‘Hugo Mayo’ y la recepción de Mariátegui en Ecuador

05 de febrero de 2014 - 00:00

Se llamaba Miguel Augusto Egas Miranda, aunque sería por todos conocido como ‘Hugo Mayo’, su seudónimo literario. Había nacido en Manta en 1895 y provenía de una familia sumamente culta: su tío abuelo, Miguel Egas Cabezas, había sido médico, miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y rector de la Universidad Central, en tanto que su padre, Carlos Egas Rodríguez, se había desempeñado de profesor y, durante un tiempo, fue presidente del Consejo de Santa Ana.

Miguel se inició como alumno en la Escuela de Artes y Oficios de Manta, pero en 1908 se mudó con sus dos hermanos menores a Guayaquil. Una vez concluidos sus estudios iniciales ingresó al colegio Vicente Rocafuerte, mientras su padre fallecía en la ciudad de Manta. Culminaría como bachiller en 1914, ingresando inmediatamente a la Facultad de Jurisprudencia, pero un conflicto menor con uno de sus maestros, determinaría su alejamiento de la universidad.

Dueño de un carácter reservado y cauteloso, sus primeras incursiones en la literatura tuvieron lugar recién en 1916 cuando comenzó a desempeñarse como secretario de redacción de la revista Renacimiento, fundada ese mismo año por su hermano, José María Egas, junto con José Antonio Falconí Villagómez, ambos, pertenecientes a la nueva generación de poetas del Ecuador. Por aquella época, Miguel se impregnaba fundamentalmente de las corrientes literarias francesas, consideradas como la vanguardia en cuanto a formas y estilos.

De incógnito, envió a la revista un par de composiciones firmadas con el seudónimo de ‘Hugo Mayo’: la primera palabra, por derivación de uno de sus escritores preferidos, Víctor Hugo, y la segunda en razón de que se trataba del mes de la primavera en Europa. Quienes realizaban Renacimiento se sorprendieron por el tono vanguardista e irónico de los poemas y temiendo que se tratara de una falsificación o de una burla, decidieron no publicarlos.

En 1918, y gracias a una suscripción a la revista literaria Cervantes, llegaron a sus manos los primeros trabajos, a lo que se llamó la corriente “ultraísta”, creada en España en el mismo año. Asimilando sus principios como propios, Miguel Augusto Egas dejaría su lugar por el de ‘Hugo Mayo’ convirtiéndose así en el primer poeta ultraísta de Ecuador.

Con un sentimiento creciente de rebeldía dio a conocer en 1918 sus célebres ‘Poemas Machos’, mereciendo el rechazo de los críticos, que llegaron a pedir para su autor el manicomio o la cárcel. No fue extraño, en consecuencia, que a este verdadero transgresor se le cerraran las puertas de las principales publicaciones literarias del país por lo que pronto comenzó a escribir en revistas del exterior, resultando que al cabo de un tiempo era ya más conocido fuera que dentro de Ecuador.

En 1919, cada vez más cercano al dadaísmo, ‘Hugo Mayo’ formó parte del grupo literario ‘Hermes’, fungiendo al siguiente año como secretario de la publicación editada por este círculo. Mientras tanto, fortalecía su amistad con su admirado José María Eguren, considerado el padre de la poesía moderna peruana, al dedicarle su obra ‘Sepelio del Papagayo K’.

En 1921 creó su primera revista, que adoptó el particular nombre de Singulus. Su fundamento no era otro que el de reflejar una nueva conciencia estética y política: de allí su cuestionamiento a los “escritores engolfados” en los “tules versallescos” y, en general, al sistema capitalista. Mientras tanto, publicaba también sus poemas en diversas revistas internacionales, como Cervantes, Grecia, Ultra y Tableros. Su nombre comenzó a circular en el mundo hispanoamericano de las letras, forjando relaciones de amistad con escritores de diversos puntos de América, influenciados por las vanguardias intelectuales y artísticas de la época y, en términos políticos, cercanos al marxismo o directamente inmersos en este.

En 1922, con un tinte futurista, promovió la creación de la revista Proteo, en la que se conjugaban versos con nuevos motivos como la velocidad, la electricidad, el cine y el maquinismo. Ese mismo año contrajo matrimonio con la joven guayaquileña Teresa Orellana Villavicencio, con quien tuvo un hijo.

Sin embargo, el mayor aporte de ‘Hugo Mayo’ a la literatura ecuatoriana vendría con su nueva revista, Motocicleta, que comenzó a editarse en 1924 y en la que anunciaba su aparición cada “360 horas”. La “antipoesía” brilló en todo su esplendor en una revista que, al decir de su fundador, “logró que Ecuador se codeara con los países de mayor cultura en el mundo”. Posteriormente, a partir de 1925, colaboró en Savia, revista dirigida por su amigo Luis Gerardo Gallegos, en la que mantuvo la columna ‘Periscopio Literario’. Un año más tarde, las necesidades económicas lo forzaron a ingresar como revisor al Tribunal de Cuentas, que en 1927 se transformaría en la Contraloría General del Estado.

