Las míticas frases de Cien años de soledad

17 de abril de 2014 16:26

Gabriel García Márquez fue el más conocido y leído autor del realismo mágico latinoamericano, la corriente que en el siglo XX sacudió la literatura en español. Nacido el 6 de marzo de 1927 en el pueblo de Aracataca, en la zona Caribe de Colombia, García Márquez dejó una extensa lista de cuentos y novelas, de la cual "Cien años de soledad" (1967) es considerada como su obra cumbre.

Ambientada en el mítico Macondo, "Cien años de soledad" fue escrita en extenuantes jornadas en Ciudad de México, donde la familia acumulaba deudas, y para enviar enviar el original mecanografiado a Argentina tuvo que empeñar la estufa, según reveló su biógrafo Gerald Martin.

Pero la recompensa le llegó en 1972, cuando por ella obtuvo el premio latinoamericano de novela Rómulo Gallegos. En 1982 recibió el premio Nobel de literatura, y es recordado por haber acudido a la ceremonia en Estocolmo vestido de liqui-liqui, el tradicional atuendo caribeño.

Es su libro más famoso, y estas son sus mejores frases:

*Lo esencial es no perder la orientación. José Arcadio Buendía

*Había perdido en la espera la fuerza de los muslos, la dureza de los senos, el hábito de la ternura, pero conservaba intacta la locura del corazón.

*Llegaron a sospechar que el amor podía ser un sentimiento más reposado y profundo que la felicidad desaforada pero momentánea de sus noches secretas.

*Se sintió olvidado, no con el olvido remediable del corazón, sino con otro olvido más cruel e irrevocable que él conocía muy bien, porque era el olvido de la muerte.

*No entendía cómo se llegaba al extremo de hacer una guerra por cosas que no podían tocarse con las manos. GGM

*Si hay que ser algo, sería liberal —dijo—, porque los conservadores son unos tramposos. Aureliano Buendîa.
*Tenía la rara virtud de no existir por completo sino en el momento oportuno. GGM

*Pensaba en su gente sin sentimentalismos, en un severo ajuste de cuentas con la vida, empezando a comprender cuánto quería en realidad a las personas que más había odiado. GGM

*Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo. Aureliano Buendía.

*Recuerda, compadre —le dijo—, que no te fusilo yo. Te fusila la revolución. El general Moncada ni siquiera se levantó del catre al verlo entrar. —Vete a la mierda, compadre —replicó

*Qué raros son los hombres. Se pasan la vida peleando contra los curas y regalan libros de oraciones.

*Extraviado en la soledad de su inmenso poder, empezó a perder el rumbo.

*Nuestro deber es descubrir los privilegios de la simplicidad.

*El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.

*No era ingenuidad ni delirio de grandeza. Así la educaron.

*Optaron por no volver al cine, considerando que ya tenían bastante con sus propias penas para llorar por fingidas desventuras de seres imaginarios.

*«Los hombres piden más de lo que tú crees», le decía enigmáticamente. «Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que crees>>.

*Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede.

*Una vejez alerta puede ser más atinada que las averiguaciones de barajas.

*La ansiedad del enamoramiento no encuentra reposo sino en la cama.

*Tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla.

*Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando eran dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose como perros.

*El llanto más antiguo de la historia del hombre es el llanto de amor.

*Era lo último que iba quedando de un pasado cuyo aniquilamiento no se consumaba, porque seguía aniquilándose indefinidamente, consumiéndose dentro de sí mismo, acabándose a cada minuto pero sin acabar de acabarse jamás.

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