Un vuelo para tornar en el “zen” de la marimba (MULTIMEDIA)

04 de agosto de 2013 - 00:00

A continuación podrá interactuar con esta multimedia al colocar el cursor del mouse sobre los puntos. Con un clic podrá ver fotografías del artista, y escuchar en el audio un tema instrumental que interpreta el músico.

Al interior del Conservatorio Superior Nacional de Música un pabellón atropellado de sombras conduce hasta el portón amarillo del aula 26. Por las ranuras de la puerta se desbandan unos arpegios alegres porque adentro de la sala, acorralado de instrumentos de percusión, Marco Pifo Arias tañe la canción Dreams of cherry blossoms de Keiko Abe, la “capa de la marimba”. El mes próximo, este músico de 16 años, que recién ganó 1.000 dólares, representará a Ecuador en Panamá, y las ampollas que atestaban sus manos están desvaneciendo.

Hay elegancia en cada movimiento con que golpea las teclas. A sus espaldas, un ramillete de trigo sobre un piano adorna la habitación de paredes pardas. Todos los días sale desde su hogar en Tababela y estudia percusión en este Conservatorio ubicado en El Batán. Su itinerario inicia con el tambor, después pasa al xilófono, la marimba y, cuando ya se siente más preparado, aborda el timbal que exige destrezas técnicas más avezadas. Ensaya siempre ocho horas, pero estos días de vacaciones va al instituto cinco. Lo acompaña su amigo y antiguo profesor de solfeo Darío Vaca, quien piensa que Pifo toma la música con la profesionalidad que los músicos, en nuestro país, asumen a los 26 años.

Un amigo dice: "es el maestro zen de la marimba". Pifo sólo alcanza a enrojecer el rostro.

Cuando Darío Vaca dictaba solfeo hace diez años, recuerda: “Marco asistía con el nombre Pifo zurcido en el saquito plomizo; pensé que era su apellido”. En la lista de la clase lo registraban Marco Arias, por ende, “tachaba la impronta, escribía encima el nombre que él tenía en la ropa, luego supe que la bordadura era la denominación de su escuela”. Desde allí le conocen con ese apodo al joven marimbista.

Al atardecer del pasado 19 de julio Marco ganó la competencia “Música Maestro”, que organiza el Ministerio de Cultura. Aquel día sus manos estaban repletas de ampollas, consecuencia de las largas jornadas de entrenamiento y los desafíos que preparó para el concurso: difíciles piezas de Ney Rosauro, Keiko Abe y Dave Samuels. “No vas a poder, elige partituras más sencillas”, le alertaron sus amistades. Los desoyó, entrenó ocho horas seguidas alternadas con descansos cada 120 minutos para evitar lesiones. El jurado, compuesto por Magdalena Carbonell, el flautista Luis Fernando Carrera y el director Jorge Oviedo, le dio 96 puntos por su dominio de la obra y del instrumento. Esto le posibilita tocar junto a la orquesta Juvenil de Panamá en el concierto que se efectuará en ese país el 12 de septiembre próximo por el marco de la XXIII Conferencia Iberoamericana de Ministros de Educación y XVI Conferencia Iberoamericana de Cultura. Pifo creía que otros de sus talentosos contendientes, los adolescentes Miguel León con el corno francés y Claudia Aizaga en la flauta traversa podían vencer.

Algunas complicaciones se presentaron antes de que el marimbista consiga el primer lugar. Una de las canciones que performó fue Reflections and dreams de Ney Rosauro, diseñada para una marimba de cinco octavas; durante los ensayos Marco tuvo que ajustar la melodía a la marimba de cuatro octavas que hay en el Conservatorio. El instituto apenas posee dos marimbas de 4 y 4 1/2 octavas, un xilófono y 2 vibráfonos, estos instrumentos son pocos especialmente para los actuales 55 estudiantes de percusión. Como consuelo Vaca indica que "no todos son estudiosos, de lo contrario tendríamos aprietos". De hecho, dos teclas en la marimba están rotas, el motor del vibráfono y los pedales de los timbales están averiados.

El 15 de agosto Marco dará un recital en el Ministerio de Cultura, en donde le otorgarán junto a los otros dos finalistas de Música Maestro el premio de $ 1.000; “con eso me compraré unas buenas baquetas para no lastimarme tanto las manos”, vocifera el portento quiteño.

Nueve años dura el ciclo académico en el Conservatorio. En estos momentos Pifo repasa un concierto del multi-percusionista serbio Nebojsa Jovan Zivkovic: su examen de grado para el 2014. También cursa el cuarto semestre de Educación Musical en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Aunque existe un inconveniente: el Conservatorio está a cargo del Ministerio de Educación, el cual cataloga de secundarios a los bachilleratos en música. Por ello, Pifo quiere terminar el colegio regular a distancia y luego dedicarle su vida a la marimba, su motivación. Cuenta con el apoyo de sus padres. Por otra parte, Vaca cree que su amigo “es un chico genio que combina 10% de su habilidad con 90% en trabajo”.

Ya obtuvo el pasaporte, la primera acción después de ganar el Música Maestro. Una luz color té irrumpe por toda la habitación, viene del ventanal que da a un jardín de flores. Pifo sonríe mientras sostiene un manojo de partituras que recibió por correo electrónico semanas atrás. Cinco retos para el concierto en Panamá donde tocará el timbal: Capricho Típico Panameño de Alberto Galimany, An American in Paris de George Gershwin, Ayalada de Dino Nugent, Danzon Nº2 de Arturo Márquez y Carmen Suite Nº1 de Bizet. Tiene la voluntad implacable y acepta estas "monstruosidades" que fueron dirigidas por grandes directores como Gustavo Dudamel.

La marimba, cuyos sones se asemejan al borboteo del agua, cuesta más de 3.000 dólares y genera 440 decibeles por segundo, igual que el despegue de un avión. Evidentemente, esta maravilla musical también causa hipoacusia o sordera. Algunos marimbistas oyen acúfenos o zumbidos y pueden sufrir desprendimiento de las retinas tras las prácticas. Pero las investigaciones médicas en este ámbito escasean, al menos en el Ecuador. La última audiometría tonal de Marco arrojó que su audición se está deteriorando. Él sabe de este riesgo, no le teme; un amigo suyo entra a la sala "es el maestro zen de la marimba" declara sobre Pifo. Él se ruboriza.

El filósofo rumano Emile Cioran reflexionó: "Sólo la música puede crear una complicidad indestructible entre dos seres. Una pasión es perecedera, se degrada como todo aquello que participa de la vida; mientras que la música pertenece a un orden superior a la vida y, por supuesto, a la muerte". Y Pifo sabe de esta realidad, los retos y dificultades que aparezcan son connaturales a esta carrera.

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: