Nueva biblioteca activará el centro de Guayaquil

- 07 de octubre de 2018 - 00:00
El edificio tuvo la primera escalera eléctrica de la ciudad, que dejó de funcionar hace unos 30 años.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

El sitio especializado rehabilita el edificio del antiguo Banco de Descuento y lo abre al público. La inauguración está prevista para diciembre, tras una larga intervención.

Guayaquil ha crecido hacia sus extremos. Las proyecciones municipales tienen entre sus prioridades el desarrollo de la ciudad hacia el oeste, encabezado con proyectos como el aeropuerto de Daular.

Mientras el centro, frente al río Guayas y sus primeras construcciones, se ha despoblado de a poco, desde los años 70, según el último censo poblacional de 2010.

Una de las principales calles de la ciudad, la 9 de Octubre, está repleta de almacenes de electrodomésticos. A sus alrededores está la zona bancaria y un sector comercial que, en su mayoría, se apaga y vacía por las noches.

El Cacaotal, la única casa que queda como vestigio de la época de oro cacaotera, tiene un poste caído y un cercamiento con letras de “peligro” porque, pese a su valor patrimonial, un grupo de funcionarios públicos del Municipio y el Instituto Nacional de Patrimonio acordaron su demolición por su deterioro.

En la búsqueda de transformar la escena nocturna y la relación de la gente con el centro, más allá de lo comercial, la Universidad de las Artes espera inaugurar la única Biblioteca especializada en Artes del país el próximo diciembre, con la restauración del edificio del antiguo Banco de Descuento.

Según el rector de la Universidad de las Artes, Ramiro Noriega, esta propuesta que además integra la restauración y dinamización de otros edificios icónicos del casco central de la ciudad es parte de su celebración con miras al Bicentenario de Independencia de la ciudad.

“La idea es que la gente transite este patrimonio en el centro de la ciudad las 24 horas del día”.

El proyecto fue parte de la propuesta de Senplades cuando creó la institución.

El campus de esta no sería un único edificio, sino varios que por distintas razones fueron desocupados a pesar de su valor patrimonial.

Entre ellos se encuentra el antiguo SRI, el edificio de EL TELÉGRAFO, el de Correos del Ecuador, la antigua Cárcel Municipal y el antiguo Banco la Previsora.

Hasta ahora se ha contratado el proyecto de intervención de edificaciones como la Biblioteca, la Antigua Bolsa de Valores y el de Diario EL TELÉGRAFO, que está en licitación. Además se han habilitado espacios en el antiguo edificio de Correos.

El edificio del Banco de Descuento es uno de los primeros modernistas de la ciudad, diseñado por el arquitecto checo Karl Kohn en la esquina de Aguirre y Pedro Carbo. Luego de que la institución quebrara, a finales de los 80, se transformó en la sede de la Superintendencia de Compañías, que lo copó al máximo de cubículos.

El contrato de restauración estuvo a cargo del Ministerio de Cultura y Patrimonio por un valor de $ 1’821.152, al que se suma la integración de distintos fondos bibliográficos que estarían habilitados para el público, como la hemeroteca de Diario EL TELÉGRAFO y posiblemente el de Jorge Enrique Adoum y Efraín Jara Idrovo, además de una parte del archivo digital del músico ecuatoriano residente en Alemania Mesías Maiguashca.

El espacio copado como biblioteca usa las bóvedas que fundaron el banco para convertirlas en una sala de proyecciones, una sala de lectura o el espacio que alberga la colección de periódicos más importante del país, al ser la más antigua.

En el edificio habrá varios espacios, como una galería dirigida por el artista Ilich Castillo o la zona infantil.

Estos esperan integrar a las 41 escuelas que están alrededor y a una ciudad que se ha acostumbrado a dejar dormir su centro histórico durante las noches.

La arquitecta Ana María León decía en un artículo que repoblar el centro le daría “la atracción más grande que se le puede dar a un turista: una ciudad con gente”.

Delia Kingman, la arquitecta que estuvo a cargo del diseño del edificio para rehabilitarlo al público como una biblioteca especializada en artes, se concentró en despoblar los espacios, dejar entrar la luz y aprovechar el domo que corona el edificio y la provocación del sistema de incendios que se vuelve evidente en el blanco techo.

La corona de la edificación, su terraza, se desocupó para convertirse en un espacio que vuelve a mirar al río. (I)

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