Chalena Vásquez: la mujer tras el rastro del sonido y la luz

04 de noviembre de 2013 - 00:00

Su nombre se lo debe a su hermana, quien en una ocasión -cuando apenas empezaba a escribir- en vez de Rosa Elena garabateó Chalena, y así se quedó.
Musicóloga, compositora y cantante, Chalena Vásquez (Piura, 1950) es una de las eminencias en cuanto a música tradicional peruana se refiere.

Tiene  a su haber un sinnúmero de estudios y publicaciones entre estos: ¡CHAYRAQ! Carnaval Ayacuchano;Ranulfo, el hombre; Cantares del duende (musicalización de poemas en géneros peruanos: vals, marinera, tondero, carnaval, festejo, huaino, etc., de la Biblioteca Nacional del Perú),

“Con su alma india pero” (video sobre la fiesta de Paucartambo), “A una sola voz” (casete y guía por los Derechos del niño), “Sobre los procesos de producción artística”, etc.

Actualmente es directora del Centro de Música y Danza de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Asesora y coordinadora de proyectos especiales en la Musicoteca de la Biblioteca Nacional del Perú.    
Hoy se encuentra en Ecuador, vino como parte de los jurados para la categoría de investigación musicológica del   Concurso Nacional para el Fomento y Circulación de las Artes 2014, organizado por el Ministerio de Cultura y Patrimonio.

¿Cuántos proyectos se postularon para esta  categoría? ¿Y cuántos resultaron ganadores?

Fueron treinta proyectos en total, de los cuales escogimos cuatro,  tal como lo establecía el Ministerio.

¿Bajo qué criterios fueron  evaluados los trabajos?

El primer objetivo era cumplir con la convocatoria, es decir que sean proyectos de  “investigación musicológica” para luego, con ello,  hacer  un libro con ejemplos sonoros en un disco. Sin embargo, hemos visto que hay una serie de proyectos que desbordan este margen. Algunos  se van, por ejemplo, hacia  la producción  de materiales musicales, propuestas interesantes en su diversidad, pero que no se ajustan a las bases pues la parte de la investigación está floja. Creo que se debe replantear la convocatoria en el  futuro, ser más específicos.

¿Por ejemplo?

Si se hace investigación musicológica aplicada a la educación, por ejemplo, entonces se debe partir, estrictamente, de una investigación, y luego hacer una   sistematización para la  educación, proponiendo un método  de estudio. Eso cumpliría  más con el objetivo del postulante.  La mayoría de propuestas pretendía   hacer un registro sonoro para llegar a grabar un disco, pero la parte de investigación, insisto, estaba débil. Como jurado observamos que en Ecuador hace falta la formación de musicólogos. La musicología es una ciencia social que tiene ciertas exigencias de conocimientos técnicos de acústica, de escritura musical, de formas de análisis, etc. Eso no quiere decir que se quede en la investigación pura, sino que son herramientas necesarias para luego hacer lo que uno desee.

¿Aun así, ustedes  encontraron propuestas que cumplan a cabalidad estos requisitos?

Sí, los proyectos que han ganado tienen claridad tanto conceptual como metodológica en su propuesta. Una investigación siempre es un proceso; hay una parte de revisión histórica sobre el tema, está el diagnóstico, luego la metodología; se tiene claro con quién se va a investigar y para qué va a servir.  De manera que los proyectos que han ganado cumplen con esas características y nosotros confiamos plenamente  que se les dé continuidad, tanto en la aplicación como en la socialización de los mismos.

¿Cuáles considera son las urgencias a nivel musical e investigativo en nuestra región?

Hay mucho por hacer porque  en nuestros países hay muchos aspectos de la cultura de tradición oral, por ejemplo, que es urgente documentar y   sistematizar a fin de   conocerlos y luego   difundirlos en otros medios también. 

En 1979 usted ganó el Premio Casa de las Américas por una investigación en música afroperuana. ¿En qué medida el premio impulsó su carrera?

En primera instancia fue una afirmación de mí misma, de la certeza de que andaba en  buen  camino. Tenía 29 años y fue mi primer trabajo de investigación  en el campo. Tenía la claridad de que era un camino y un aliciente, decirme a mí misma ¡Vamos trabaja en esto! Sobre todo  cuando en nuestra sociedad es difícil el reconocimiento a los músicos y musicólogos como en verdad debería ser. En general, la música es  tomada como una cosa muy apéndice, algo de divertimento, cuando  pienso que poco a poco se tiene que dar ese conocimiento, certeza y convicción de que la música (como las artes en general) es fundamental  en el desarrollo de los seres humanos.

