El wasipichana, un ritual que se mantiene en la ruralidad azuaya

Esta tradición ancestral consiste en la colocación de la cruz sobre el techo de la casa recién terminada, para consagrar la nueva morada. El rito se cumplió en la vivienda de Marcia Tenezaca, del sector de Narancay Alto.
14 de marzo de 2020 00:00

Ofrendas a la Pachamama, danzas, sahumerio de la casa, el soplo y colocación de la cruz, lanzamiento de capillos y la pampa mesa, fueron parte del ritual del Wasipichana que se realizó en la vivienda de Marcia Tenezaca, oriunda de Narancay Alto.

Familiares, vecinos y amigos llegaron hasta la nueva morada, que se inauguró a la usanza de los ancestros indígenas y en coincidencia con el Pawkar Raymi, que es una de las cuatro fiestas del calendario andino que se celebra en marzo.

A las 12:00 del pasado sábado los dueños de casa dieron inicio al rito, que estuvo acompañado por momentos de lluvia. Esto se considera como un buen augurio, pues representa la limpieza del cuerpo y el espíritu, según afirmaron los presentes.

En la cosmovisión andina, el Wasipichana o Wasipichay consiste en el barrido de la casa, para bendecir el nuevo espacio destinado a la convivencia familiar.

Tradición

Con la intervención de taitas y mamas se procedió a la bendición de la cruz. Luego, el compadre de la casa, Nicolás Tenezaca, subió hasta el tejado de la vivienda.

Una vez allí realizó el soplo con “traguito” a la cruz, procedió a colocarla y finalmente lanzó los capillos como “una especie de ofrenda al ser superior”.

Los capillos son las monedas que extrae el padrino de su bolsillo y las lanza a los invitados. Esto significa el deseo de bonanza para la familia y allegados.

“Esta es una costumbre que viene de mis abuelos y nosotros la mantenemos vigente. Hay que estar pendiente de la nueva casa y de sus habitantes, por eso el compadre tiene que ser alguien muy cercano a la familia”, expresó Nicolás, hermano de Marcia.

La elección del compadre se la efectúa también con base en su fe cristiana, específicamente católica. Una vez realizado este procedimiento, se convoca a familiares y amigos para que se unan a esta ancestral celebración.

La cabeza del nuevo hogar es Marcia Tenezaca, por eso ella escogió un cari (hombre) como compadre, en cumplimiento del principio de la dualidad que rige la cosmovisión andina.

La cruz representa el sincretismo cultural entre las costumbres originarias y la fe católica. Es considerada como un símbolo de protección que se coloca para que cuide la casa de todo mal.

Los antepasados tenían la creencia de que esta figura, acompañada de gallos, aves o ángeles, ahuyentaba a los malos espíritus; de esta forma se garantizaba que el núcleo familiar estuviera no solo protegido sino también bendecido.

El ritual

Antes de colocar la cruz se realizó el sahumerio de la casa con hierbas amargas; esta costumbre se lleva a cabo con la finalidad de expulsar la “mala vibra”.

Después se procedió a esparcir humo dulce de hierbas aromáticas y fragancias para atraer la buena energía a la morada.

Pawkar Raymi

Marcia Tenezaca estuvo feliz de que la terminación de su vivienda haya coincidido con la celebración del Pawkar Raymi, que representa a una época de florecimiento y abundancia.

“Hicimos un complemento del acabado de la construcción con el Pawkar Raymi, que significa un renacer, el inicio de un ciclo, un surgir de los granos tiernos”, manifestó emocionada la mujer, mientras continuaba la ceremonia.

La mama Julia Tepán (madre de Marcia), formuló un llamado a preservar los saberes ancestrales, siguiendo  de manera especial los ritos ceremoniales y la alimentación, para retomar las costumbres de los abuelos que tenían una vida sana.

En torno a una figura hecha con flores y frutas, Tepán agradeció a la Pachamama (madre tierra) y a los cuatro elementos que rigen la vida: el agua, el fuego, el aire y la tierra.

La ceremonia fue cerrada por Israel Sarmiento, quien es oriundo del cantón Gualaceo y compadre del Pawkar Raymi.

“El rito inició con un agradecimiento a la Pachamama por los frutos y el cierre también es señal de agradecimiento, igualmente de buenos augurios”, manifestó Sarmiento.

Luego de esta explicación, el compadre bendijo a una nueva warmi (una niña recién nacida) para su nueva vida, como símbolo de la fertilidad de la mujer y porque siempre se vuelve al vientre de la madre.

Luego de la ceremonia, todos los asistentes se unieron a la pampa mesa (una especie de convite). (I)

Pampa mesa, complemento  que cierra la ceremonia

Caldo, papas, gallina mote y colada de yaguana. Estas comidas (entre otras) se compartieron en la pampa mesa con la que terminó la ceremonia del Wasipichana en la vivienda de Marcia Tenezaca.

Sobre una mesa larga, familiares e invitados degustaron de la comida, mientras departían alegremente sobre diversos temas; se trató de un compartir importante, según la anfitriona.

“Esta costumbre estrecha aún más los lazos de unión entre la familia y el compadre”, comentó Tenezaca mientras atendía a los invitados.

Por un momento, y con algo de desazón, dijo que la ceremonia del Wasipichana se ha ido perdiendo con el paso del tiempo. En la actualidad se lleva a cabo en los sectores rurales y en la zona del Austro.

“Antiguamente era una tradición de todas las familias, no había núcleo que no organizara este festejo, era común efectuar la bendición de la casa de esta manera”, recordó Carlos Ríos, familiar de Marcia Tenezaca, quien estuvo invitado a la ceremonia.

A su criterio, en la actualidad, son muy pocas las familias, incluso de las poblaciones rurales, las que conservan la costumbre de colocar la cruz sobre el techado de la casa. (I)

Marcia Tenezaca, propietaria de la casa donde se realizó la Wasipichana, prepara el sahumerio como parte de la costumbre ancestral que mantiene junto con su familia.
Fotos: El Tiempo
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