El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Dom.13/Jun/2021

Cultura

Tendencias
Historias relacionadas

Ser mujer en Afganistán

21 de septiembre de 2020 00:00

 

El fundamentalismo religioso impide a que la mujer se muestre con libertad en la ciudad, además de sufrir el escarnio de los hombres. Tal podría ser la premisa de la película animada irlandesa-canadiense, El pan de la guerra (Breadwinner, 2017), de la directora Nora Twomey, acerca de una niña que por el hecho de que su padre está encarcelado, y tratando de rescatarlo, debe vestirse con ropas de hombre. El contexto: Afganistán gobernada por los talibanes, tras la invasión soviética y un periodo de intolerancia e inestabilidad, hasta el estallido de otra guerra.

Pese a que El pan de la guerra es una película de animación, es claro que puede ser recomendada para diversidad de espectadores. La crudeza de su historia es aleccionadora y obliga a que nos preguntemos sobre la condición humana y la maldad de quienes encarnan el fanatismo religioso. Es así como el padre de la niña es acusado por un exalumno por haberle inculcado “cosas inútiles”, además de ser portador de libros. Con él se representa el odio visceral e inhumano de los talibanes, su incapacidad de lograr el diálogo, además cómo el poder de las armas, tomado por jóvenes extremistas, no respeta a nadie, incluso a beneméritos que habrían luchado en pro del país.

Pero lo central está en que, dado el fundamentalismo, las mujeres son acalladas, acusadas de lo peor, obligadas a recluirse y esconder su cuerpo y su rostro y, peor, no poder salir a la calle sin ser custodiadas por un hombre. La película cuenta dos historias paralelas: la de la niña que se corta el cabello, se comporta como niño en la ciudad y trabaja a destajo para llevar comida a su casa; y el de un niño cuyo relato fantástico cuenta ella a su hermano menor antes de dormir. Tal relato implica enfrentar a un coloso animal que se roba las semillas, metáfora de la maduración imperiosa de la que la niña debe sacar una lección. Tal lección es aprender a ser mujer dentro de una cultura religiosa prohibitiva, aprender a mimetizar la feminidad en un entorno cuya tradición es la superioridad del hombre sobre la mujer, aprender a tener esperanzas y sueños pese a la censura, al bloqueo emocional, a la obediencia a quienes les imponen la esclavitud.

El pan de la guerra –disponible en streaming– se basa en una novela de Deborah Ellis, activista por los derechos de las mujeres. En tal sentido, se nota el tono de denuncia de la película. Por ello ha ganado varios premios internacionales.

Contenido externo patrocinado