La cerámica de Ecuador es de las más antiguas

- 23 de febrero de 2018 - 00:00
El mexicano Gregorio Cortés (izq.) es originario de una comunidad alfarera del municipio de Texcoco. →Carlos Sánchez Huaringa (Perú) es director del Centro de Folklore de la Universidad Nacional de San Marcos.
Foto: Álvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

Carlos Sánchez Huaringa (Perú), Esteban Valdivia (Argentina) y Gregorio Cortés (México) participaron en Quito en los Encuentros sonoros precolombinos.

En las cuevas del volcán inactivo Ilaló, ubicado en Tumbaco, el arqueomusicólogo argentino Esteban Valdivia se ha propuesto reunir  las sonoridades de América.

Al interior de la montaña, el investigador ha montado un  taller de cerámica donde reproduce piezas prehispánicas de música, una sala multiusos y un espacio para conciertos semanales en bóvedas gigantes. Su objetivo: hacer de Ecuador uno de los mayores repositorios de la etnomusicología.

Este trabajo es parte de un proyecto mayor que Valdivia inició en 2005 al que  llamó Sonidos de América, el cual indaga en las diversas sonoridades del mundo prehispánico y reproduce instrumentos musicales que estuvieron antes de la llegada de los españoles.

El argentino Esteban Valdivia  es arqueomusicólogo y fundador de Sonidos de América. Ahora reside e investiga en Ecuador. Foto: Álvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

Junto con su pareja, con quien reside actualmente en Ecuador,  cursa un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid sobre historia y arqueología de Ecuador. La Central de Sonidos (como se denomina al proyecto de las cuevas del Ilaló) fue inaugurada el pasado 28 de enero y diseñada por  el arquitecto cuencano Juan Alfonso Peña.

“Veíamos los instrumentos en las vitrinas de los museos, pero no podíamos tocarlos, entonces uno no sabía cómo interpretarlos, por lo que empezamos a reproducir las piezas”, cuenta Valdivia en la sala temporal del Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado, rodeado de algunos objetos que ha reproducido.

El argentino reconoce que no es posible conocer ahora la música prehispánica  y no hay forma de recuperarla, pero lo que sí existe son los objetos sonoros, la mayoría hechos de cerámica, que es el material que más ha sobrevivido al tiempo y con el que más han experimentado los americanos. 

Su estudio se concentra en las sonoridades de la cerámica y en instrumentos particulares de Ecuador, como las botellas silbato, una especie de flautas que funcionaban solo con la acción del agua.

Valdivia toma una de esas botellas con cabeza resonante y, mediante un movimiento pendular, la pieza emite un sonido semejante al silbido de un ave que parecería estar escondido entre una vegetación espesa.

Estas piezas se encontraban, durante el periodo formativo, en la cultura Chorrera, y luego continuaron en las culturas Jama Coaque, Bahía,  Tolita y Guangala. Con la llegada de los Incas, este instrumento desapareció, señala Valdivia. “Así que no solamente es prehispánico, sino preincaico. Acá, en Ecuador, se encuentran los registros de cerámica más antiguos”.

Culturas de América
El mexicano Gregorio Cortés, originario de una comunidad alfarera del municipio de Texcoco y músico especializado en flautas mayas y aztecas, estuvo junto con Esteban Valdivia la anterior semana en la Casa del Alabado, donde participaron en los Encuentros sonoros precolombinos y en la presentación del libro Música y sonidos en el mundo andino, editado por Carlos Sánchez Huaringa (Perú), director del Centro Universitario de Folklore del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Cortés indica que en América hay un desarrollo musical de hace miles de años que no ha necesitado de la grafía –modo de escribir o representar los sonidos–. “Como cultura occidental hemos aceptado la transmisión de la música mediante las partituras, cuando antes no era así. Lo que sí podemos sostener es que en comparación con otras culturas del mundo, vemos que Europa sí tiene registros gráficos de hace 500 años, pero no hay un solo instrumento de la época. América, en cambio, tiene los instrumentos, pero no mucha grafía. Es al revés acá”, precisa el mexicano. 

Esta misma conclusión es compartida por Valdivia, quien durante su investigación se ha cruzado con trabas. “Ecuador, al ser la tierra de las botellas silbato, no tiene una solo iconografía de alguien tocando, pero hay miles de piezas”, reconoce el arqueomusicólogo argentino, cuya tesis de doctorado analiza la evolución de las botellas silbato, las cuales nacen como vasijas contenedoras de agua (tinajas) con una función utilitaria,  luego cumplen una función musical y, al final, se transforman en elementos rituales.

Gregorio Cortés añade que la diferencia entre las piezas que se han encontrado en Ecuador y México radica en el nivel de desarrollo. “En Ecuador tienen mayor trabajo de cerámica y son más antiguas que todas las que hemos encontrado en el altiplano mexicano. Hemos visto que las flautas que hay aquí son de percusión directa, por ejemplo”.

Carlos Sánchez Huaringa fue otro de los invitados al encuentro. Una de sus preocupaciones en este campo de estudio es la falta de formación de arquemusicólogos.

“En muchos proyectos que he participado en Perú, siempre les consulto a los arqueólogos qué han encontrado de música, y no ha habido respuestas favorables. A veces el instrumento musical te conecta periodos. Un instrumento puede generar toda una relación cultural”.  

Sánchez Huaringa remarca que “nuestros pueblos eran ágrafos. La historia misma del mundo narra la prehistoria y la historia a partir de la invención de la escritura, pero esa  es una visión eurocéntrica; no es válida para nosotros. Muchos estudiosos del folclor peruano han dicho que no necesitábamos de grafías o, más bien, nuestros tipos de grafías eran de una manera más abstracta”. (I) 

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