Las utopías de Don Quijote en Quito

28 de julio de 2013 - 00:00

En la lucha por las utopías del “caballero de la triste figura” se inspiraron 6 jóvenes bailarines hace 33 años cuando fundaron el Ballet Ecuatoriano de Cámara, pese a los problemas que amenazaban su arte.

El protagonista de la obra más famosa de Cervantes “piensa que va a lograr todo lo que él quiere”, dijo la chilena Camila Schmidt, directora del Ballet, sobre el festejo de ayer por el aniversario con la puesta en escena de Don Quijote, con 34 bailarines sobre las tablas.

Es un “hombre idealista y nosotros siempre tenemos ideales” para llegar a ser mejores, añadió la directora del ballet, hoy convertido en Ballet Nacional de Ecuador y que en 2008 presentó por primera vez “Don Quijote”, trabajo coreográfico del chileno Jaime Pinto.

La creación coreográfica muestra en todo su esplendor las posibilidades técnicas y expresivas del grupo, tanto del cuerpo de baile como de cada uno de los personajes que, junto con el trabajo de tramoya, luces y sonido, ponen en escena aventuras del hidalgo caballero, “su cuerda locura” y sus amores.

La obra inicia con un Don Quijote que delira enfermo en su lecho. Entre las imágenes de sus libros que cruzan por su mente, cree ver a su amada Dulcinea, que pide ayuda. Solicita a Sancho Panza que lo ordene caballero para rescatarla. Éste lo viste con utensilios caseros, que el hidalgo ve como una brillante armadura, y sale a buscar a su amada.

Se unen luego en los 34 bailarines, 12 de ellos de Argentina, Cuba, Perú y Chile, para contar con su arte amores y desamores en un pueblo y sellar la obra con la recomendación de Don Quijote a Sancho Panza de que no lea historias de caballería, porque de nada sirven.

César Orbe, que a sus 55 años protagoniza a Don Quijote en la gala de aniversario del Ballet, recordó que cuando comenzaron hace más de tres décadas con el grupo, era “una utopía, un sueño de esos inalcanzables”. Debieron afrontar las críticas hacia el hombre bailarín y encarar una “carrera incierta”, así como el poco apoyo del momento y la falta de recursos en esa época.

Aseveró que el ballet ecuatoriano, cuya integrante más joven tiene 17 años, está “a la altura de cualquier otra compañía del mundo”.

Con 36 años sobre el escenario, Orbe dijo estar fascinado porque en Don Quijote explota su lado teatral, un rol que considera “importantísimo” en su carrera. “Acá pongo un poco de esa locura que todos tenemos: el amor, la lucha por las utopías, aquí está presente todo eso”. (EFE)

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