Sub 12 del Cuento cerró las terceras jornadas de oralidad

- 15 de octubre de 2018 - 00:00
La Sub 12 trabaja desde este año con distintos maestros para aprender a contar historias.
Foto: Jéssica Zambrano / El Telégrafo

De los creadores del Cerrito de Cuentos, se presentó en Guayaquil el tercer encuentro “Todo lo que inventamos es cierto” con narradores de España, Paraguay y Ecuador.

“En algún lugar del sistema planetario se reunirán por primera vez las integrantes de la Organización de Niñas Unidas (ONU). Su objetivo es exponer las diferentes cualidades de los territorios en los que ellas habitan, a ver si así por fin se arreglan”.

Con esta narración, en un efecto de voz en off de la maestra de cuentos Ángela Arboleda, el grupo de la Sub 12 de la beca de narración oral que entrega Corporación Imaginario, estrenó su obra “Hapablanpadopo conpo Lapa pepe”, como parte del cierre de las terceras jornadas de oralidad “Todo lo que inventamos es cierto”.

Frente al cuadro de ese hombre serio y refinado que fue Pedro Carbo, el fundador de la Biblioteca Municipal, el lugar que se desarrolla esta asamblea única en el mundo, Thais Baque, Kiara Reyes, Alejandra López, Valeria Sanlucas y Betzabeth Baque contaron al mundo (el público asistente) las peculiaridades de los países que han creado y por orgullo se han enemistado sin siquiera conocerse.

Como suele ocurrir en los plenos más sofisticados del mundo, los delegados no saben cómo ponerse de acuerdo. La traductora oficial  del grupo tuvo que intervenir para dar un breve resumen de la situación. Lo hizo con el “Glíglico” que creó Julio Cortázar en el capítulo 68 de su novela Rayuela.

Cuando terminó la introducción y volvió el caos todo se resolvió con el ritmo caribeño de “Songo le dio a borondongo / borondongo le dio a bernabé / bernabé le pegó a muchilanga / le echó a burundanga / les hinchan los pies”. Una vez que las delegados bailaron y cantaron empezaron su exposición.

Los lugares de los que provienen estas niñas tienen entre sus platos típicos arroz con chocolate, interactúan con tecnología de punta, mantienen relaciones con gente de las galaxias, esperan cada tarde la llegada de Mambrú de la guerra y hasta comen frutas de los árboles más grandes del mundo. Coinciden en que los padres de sus universos “nada de nada”.

Este pequeño grupo de cuenteras recibe clases de yoga, voz, improvisación, narración y cuentería como parte de la beca que entrega Corporación Imaginario. Trabajan en parte de sus vacaciones colegiales y cada sábado.

Las historias que contaron las tomaron de sus posibilidades para hablar con la “p”; de un texto de Virginia Woolf; de un poema dadá de Hugo Ball y de las posibilidades de crear una historia desde sus mundos particulares de niñas que sueñan con las posibilidades del diálogo. (I)

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