La lectura, improvisación e imaginación crían cuenteros

06 de junio de 2012 - 00:00

Fue una sesión de 50 minutos de historias, contadas por uno, varios o todos los integrantes de las denominadas Sub 12 y Sub 16 de Un Cerrito de Cuentos, que entrenan con la narradora oral Ángela Arboleda y el equipo de profesores de la Corporación Cultural Imaginario. Sin embargo, los doce jóvenes no mostraban  cansancio al terminar su presentación en el Centro Cultural Sarao. 

Parecía que estaban deseosos de seguir, tan así que contestaron preguntas del público y mantuvieron una reunión, con sus padres y Arboleda, en la que se definió que ahora la preparación será   intensa para participar  durante 4 días de agosto en el V Encuentro Internacional de Cuenteritos “Cerrito de Cuentos” 2012.

Joshua Castro, de 12 años, estudiante del Colegio Leonidas Ortega Moreira, resalta que  inició su proceso como narrador oral en 2008, en un concurso realizado entre 25 chicos en la Fundación Leonidas Ortega Moreira, en ese tiempo apoyado por la vicerrectora de su establecimiento, quien se dio cuenta de su gusto por la lectura y de que no sentía temor   enfrentarse al público.

El domingo en Sarao narró el relato de autor anónimo “El perrito y el niño” y reveló que su mejor arma para hacerlo fue su gusto por la actuación, la escucha y la imaginación, que es la génesis de cualquier cuento.

Su compañero Mateo López, de 15 año, alumno del Liceo Cristiano, optó por narrar “La llorona de la caleta”, historia de la tradición oral.

Para él, también participante del concurso de 2008, importa mucho la pasión por contar cuentos y una preparación  que debe incluir el apoyo de los padres en los montajes y al menos 3 horas diarias de lectura. Emily Solís mantiene su presencia y gesticulación aún fuera del tablado  para explicar que su clase preferida, en la Corporación Cultural Imaginario, es la de Improvisación teatral, con Raquel Rodríguez;  porque siempre hacen trucos y juegos que los llenan de energía y deseos de hacer  todo bien.

La joven de 12 años del Colegio San Agustín gusta de la narración del cuento “Don Chico que vuela”, del escritor mexicano Eraclio Zepeda, porque en esa historia participan todos los narradores orales infantiles y para ella ese trabajo en equipo es  muy agradable.

Jordi Proaño, de la Academia Naval Visión, de 14 años, cree en la transmisión de lo que uno siente, sobre todo la alegría, a un público que debe quedar hipnotizado por cada palabra o gesto del narrador oral y por la libertad de expresión que ejerce el “cuentero”. Ya lleva 5 años en este oficio que le ha permitido pasar de la timidez a la confianza y la soltura en escena.

Y la soltura de Shirley Ribadeneira sorprende. A sus 16 años es la mayor del equipo de “cuenteritos” y no oculta su amor por narrar  historias, lo que describe como lo suyo y una puerta a la actuación, que le encanta.

La joven admite que las clases le hicieron perder el miedo y la timidez al grupo, pararse al frente y encandilarse con la alegría del público que les pongan en frente, además del diálogo que pueda darse. Ribadeneira considera que la narración abre la mente para que uno capte más rápido y transforme lo que le enseñan en el colegio, demostrando un mayor interés en las materias.

Michael Simisterra, de  15 años, autor y narrador del cuento “Felipe, el feo” ha aprendido el oficio del teatro de su padre Jimmy Simisterra. Además es dibujante, lo que ha exacerbado su imaginación y así se da el tiempo de crear cuentos, escribirlos para no olvidarlos y contarlos para que otros también imaginen.

El joven fue uno de los 3 “cuenteritos” invitado a la Feria del Libro de Bogotá en 2011, en la que hizo varios amigos y fue tratado como un verdadero artista, invitado a contar en una estación de radio.

Los chicos de la Sub 12 llevan un proceso más corto. Desde hace  5 meses, Milena Baque, Melina y Melany Fuentes, Berlis Tuárez y William Piña, todos de 11 años, creen que la fantasía, gracias a las voces y la mímica suyas, permiten  convertir  una historia en realidad para un público que comparte su mundo.

Angie Proaño, de 13 años, del Colegio Mixto Aurora Estrada de Ramírez,  indica, en ese sentido,  que   en la clase de Narración escénica con Ángela Arboleda  descubren los errores en los cuentos para corregir y mejorar su exposición.

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