Mario Mendoza indaga en la psiquis colombiana

26 de septiembre de 2013 - 00:00

A Mario Mendoza (Bogotá, 1964), narrador de las historias del dolor que ha vivido Colombia a causa de la guerrilla y de sus demás conflictos internos, le hicieron una pregunta, quizá simple, quizá compleja, que trató de simplificar lo que proponen sus obras: ¿Es usted pesimista?

“No, en absoluto. Creo que una cosa es la conciencia de unos errores cometidos por la cultura occidental, y otra cosa muy distinta un pesimismo. Yo soy un vitalista convencido. Y creo que los vitalistas se afirman precisamente cuando todo va mal”, contestó calmado en una entrevista que se cuelga en el blog La vida que se come a la vida.

Mendoza es autor de novelas como Scorpio City (1998), Relato de un Asesino (2001) y Satanás (2002) donde evidencia a una Bogotá (Colombia) vista por sus cuatro costados. Allí todas las virtudes y vicios se narran; los opuestos infierno-cielo, dolor-placer y repugnancia-agrado son puestos en tensión.   

Y para ello él tiene un código que lo aplica en su ficción: “Decir que eso no pasa y hacerse el ciego me parece que es inmoral. Tengo conciencia del desastre, pero hay un vitalismo detrás. Hay una afirmación de la vida después de todo”. Y con ello propone cuál es el influjo literario del que bebe y crea: el Realismo degradado.

¿Usted le da vida a esos personajes subterráneos de la ciudad? le habían cuestionado en el blog citado antes. “Pertenezco a algo que se llama Realismo degradado y este funciona en contraposición al mundo real maravilloso, que es un poco esa belleza ascendente ideal, esa especie de sublimación de la belleza. Los escritores de la línea mía somos los que vamos hacia la crudeza; vamos a mirar las zonas de sombra de las realidades donde nadie quiere mirar, ni acercarse”, concretó.

Pero las narraciones de Mendoza no apelan directamente a la realidad, más bien ese es un insumo básico, su punto de partida. “Siempre necesito un asidero en la vida inmediata. Me muevo entre la literatura y la crónica. Sí existe un personaje sobre el cual monté la historia, pero poco a poco este fue convirtiéndose en literatura y entrando en el campo de la ficción”.

De hecho, en una entrevista publicada en el Instituto Calarcá, de la ciudad del departamento de Quindío, le preguntaron: “La toma del Palacio de Justicia, el asesinato de Luis Carlos Galán, son hechos que aparecen en la novela Cobro de sangre (2004), pero tangencialmente, ¿Por qué?”. Y él respondió: Me interesaba que en la historia de un solo personaje fuera pasando la del país, que la fuera viendo sin participar en los hechos.

Está preso, duró 17 años en la cárcel. Sin embargo, le duele el país y ve cómo se va desmoronando. No hay ningún bando al cual creerle y nadie tiene un asidero ético. “Aquí -en la novela- por primera vez trato de ver como se manifiesta esa violencia transpolítica. Me refiero a la que vivimos todos los días en los trancones, la contaminación excesiva, la violencia conyugal, la delincuencia común. Es la violencia que se genera en el interior de la maquinaria social”, expuso.

Con ello se reafirma que Mendoza es narrador de los claroscuros de tiempo, y más que todo de la ciudad que experimenta. Y en Cobro de sangre confirma aquello de ser un vitalista: “Es una novela que afirma la vida en la desgracia”.

DATOS

Quito ciudad de letras ha programado hoy, desde las 10:00, una charla de apreciación poética que será impartida por Reina María Rodríguez, poeta cubana, que ha sido invitada a la cita literaria.

A las 19:00 los autores ecuatorianos Huilo Ruales, Byron Rodríguez Vásconez y Marcelo Báez dialogarán con el autor argentino Mempo Giardinelli.

Y seguirá en el Cafelibro, a las 21:00, donde se ofrecerá una tertulia con destacados poetas latinoamericanos, entre ellos los galardonados Rafael Courtoisie (Uruguay) y Reina María Rodríguez (Cuba).

El ingreso a las actividades es gratuito.

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