‘Precipicio portátil para damas‘ es la nueva novela del autor de ‘La vida oculta’

Macías hace una crítica desde la comedia

- 14 de octubre de 2014 - 00:00
Adolfo Macías Huerta fue dos veces ganador del Premio nacional Joaquín Gallegos Lara, por el libro de cuentos ‘El Examinador’ y la novela ‘El Grito del hada’. Fotos: John Guevara / El Telégrafo

‘Precipicio portátil para damas‘ es la nueva novela del autor de ‘La vida oculta’

El primer párrafo de la última novela del guayaquileño Adolfo Macías Huerta, ‘Precipicio portátil para damas’, narra la escena desesperante y jocosa de un hijo enfrentando a su madre luego de haber encontrado un vibrador en su baño privado. Las increpaciones surgen entonces de forma colorida.

“Se supone que un poeta debe ser un hombre sentimental, un hombre capaz de sentir nostalgia, ternura, de tener sentimientos profundos y este (el hijo) es un gran poeta, pero tiene cero emotividad —dice Macías sobre su creación—: es una persona que puede ver morir a otro sin sentir nada, está bloqueado profundamente a su mundo emocional por traumas de su niñez, tuvo experiencias traumáticas, fuertes y se blinda de ellas convirtiéndose en un erizo, una persona absolutamente fría, cínica y carente de sentimientos”.

Ese camuflaje enfermizo da lugar a una trama cómica y policiaca en que la egolatría del protagonista lo ciega al punto de hacerle perder las coordenadas de su vida. “Como los productos marca ACME de la tira cómica El Correcaminos, con los cuales el Coyote quería matar al ave, hay precipicios portátiles entre dibujos animados. Si puedes doblar un túnel o un precipicio, hacer una maletita con un broche y llevártelo, luego lo desabrocharás y lo pondrás en un lugar en que el hueco se hará realidad. En mi novela el abismo es un precipicio portátil, un artículo que puede ser llevado en la mano cómodamente por una dama, muy útil para que cuando un hombre no le convenga ella pueda desplegarlo y hacer que desaparezca y luego volver a cerrarlo y llevárselo. Porque, en esencia, la trama se trata de una venganza; Delfín Tonato se venga de una mujer y luego viene otra que se venga de él, esta mujer es como el precipicio en el que cae Delfín, cae en una trampa”.

El escritor vive en una casa del centro de Quito adornada con mamparas a través de las cuales se ven jardines y mampostería que parecen alejar el bullicio de un colegio cercano. Una arquitectura paradójica como el tratamiento cómico de su última obra: “con ese argumento pude hacer una tragedia, pero lo llevé al ridículo, lo exploté. Un personaje trágico puede dar origen a una comedia, como Woody Allen sabe bien. Hay una sal trágica en la gran comedia siempre, el trasfondo, esa capacidad de reírte de lo trágico y de observar lo ridículo que toda situación trágica contiene como algo que realzar y exacerbar, lo que hace que surja la comedia como género. Todo se transformó en una comedia por esta mirada divertida y satírica sobre la realidad de un personaje que, en esencia, es trágico”.

Cuando a Macías, el creador de este granuja literato, se le pregunta qué elementos tomó de la realidad para la construcción de su personaje, evoca la actividad de un bartender que recuerda la frase del cronista Mark Kramer: «La verdad está en los detalles de las vidas reales». Precipicio portátil para damas es una novela en la que se funden y fermentan personajes reales, como en una coctelera, "una amiga y un amigo me dieron, en El grito del hada (Eskeletra, 2010) y en este libro, cierta inspiración, respectivamente. Pero a medida que empecé a escribirlos, mientras internamente me refería a los de carne y hueso para tener un parámetro respecto a cómo reaccionan, cómo hablan, su manera de ser y, en cierta manera, cómo sería su aspecto físico, cobran vida como personajes ficticios en las situaciones inventadas de cada novela, ficciones en las que se van independizando. Los personajes se independizan de las personas en que me inspiré y cobran vida propia." Es en este punto que estas criaturas literarias también empiezan a parecerse a otros seres ficticios.

