La sociedad de anormales

Alguna vez Michel Foucault escribió sobre los anormales, individuos de tres tipos: monstruosos, incorregibles y onanistas, los cuales escapan a la normalidad...
08 de noviembre de 2020 00:00

¿Qué tal si somos los “anormales” y los que son calificados como tales son realmente los “normales”? Esta pregunta puede ayudarnos a comentar El Halloween de Hubie (2020) de Steven Brill, escrita e interpretada por Adam Sandler disponible en Netflix.

Alguna vez Michel Foucault escribió sobre los anormales, individuos de tres tipos: monstruosos, incorregibles y onanistas, los cuales escapan a la normalidad que debería suponer toda sociedad organizada por el poder. Para su control hasta hoy se emplean la medicina, la psiquiatría, la familia y la religión, o los centros disciplinarios, de reclusión y de tratamiento de la “locura”, todos en el marco de la biopolítica. La modernidad, pese a la promesa de felicidad social gracias al progreso, estaría determinada por la sanción al desviado y la eliminación del peligroso: una sociedad de “normales” no debería soportar a los que la subvierten.

Las premisas anteriores parecen paradójicas cuando vemos El Halloween de Hubie, pues Brill y Sandler muestran que la sociedad actual es más de anormales en tanto los supuestos locos, los enfermos o los que sufren la segregación por sus condiciones especiales, son más normales. La ocasión es el Halloween en alguna ciudad norteamericana, donde la regla es la agresión a personas distintas, la burla a aquellos que no encajan, el bullying permanente como modo de vida entre niños y jóvenes. En tal fiesta medio mundo se disfraza para hacer salir los demonios. De ello se aprovechan Brill y Sandler: exponen que el disfraz, en lugar de ocultar, subraya el carácter de esos ciudadanos intolerantes, farsantes e irrespetuosos contra la diversidad y la diferencia.

El Halloween de Hubie es una película inteligente, aunque se piense que Sandler hace comedias absurdas. Debemos prestar atención a ciertas películas suyas porque pese a ciertos trazos edulcorados, su ojeada a la realidad contemporánea de su país es inquisitiva. Como muestra, es él mismo, como el “tonto” del pueblo al que todos ya ni hacen caso, que redobla el sentido de una vida social que simula normalidad. Y el problema que pone de manifiesto, además, es que incluso estaríamos siendo gobernados por individuos “normales” cuando en realidad son políticos “anormales” que se disfrazan de buenas intenciones y sonrisas que ocultan la corrupción que mina sus personalidades. El Halloween de Hubie por ello merece ser vista con mirada abierta a que nos cuestione. (O)