Sucre está donde tiene que estar, afirma cineasta Caupolicán Ovalles

- 02 de diciembre de 2019 - 00:00
El cineasta venezolano Caupolicán Ovalles, director de la película Muerte en Berruecos, durante su estancia en Quito, donde presentó este filme de 2018.
Foto: Álvaro Torres/ ET

El director venezolano conversó sobre detalles y experiencias de su más reciente filme, estrenado en Quito y Cuenca, y llamó a los jóvenes de Ecuador y de Latinoamérica para que conozcan más sobre la identidad de nuestros pueblos.

La cinta Muerte en , ¿quién mató a Sucre?, del director venezolano Caupolicán Ovalles, es una oportunidad imperdible para que los ecuatorianos repasen la historia sobre quién fue este personaje trascendental en el proceso de independencia del país y de América.

Antonio José de Sucre lideró la Batalla de Pichincha (1822), que libertó a la Real Audiencia de Quito y por ello es considerado un prócer de la independencia nacional.

Hasta 1999 su imagen estaba acuñada en la moneda nacional, que también tomaba su nombre, pero su figura aparece relegada en los libros de historia más allá de los sitios que llevan su nombre.

Sucre fue un ingeniero militar, que ascendió a altos cargos en muy poco tiempo. De 1822 a 1823 fue Jefe Supremo Militar de Perú; en igual período fue Jefe Superior del Distrito del Sur de la Gran Colombia; de 1825 a 1828 ocupó la presidencia de Bolívar, que luego se denominó Bolivia; y de 1825 a 1830 fue distinguido como Gran Mariscal de Ayacucho. Sucre condujo las batallas de Ayacucho (1824) y Tarqui (1829).

Su muerte, con apenas 35 años, marcó, quizás, un cambio en los acontecimientos, siendo uno de los hombres de confianza de Simón Bolívar, quien al conocer su deceso escribió: “Yo pienso que la mira de este crimen ha sido privar a la Patria de un sucesor mío!”.

El filme de Ovalles (Caracas, 1960) no cuenta la vida de Sucre, sino un episodio relacionado con su momento final. El guion narra el proceso de investigación realizado en 1840 para el juicio a los sospechosos del crimen.

“El tema nace por la inquietud también de contar una historia sobre el primer magnicidio que sucede en Hispanoamérica después de la independencia”, señaló el cineasta a este diario en Quito.

Este rodaje fue posible gracias a una coproducción entre Ecuador, Venezuela, Panamá y EE.UU. Está en cartelera desde el viernes 29 de noviembre en los Multicines de Quito y Cuenca.

Ovalles estuvo en el estreno de su segundo largometraje y lo hizo acompañado del protagonista de este filme, el también venezolano Luis Gerónimo Abreu, quien interpreta al mayor Godoy, el fiscal encargado en 1840 de resolver el caso.

El actor Luis Gustavo Abreu, quien interpreta el papel del mayor Alejandro Godoy (derecha), el fiscal encargado de investigar la muerte de Sucre (Foto/Cortesía).  

Como dato curioso, Abreu hizo el personaje Bolívar en la serie colombiana transmitida por Netflix.
También estuvieron en la presentación de la cinta la productora venezolana Beatriz Aranguren y el productor ejecutivo Gonzalo Ponce (Ecuador).

El filme muestra una realidad contada por los mismos personajes implicados en el crimen y revela cómo el cadáver de Sucre fue abandonado en el camino por el miedo que sintieron sus acompañantes. Ello hace que el porcentaje de ficción sea ínfimo.

“Nos basamos en el expediente escrito de los testimonios de cada quien y a partir de estos fue que empezamos a recrear todas estas versiones que cada uno de ellos cuenta. Si ellos no dijeron la verdad, es otra cosa”, dijo.
Tras su primera cinta Memorias de un soldado (2012), Ovalles tomó impulso para este segundo proyecto. Fue una historia que empezó a amasar hace 5 y 6 años.

Con la historia en la mano, decidió que iba a contarla a través del thriller policiaco para mantener la tensión en los espectadores e ir construyendo lo que pasó aquel día aciago en , sitio ubicado en lo que es actualmente Colombia.

El cineasta planea difundir su filme en todos los espacios posibles y no descarta internet y Netflix, aunque dice que están muy influenciados por la producción hollywoodense.

“Es complicado, pero nuestro trabajo también sigue una vez que la película esté lista”, reflexiona.

Le preocupa el futuro que le depara al cine iberoamericano con este monopolio en la industria y por eso está empeñado en un proyecto similar a un star system, desde los Premios Platino. La idea es tener un registro de los realizadores de cine en la región y con ello su visualización. También se impulsa desde esta plataforma la creación de academias nacionales para incentivar y promover esta industria.

Gonzalo Ponce, productor ejecutivo (Ecuador); y los venezolanos Caupolicán Ovalles, director; Beatriz Aranguren, productora; y Luis Gerónimo Abreu, actor (foto Carina Acosta / ET ).

Ovalles dice que en la actualidad se están haciendo entre 900 y 1.000 filmes al año en Iberoamérica, de estos 300 son con Iphone y otros con cámaras Réflex o Canon, pero del total apenas 100 llegan a las salas y solo unos 10 tienen proyección internacional.

“En este momento agarras un avión y vas para París, Los Ángeles, Hong Kong y Buenos Aires y las películas que están en carteleras son las mismas porque hay prácticamente un monopolio mundial del cine, y por eso en muchos países, para poder subsistir, se han tenido que crear los institutos de promoción”, señala.

Para el cineasta la realización de Muerte en significó horas de conversaciones, y también de lecturas y estudios del expediente del juicio realizado en 1840 para hacer justicia en el crimen del Gran Mariscal de Ayacucho.

El director se valió de una estructura narrativa inusual en las historias de época, para que el público pueda ir descubriendo poco a poco las circunstancias del enigma de la muerte de Sucre.

“Ha sido un reto”, dice, al señalar que la técnica del flashback que utilizó está siendo de mucha utilidad.

En ocasiones, en la película el espectador pierde el límite entre lo que recuerdan los sospechosos y lo que cuentan al fiscal. “Eso fue intencional”, dice Ovalles.

En el último cuadro de Muerte en se muestra el cenotafio (o tumba vacía) en honor a Sucre, que está en el Panteón Nacional de Caracas, muy cercano a donde reposan los restos de Simón Bolívar y de Francisco de Miranda.

Es una especie de anhelo venezolano que los restos del Mariscal descansen allí, aunque en su opinión “Sucre está donde tenía que estar: aquí en la Catedral Metropolitana de Quito”. (I)



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