Por esta misma época, el perfil y los intereses de ‘Hugo Mayo’ cambiarían para dedicarse a la poesía social, sin renunciar a la metáfora, pero ahora para cantar loas al trabajador y a sus aspiraciones de emancipación en obras como el ‘Poema de la Revolución’, ‘Poema de la Hora’ y ‘Canto al montubio’. Paralelamente, este artista establecería una vinculación con el Partido Socialista, aunque mantuvo una distancia crítica en torno a esta organización.

En 1926, y gracias a su amistad con José María Eguren, llegaría a establecer una fecunda relación con José Carlos Mariátegui, posibilitando además que Amauta, la prestigiosa revista fundada por este dirigente comunista, comenzara a circular por Ecuador. Por su parte, y como corresponsal, ‘Hugo Mayo’ publicaría dos poemas en dicho medio: ‘Polo Sur’ en el Nº 3, de noviembre de 1926, y ‘Tardes de aldea’, en el Nº 7 de marzo de 1927.

Con el poeta convertido en el representante de Mariátegui en Ecuador, la revista fue llevada desde Lima hasta Guayaquil por Pedro Bellolio Bilart, permitiendo así que la generación vanguardista de jóvenes intelectuales ecuatorianos conocieran los textos de la destacada publicación andina. De igual manera, y a partir del testimonio personal, sabemos que Amauta era revisada por algunos dirigentes de izquierda del país, como eran los casos de Nela Martínez y de Joaquín Gallegos Lara.

Como artista comprometido con los valores de la izquierda internacionalista y del antiimperialismo, ‘Hugo Mayo’ mantuvo contacto con distintos referentes artísticos y políticos a nivel latinoamericano. Así, estableció relaciones con el mexicano Germán List Arzubide, fundador del estridentismo; con los peruanos Serafín Delmar, Magda Portal y Esteban Pavletich, integrantes además del movimiento aprista; con el guatemalteco Arqueles Vela; con los uruguayos Luisa Luisi, Blanca Luz Brum y Gastón Figueira; y con los argentinos Oliverio Girondo, Norah Lange, entre otros. Asimismo, en 1926 llegaría a aparecer en el Índice de la nueva poesía americana, editado por Jorge Luis Borges, Vicente Huidobro y Alberto Hidalgo en Buenos Aires, obtuvo, además, el primer premio en el Concurso Nacional de Poesía con su poema ‘Canto al montubio’.

Intervino en la campaña presidencial de 1933 para apoyar la candidatura independiente de su amigo, el poeta Pablo Hanníbal Vela, quien sería derrotado por el liberal Juan de Dios Martínez Mera. Un año más tarde su esposa enfermó de un mal que no fue diagnosticado con precisión, falleciendo a inicios de 1935. Contrajo segundas nupcias en 1941 con Genoveva Echeverría y en 1944 fue nombrado secretario general de Aduanas, manteniéndose en el cargo hasta 1950. A estas alturas, ‘Hugo Mayo’ era ya una sombra de sí mismo, olvidado como artista y completamente desconocido para los poetas de las nuevas generaciones.

Sin embargo, en 1959 conquistó el tercer premio en el Concurso Nacional de Poesía organizado por el diario El Universo. Este reconocimiento fue útil para que una vez más, y luego de un silencio de casi dos décadas, su nombre volviera a ser recordado.
Sus últimos años de trabajo tuvieron lugar en distintas dependencias estatales como la Jefatura Provincial de Recaudaciones y en 1970 aparecieron algunos de sus trabajos en el libro Siete poetas del Ecuador, de Rodrigo Pesántez Rodas: a cerca de cincuenta años de la publicación de sus primeros trabajos, fue este el primer homenaje formal que ‘Hugo Mayo’ recibía en su país.

En 1974 murió su segunda esposa y cumpliendo uno de sus últimos pedidos el escritor entregó a la imprenta su primer libro, titulado Regreso y dedicado a Manta, su ciudad natal: la obra fue dada a conocer en 1975 cuando ‘Hugo Mayo’ cumplía lúcidos 80 años. Algunos meses más tarde, la Casa de la Cultura Ecuatoriana le rindió homenaje publicando el libro Poemas de Hugo Mayo. Miguel Augusto Egas volvía a estar en el centro de la escena artística ecuatoriana, no solo por sus indudables méritos como poeta, sino también por su condición de puente, quizá uno de los últimos, con una generación de artistas que inevitablemente tendía a desaparecer.

Todavía en 1982 ‘Hugo Mayo’ se mostraba activo cuando publicó Zaguán de Aluminio, en el mismo año en el que la Academia Ecuatoriana de la Lengua lo candidateó para el Premio Internacional Miguel de Cervantes. En 1984 llegaría su cuarto libro, Chamarasca, con extraordinaria repercusión en la crítica especializada. Fueron estos los últimos años, al parecer, de su inagotable producción poética.

Todavía trabajaba en la Jefatura de Recaudaciones cuando a mediados de marzo de 1988 sufrió una caída con rotura de cadera. Fue operado de urgencia y mejoró en poco tiempo, pero una complicación pulmonar, sumada a una hernia inguinal, complicaron severamente su salud. Falleció el 4 de abril, a los 93 años, en el Hospital del Seguro Social. Al día siguiente se levantó una capilla ardiente en la Casa de la Cultura del Guayas para dar el último adiós al poeta que solo en sus últimos años recibió los honores y homenajes de su patria y de su gente.

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: