Revolución Juliana: bisagra de los siglos XIX y XX

09 de julio de 2013 - 00:00

El movimiento que inició la denominada Revolución Juliana -por el mes en que ocurrió-, a diferencia de las habituales asonadas a que el Ecuador de aquellos años estaba acostumbrado, fue un alzamiento incruento, promovido fundamentalmente por jóvenes oficiales del Ejército ecuatoriano, que se resolvió en un solo día.

En la tarde del 9 de julio de 1925, integrantes de la guarnición de Guayaquil, al mando del mayor Ildefonso Mendoza, apresaron a las autoridades y formaron una Junta de Gobierno. Mientras que por la noche, en Quito, otro grupo de militares, comandados por el general Francisco Gómez de la Torre -el único de mayor rango entre los complotados- obligaba al presidente constitucional, el liberal Gonzalo Córdova, a renunciar, conformándose una Junta Suprema Militar, que designó un gobierno provisional.

Sin embargo, este hecho que podría asumirse como un simple cambio de gobierno, en realidad representó el inicio de un ciclo que duró desde 1925 hasta 1931 y fue un acontecimiento que, “ubicado como bisagra entre los siglos XIX y XX, sentó las bases contra el sistema oligárquico-terrateniente; fue pionero en imponer los intereses nacionales sobre los privados, especialmente de la banca y los banqueros de la época y, porque marcó el momento de la superación histórica del liberalismo y conservadorismo tradicionales, permitiendo el surgimiento de la izquierda ecuatoriana” (Juan Paz y Miño, La Revolución Juliana en Ecuador).

Antecedentes

El triunfo de la Revolución Liberal en 1895 significó el ascenso del liberalismo al poder, en detrimento de los conservadores con quienes había mantenido durante el siglo XIX enconada lucha.

No obstante el período radical de la revolución concluirá con el asesinato de Eloy Alfaro, en 1912. Luego el liberalismo daría un giro -a partir del segundo mandato de Leonidas Plaza- que involucionaría hacia gobiernos que apoyan y son respaldados por los más ricos del país (la banca y poderosos empresarios ligados a esta).

El Partido Socialista Ecuatoriano se fundó en  mayo de 1926, durante el tercer gobierno julianoLos bancos tenían tal poder que estaban facultados para emitir sus propios billetes (con el debido respaldo en oro). Sin embargo, en 1919, durante el gobierno de Plaza Gutiérrez se promulgó la Ley Moratoria que “suspendió la convertibilidad favoreciendo la sobreemisión de billetes sin respaldo que contribuyó a la crisis financiera”, escribe Paz y Miño.

Francisco Urbina Jado -gerente del Banco Comercial y Agrícola- decidía los destinos del país: “los candidatos para presidente, ministros, senadores y diputados y los impuestos oficiales, todo, tenía que ser aprobado con anticipación por el poderoso banco” (tomado de Ecuador Historia de la República, de Alfredo Pareja Diezcanseco).

En 1923, el partido Liberal luego de la tragedia social del 15 de noviembre de 1922 -en Guayaquil cientos de obreros fueron masacrados por el Ejército durante el gobierno de José Luis Tamayo-, realizó una Asamblea para renovar su programa prometiendo: condenar el caudillismo y la plutocracia, expedición de  leyes para los conflictos de trabajo, seguros obreros, participación de los trabajadores de los beneficios en las empresas -hasta que se haga realidad la nacionalización de las mismas-, igualdad en el reparto del patrimonio de los hijos legítimos e ilegítimos, iniciar la reforma agraria, entre otros puntos que, al decir de Alfredo Pareja, constituía todo un “programa socialista y revolucionario, pero como no se ejecutó, perdió el apoyo popular”.

A la crisis política y social se sumó la económica, resultado de la quiebra cacaotera. Este era, hasta 1925,  el país que la Revolución quería cambiar.

Los tres gobiernos julianos

El golpe militar del 9 de julio fue la “primera vez que los militares actuaban como institución y no al servicio de algún caudillo”, anota Juan Paz y Miño. La entrega del gobierno a los civiles configuró la alianza entre militares y civiles -básicamente clase media y  trabajadores-.
La primera Junta Provisional de Gobierno se conformó por siete vocales-ministros que ejercían la Presidencia Ejecutiva  en turnos semanales.

Los seis meses que duró el primer gobierno constituyó un esfuerzo febril y revolucionario por cambiar las viejas estructuras: “fue necesario sujetar los intereses privados  (banqueros, hacendados, agroexportadores, comerciantes y empresarios) a los intereses nacionales, imponer una nueva institucionalidad del Estado, intervenirlo y regularlo económicamente y orientarlo a favor de las clases trabajadoras”  (Juan Paz y Miño).

“El golpe militar del 9 de julio fue la primera vez que los militares actuaban como institución...”El 10 de enero de 1926 la Junta Suprema Militar aceptó la renuncia de los miembros del gobierno y nombró una segunda junta, que solo duró tres meses y se caracterizó por su moderación. “Para aliviar las confrontaciones con la banca tuvo con dicho sector acercamientos que a la final resultaron fallidos”, señala Paz y Miño. Aunque continuó con las acciones emprendidas por la anterior Junta en la elaboración de presupuestos para el Departamento de Hacienda y Crédito Público, sueldos y gastos para los empleados estatales, fondos para los municipios, reorganización de municipios, entre otros.

El tercero y último gobierno juliano fue nombrado por la Junta Militar mediante decreto expedido el 1  de abril de 1926: considerando “que la experiencia ha demostrado lo inconveniente de la forma de Gobierno plural”, nombró al doctor Isidro Ayora como presidente provisional.

El nuevo presidente era un prestigioso médico que estudió en Alemania, becado por Alfaro. Las acciones de su mandato están marcadas por tres momentos: en calidad de presidente provisional, luego presidente constitucional interino -un título que le otorgó la Asamblea Constituyente- y el tercero, como presidente constitucional de la República.

Durante los dos primeros años de gobierno provisional se retomaron y concretaron los ideales julianos, gracias a que permanecía todavía el “sustento histórico de su régimen: un sector del “bloque de poder” inclinado a las reformas radicales, por lo cual también el gobierno fue radical; pero en los tres años siguientes nuevamente se volvió a la orientación contemporizadora, porque el bloque de poder inicial se resquebrajó”, apunta Paz y Miño.

El ciclo Juliano finalizó con la renuncia de Ayora en abril de 1931. Hasta 1948 se sucedieron 20 gobiernos durante los cuales volvieron a ocupar su lugar hegemónico los sectores bancarios y empresariales, aunque controlados por las instituciones y leyes laborales y sociales conseguidas en el período juliano.

El auge neoliberal de la década del 80 llevó al país a un desastre que logró desbaratar las principales instituciones de dicho período: La dolarización le quitó al  Banco Central su principal función (emitir moneda) y lo condenó a muerte; el colapso del IESS y, la flexibilización de las leyes laborales que afectaron los  derechos de los trabajadores.

El gobierno que asumió el poder en 2007 convocó a una Asamblea Constituyente que nuevamente colocó al Estado como centro regulador de la vida nacional.

Logros del julianismo  

El movimiento logró controlar al poderoso sector bancario, poniendo al Estado como regulador de la política económica. Creó el Banco Central. También instituyó la Caja de Pensiones que sería luego el actual Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. Le fueron reconocidos, por ley, derechos a los trabajadores.

Los términos, tan comunes hoy: derecha (conservadores, liberales y julianos moderados) e izquierda (julianos radicales) también fueron un legado de la Revolución Juliana.

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: