Reencuentros

El 27 de enero de cada año se conmemora el Día Internacional del Holocausto.
23 de enero de 2021 09:06

En mi artículo anterior, evoqué mi identidad judío-ecuatoriana. Un aspecto concreto de ella pasa por la historia: la Shoah (El Holocausto), el genocidio de los judíos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El 27 de enero de cada año se conmemora el Día Internacional del Holocausto. Ese día, hace 76 años, fue liberado el campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. Sin embargo, este hecho no significó para todas las víctimas el final de la Shoah. Lejos de ello, un día como ese, mi abuela (quien estuvo también en Birkenau) seguía viviendo la dura realidad de las prisioneras en el campo de concentración de Kudowa-Sackisch, en Polonia. Fue liberada solo tres meses después y, un año más tarde, logró viajar a Ecuador para reencontrarse con su hermano, que había podido refugiarse en nuestro país.

Es así como se unen las historias de países y continentes diferentes. Así, se van entrelazando las identidades, tejiendo y mezclando las culturas. Por eso, para recordar estos episodios que han marcado el mundo entero y han transformado nuestras sociedades, es importante tener presentes fechas conmemorativas como la que se acerca.

Con esta oportunidad, quiero contarles otra anécdota de reencuentro: Hace unos meses le contactó a mi madre, desde Italia, una persona desconocida. Se presentó como Sandro Baldan, indicándole que su padre había conocido a mi abuela durante la Shoah. Nos sorprendió recibir ese mensaje cuando menos lo imaginábamos. Mi abuela nunca había contado a nadie su historia en los campos de concentración y para nosotros siempre fue un misterio. Ella murió hace 14 años, dejándonos con esa incógnita y, de repente, surgía de la nada una pieza de ese gran rompecabezas.

Hace unos días, Sandro (no-judío) reunió de forma virtual a los hijos de cuatro mujeres judías sobrevivientes de la Shoah. Todas, desde su rincón del mundo: Francia, Italia, Israel… y Ecuador, tenían algo en común: su madre había sido prisionera en el campo de concentración de Kudowa-Sackisch. Luigi, padre de Sandro, también preso en el campo, al no ser judío, tenía más privilegios que ellas y fue gracias a su ayuda que pudieron salir con vida de ese infierno. Casi un siglo después, la segunda generación de aquellas sobrevivientes se conoció por primera vez en la historia. Y se volverán a reencontrar (nuevamente gracias a la tecnología) para conmemorar la Shoah y compartir abiertamente sus historias. “Es como volver a reunirse con familiares extraviados en el tiempo y el espacio”, dijo mi madre emocionada. Es ir más allá de las fronteras, los movimientos migratorios, las diferencias sociales, para hallar ese punto de conexión.

Cada uno de nosotros tiene sus propias historias perdidas, olvidadas y vueltas a sacar de ese gran cajón tan personal y a la vez universal que se llama Memoria. Dentro de ella están y estarán historias como esta y otras, todas valiosas, que nos unen, nos muestran que todos podemos ser familia, y hacen de nosotros lo que somos: construyen la identidad.