Dentro de sus investigaciones le ha dado una particular mirada a  la obra del escritor peruano José María Arguedas.

Sí, sucede que  Arguedas para nosotros es un caudal inagotable, una  fuente de conocimiento y emoción por la transformación social del país desde el punto de vista  integral, no desde un sesgo político  sino de un conocimiento del ser colectivo,  del ser  cultural y de esa necesidad   de afirmarnos como país  pluricultural, con respeto. Él trabajó mucho con la música, con los músicos, investigó como etnólogo muchas fiestas danzas  y escribió sobre eso. Yo hice un análisis de la música en su obra, no solo como gestor cultural sino de cómo en su literatura estaba expresando una forma de ver la música. Y conforme fui investigando dije no es la música, es la luz y el sonido en la obra de José María Arguedas; dos elementos básicos que son energía, movimiento, y que a él le sirven para articular y mostrar situaciones en su narrativa.

En una de sus composiciones,  Cerquita del corazón (huaino),  además del cuidado estético se nota un compromiso social.

Sí,  fue un huaino ayacuchano que  compuse en 1987, inspirada en un hecho funesto que ocurrió durante los años de la  insurgencia armada en Ayacucho, narra la historia de un  charanguista, quien llevaba su  charango bajo su poncho. En ese tiempo, los militares no podían confiar en nadie porque cualquiera podía ser terrorista y dispararon contra el sujeto, matándolo. Cuando observaron debajo del poncho, vieron el charango lleno de huecos hecho por las balas.

La Sirena (cuento musicalizado) va en la misma línea, es un homenaje a las mujeres de la   cárcel con las que usted trabajó.

Sí, lo hice primero como cuento narrado porque trabajé un tiempo en la cárcel de mujeres de máxima seguridad. En 1996 se les permitía estar apenas una hora en el patio y 23 horas en la celda, era muy fuerte, y en el  98 les permitieron por fin tener lápiz y papel. Sin embargo, eso  les valió para poder hacer mucha práctica oral, muchas se enseñaron mutuamente inglés, quechua, etc. Hubo un momento en que una de las internas salió de la  cárcel y me contó lo que le había pasado, que la habían torturado y a mí me espantaba ese abuso y esa violencia sexual. Me contó que  en una ocasión, luego de  haberla torturado, la lanzaron a un sitio y se quedó en el suelo, encogida, y   empezó a cantar  muy agudo, el policía abría y cerraba la puerta y decía: ¡Quién canta, carajo! entonces ella se callaba, pero luego volvía a empezar. Le pregunté por qué cantaba  y  me respondió “para darme fuerzas, para seguir viviendo”. De ahí nació el cuento.

¿De los ritmos ecuatorianos hay alguno que le llame en particular la atención?

Me gusta mucho el pasillo,  el yaraví  y  el sanjuanito,  de hecho yo compuse uno titulado En la tierra sin fronteras. Lo hice  después de la guerra entre Perú y Ecuador (yo pienso que Fujimori se inventó esa guerra), en  ella narro la situación de una paloma ecuatoriana con un palomo peruano que siempre se encontraban en la frontera. (Chalena  canta un fragmento)  Va cayendo ya la tarde/en la cordillera El Cóndor/Y se escucha entre las hojas/una dulce voz diciendo/Qué será de mi palomo/ cuánto tiempo con su ausencia/ahora que acabó la guerra/qué será que no regresa.

Y ya  que se celebró el día de la música criolla en Perú (31 de  octubre) háblenos un poco del género.

Pienso que se ha  sesgado  la mirada de la música criolla, pues esta abarca   más variedades de ritmos  que se conocen; es casi toda la música costeña que si no fuera por  presencia africana no sería lo que es, ni siquiera el vals tendría ese sabor, esa poliritmia, el aporte del cajón, la forma del canto, etc.

El criollismo se afirma en una síntesis indígena, hispana y africana.   A mí me gustan mucho ciertas etapas del vals;  admiro   compositores como el gran Felipe Pinglo, Manuel Acosta Ojeda, entre otros,  y de ritmos como la marinera limeña...  en fin hay tantos géneros hermosos por recorrer y explorar.

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