratarlo. 

#JusticiaparaXavier

“Me queda claro que cualquier pretexto es bueno para matar, torturar, desmembrar, mutilar, violar, invadir, prohibir, señalar, acusar. Me queda claro que el hombre tiene sed de sangre, lleno de odios, resentimientos, venganza, el pasado fue horrible, el presente asqueroso y el futuro desolador”.

Hidalgo reprochó la muerte de 50 personas que se produjo hace pocas semanas en un bar homosexual de Orlando, en Estados Unidos. Él había sido golpeado hasta quedar inconsciente en un pueblo de la costa ecuatoriana, hace al menos cuatro años. Entonces, un grupo de hombres con los que había bebido sugirieron cambiar de lugar y en el campo lo golpearon. Estaba seguro de que lo habían golpeado por sus preferencias de género.

Según su hermano, Ronald, habría sido víctima de un secuestro exprés, tras tomar un taxi en el centro de la ciudad, hacia su domicilio, en Urbanor. La autopsia determinó que su hígado estaba reventado, tenía una laceración en el pulmón izquierdo y trauma encefálico. Cuando el carro de bomberos llegó a socorrerlo estaba agonizando. “Creo que es un secuestro exprés con tintes homofóbicos”, dice su hermano. “Él no murió de un disparo en la cabeza, de un cuchillazo, lo tuvieron que hacer sufrir, le pasaron el carro encima, eso no te lo hace un secuestrador exprés, lo que le hicieron genera un odio”, dice su hermano.

A pesar de que Hidalgo fue ingresado como un caso de atropellamiento, la familia consideró necesario que se le realicen pruebas toxicológicas, de sangre, un chequeo por si hubiere sido violado. Sin embargo, ninguna de estas se habría realizado.

El abogado el Hernán Ulloa Jr., quien maneja el caso, considera que tras la ausencia de dichos exámenes se han perdido dos pruebas muy importantes: el cuerpo y la posibilidad de que el cuerpo tenga custodio para que nada sea modificado. Hoy, casi una semana después del suceso, a las 10:00, la familia y los amigos de Hidalgo se reunirán en los exteriores de la Corte de Justicia, frente a la Iglesia de la Merced, para pedir justicia por este caso. #JusticiaparaXavier. (I)

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