Marta Sanz concluye la trilogía de Arturo Zarco

La escritora madrileña presentó la novela Pequeñas mujeres rojas, con la que “jubila” a su personaje detectivesco, en la XXX Semana Negra de Gijón.
14 de julio 00:00
El poemario 'Vintage' (2013) fue el origen de la novela Pequeñas mujeres rojas (2020); en concreto, el poema “Huesos”, confesó la escritora Marta Sanz.
Foto: Tomada de La Voz de Galicia
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Definir la literatura de Marta Sanz (Madrid, 1967) como negra es tomar la característica de la trilogía novelesca que acaba de concluir sin poder abarcar toda su fuerza narrativa. Mientras aparecía Black, Black, Black (2010), Un buen detective no se casa jamás (2012) y pequeñas mujeres rojas (2020) intercaló un puñado de obras que hablan de su imaginario, que remece.

Pero es en esas tres obras que el detective Arturo Zarco, cuarentón divorciado y gay, hace sus pesquisas. Hasta ahora, pues ha decidido jubilarlo: no aparecerá más en su ficción. Lo confirmó el 11 de julio pasado, en la XXX Semana Negra de Gijón, el primer evento literario semipresencial que se ha montado mientras la pandemia parece menguar en España.

En conversación con la profesora Ana González, alcaldesa de Gijón (Asturias, España), la autora ha recordado a Paula Quiñónez, protagonista de la trilogía, que es coja y bella. “Me paso la vida contradiciendo muchos cánones, el deber de una novela, de un género o de la belleza femenina”, dijo Sanz. “Siento una posición tan contracturada como la de Paula porque, entre otras cosas, no estoy de acuerdo con la realidad de este mundo”.

Y es por “coherencia”, por no querer “mercantilizar” a su detective, que decide jubilarlo. “Tengo que ser fiel a mí misma y acabar con la trilogía de Zarco porque creo que hay que crear buenos personajes y no abusar de la empatía que tienen con los lectores”, expresó la ganadora del Premio Herralde de Novela, del Ojo Crítico de Narrativa, el XI Premio Vargas Llosa de relatos y finalista del Premio Nadal en 2006.

No le huye al compromiso, considera que el de escritor es un oficio que utiliza como materia prima “palabras cargadas de ideología” y, por tanto, su obra debe de estar “pegada a un tiempo político”.

En pequeñas mujeres rojas, Zarco observa la realidad desde lejos, como un oyente, no está presente en el lugar de los hechos, y se “asoma como un fantasma” en la fosa donde se buscan restos de víctimas de la Guerra Civil española. “Pudo ser un personaje de Juan Rulfo”, apostilló su creadora.

Sanz ha explicado que, en esa figura del detective ausente, ha buscado simbolizar la posición de la mayoría de los españoles que observan la memoria histórica como una “cosa distante”, algo que ocurrió en el pasado y no afecta al presente. (I)