Si, por un lado, la Odelina de El Grito del hada es para los intelectuales de la década de los ochenta lo que fue Alejandra para Ernesto Sábato, o, Anaïs Nin para Henry Miller; por otro, Delfín es para la intelectualidad actual una suerte de delincuente incorregible, cándido y obsceno que provoca unos empachos y una vergüenza comparables a los que un desgarbado Alex DeLarge (Malcolm McDowell en la adaptación cinematográfica que  Stanley Kubrick hizo de La Naranja mecánica, escrita por  Anthony Burgess en 1962) infligía en escritores paralíticos, madres preocupadas y policías perversos.

"En El grito del hada (la novela que llevó al autor a ganar el Premio Joaquín Gallegos Lara por segunda ocasión, hace cuatro años) hay una crítica de género al machismo y sexismo de izquierda. Esa izquierda que habla de liberación y de igualdad pero ejerce las mismas prácticas discriminadoras de la burguesía a la que supuestamente está criticando. Y muestra a Odelina como una mujer que quiere liberarse de los cánones del matrimonio de la sociedad de clase media quiteña, incluso de esa intelectual y revolucionaria que formaba parte del mundo del arte hace dos décadas. Odelina se encuentra atrapada en una situación trágica, está avocada a la tragedia, inicia un juego amoroso del cual ya luego no puede salir y que conduce a la desgracia inevitablemente. En Quito hay varias mujeres que son como ella —confiesa el también autor de Laberinto junto al mar—, que viven vidas parecidas y vivieron dramas parecidos en sus matrimonios, con maridos alcohólicos, machistas, artistas de izquierda que pese a su lenguaje revolucionario son golpeadores, por ejemplo".

Delfín, en cambio, no delata una posición política concreta de quien lo creó, sino que retrata "la psique de un anarquista salvaje, un artista que vive anárquicamente y que rechaza cualquier forma de orden. Delfín Tonato es un destructor de tótems nato. Lo único que le interesa es destruir todo lo que quiera formar un orden en la vida de las personas. Es simplemente un destructor, un iconoclasta puro, salvaje".

En una de las escenas de la obra recién editada por el sello barcelonés Seix Barral, el protagonista convalece luego de vomitar en el sofá de su profesora de piano. Un ejercicio de digitación invertida llamado «Canon del espejo» fue la causa de sus náuseas al fijar la mirada en la partitura cuya densidad y pesadez hizo que el poeta exhalara obscenidades del tipo «por los pelos del culo de Lucifer» y «siento que se me paralizan las manos. ¡Oh, Dios!, sudo como un existencialista, Holandita». "El personaje —aclara el autor— carece de responsabilidad frente a la desgracia que produce, tiene algo de clown, es tan puro, tan natural e ingobernable en su naturaleza que finalmente arrastra todo al desastre de su historia pero sin nunguna conciencia trágica.

Por otro lado, es un personaje para disfrutar, cómico en su manera de responder ante las situaciones. La intención mía en cada escena y en cada reacción de Delfín Tonato es hacer reír a las personas; es como un Peter Pan, un hombre que sigue siendo adolescente e infantil en su manera de ser, que nunca adultece, que nunca toma responsabilidad y es capaz de hacer cualquier cosa en su insolencia. Ese es su espíritu".

Sobre la novela La Vida oculta

"En esa novela hay dos tramas, una que sucede en el tiempo actual y otra que sucede en un tiempo mítico de la cual forma parte Tiresias (el adivino ciego cuyas revelaciones condujeron al Edipo de Sófocles a descubrir el misterio que rodeaba su parricidio e incesto involuntarios), quien encarna en un detective y viene a matar a un personaje en el tiempo real. El destino está casi personificado y en él se cumple con la muerte predestinada del personaje que está anunciada desde las primeras páginas. Es la única vez que he trabajado con el destino como un personaje invisible pero potente en una novela." —Una obra de esa naturaleza, Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, también aparece en las escenas de Precipicio portátil para damas: en el velador de Lola, la infortunada madre del díscolo protagonista—. "Todos contenemos en nuestra personalidad y en nuestra manera de ser una suerte de condena a ser lo que somos y que nos arrastra de manera inevitable a ciertas situaciones, a ciertos dramas y tragedias de la vida a los que llegamos inevitablemente por el simple hecho de ser como somos. En ese sentido, yo siento que más que un destino hay fatalidad en la vida humana y en los personajes con los que yo trabajo."

La presentación del Precipicio

Tito Molina, Fernando Escobar y Sandra Araya presentarán mañana la novela, a las 19:00, en Libri Mundi de la calle Juan León Mera.

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