Una visita a la ciudad de la que nunca ha escrito

Huilo Ruales rompe con la forma y el fondo (VIDEO)

- 13 de mayo de 2014 - 00:00
El escritor visitó Guayaquil para realizar algunos talleres literarios y con ello 2 espacios culturales de la ciudad aprovecharon para escuchar sobre su trabajo en la literatura. Además del diálogo, dio cuerda al debate. Foto: Carina Acosta│El Telégrafo

Una visita a la ciudad de la que nunca ha escrito

Huilo Ruales Hualca llegó de Francia al país de la mitad del mundo, donde nació y regresa de vez en cuando para respirar el aire necesario y volver a escribir. “Allá soy un vampiro en su mausoleo, todo está muy oculto, silencioso y perfecto, como la muerte. Pero es una vida muy digna, sin mucho sobresalto, hay cultura en cantidad, pero como todo vampiro, llega el momento en que se necesita sangre y Ecuador es como una fiesta rosada, un manicomio. Aquí bebo sangre a borbotones, vengo a nutrirme. Me acaudalo de la sangre suficiente para estar allá”, dice el autor  de la reciente ‘Edén y Eva’.

Hace 2 semanas hizo parada en Guayaquil para trabajar en talleres literarios y presentarse en 2 auditorios distintos, en los que de alguna manera se puso en escena ese manicomio diverso que, dice, somos.

Su primera parada pública fue en la Universidad de las Artes, donde lo esperaban al menos 20 estudiantes de la carrera de Literatura y un par de ‘groupies’ que curiosamente lo frecuentan en Quito. Al llegar, saludó a un amigo que había desempolvado de su biblioteca una de sus primeras novelas Loca para loca la loca. “Me venderás”, le contestó Huilo, de lo que obtuvo una respuesta positiva, con la condición de que el valor por aquel objeto fuera el doble -Fin de broma-.

Uno de los profesores, que además se confesaba lector de sus obras, lo presentó para que a continuación esquematice su trabajo ante el público. Una vez que Huilo tomó el micrófono, invitó al diálogo. Llegó entonces, la segunda intervención, y a partir de esa las que le siguieron iniciaban con la excusa “nunca lo he leído”. Llegaban una tras otra y se aceleraron una vez que el escritor puso en evidencia ante los estudiantes que su formación era fundamentalmente la lectura.

“Cuando el arte se mezcla con la academia es peligroso”, desde la visión de un escritor que se reconoce a sí mismo como apátrida, la academia legitima el pasado, siempre llega tarde y no avala un saber literario que comprenda las posibilidades de ser escritor.

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En su caso, la literatura que inscribe en la contemporaneidad está llena de rupturas al poder, a lo que establece la lengua en sus normas. Huilo cree que las palabras han sido vaciadas y hay que romper límites para insuflarlas de sentido. Las palabras de sus poemas y personajes son siempre una adaptación de la forma y el fondo que los revela.

Es por eso que para hacerle honor al origen quiteño de sus recientes personajes escribe ‘Quioraes’, ‘chugcha’, ‘Kito’ o ‘ayaguashca’, con ello resalta el tono de quien practica el lenguaje en el texto e interna al lector en una semiótica distante a su geografía. Y a pesar de este antecedente, las preguntas insisten: “¿Si tuviera 17 años se inscribiría en esta universidad?”. Con un rotundo ‘no’, contesta Huilo. Finalmente, alguien le pregunta si se siente realizado. “Un escritor realizado no se es nunca; ser un escritor reconocido es más posible”, replica el autor.

Para él, la literatura es una noble manera de mentir. Desde su práctica y los trabajos exploratorios que hace, escribir es crear un mundo en el vacío, “por eso es más difícil que te enseñen a escribir a que te enseñen las técnicas”.

Este escritor, que se confiesa desarraigado, sintió que tenía que empezar con la literatura el día que lo miró un león. Un rey de la selva había llegado a Ibarra, su pueblo, pues para mala suerte del carnívoro su casa se había reducido a la reja de un circo, donde a pesar de que la carne se la servían en bandeja no era fresca, ni había tenido que pelear por ella. El actor principal del circo, parecía haber vivido 7 vidas malas, bostezaba sin colmillos, pero cuando Huilo se acercó a él, a pesar de sus 14 años, sintió con la mirada que lo conocía y tenía que contarlo.

A pesar de esa reticencia que manifiesta Huilo Ruales con la norma, sus publicaciones son constantes, casi siempre en Eskeletra editorial. Sobre esta constancia asegura que por la mala distribución que frecuentemente lleva a los interesados a buscarlo en su mausoleo francés, problema frecuente en la producción de libros a nivel nacional, siempre se promete que no volverá a publicar, pero lo convencen y accede.

“Hay una etapa salvaje que es la de la creación, ahí estás como el asesino, no estás pensando en recompensa, sino en hacer bien el trabajo. Estás preparando el revólver, las balas necesarias, el sitio en el que vas a cometer el asesinato.

El escritor se ocupa de su asesinato, ahí está el que no le falle nada. Después entra en la fase de pensar si confronta o no el trabajo con su lector, piensa si hay que dejar reposarlo un año, hasta el momento en el que dice bueno ya hay que dar el paso al editor y entras en una fase frívola, concreta. A veces es fea, por el deber de la promoción, pero es otra etapa, no escribes para eso, no deberías”, explica Huilo.

La siguiente parada fue en PalabraLab, una casa que con su propia vida ha decantado en zona de lectores. Un espacio que además de talleres literarios, es una suerte de recinto de alcohólicos anónimos, como diría Huilo, esta vez se preparaba para fungir como responsable en una reunión de padres de familia, en donde tendría que explicar las acciones de sus personajes en su última novela ‘Edén y Eva’, la primera -que en realidad es la tercera- de la serie en la que sigue trabajando, Los Kitos Infiernos.

El evento que por segunda ocasión organizaba Adelaida Jaramillo invitando a un escritor ecuatoriano intenta, bajo el título ‘Nunca he leído a’, debatir y generar más lecturas. Según Jaramillo, se trata de reconocer a quienes se han ganado un espacio en la república de las letras, no por un falso nacionalismo.

Paradójicamente, todo apuntaba a que al menos la mitad de las aproximadamente 20 personas presentes sí habían leído sus obras. La docente y crítica literaria Cecilia Ansaldo inició con las preguntas al autor, no sin antes aclarar que había leído 2 veces su última novela.

Ansaldo remarcó de ‘Edén y Eva’ el desarrollo del infierno ‘kiteño’. Para Huilo el autor es como el papá de alguien que comete una diablura, pero “el que comete la diablura es el narrador. Puedo decir que con mis manos, como Bartleby (el escribiente), escribía los textos, pero se trata también de la autonomía que logran los personajes, y es para los personajes, para aquellos que respiran Quito que no se parezca al real en el sentido de su superficialidad, sino que siendo el Quito real, sean ellos quienes se sienten en una filial del infierno”, asegura el ibarreño.

A pesar de esto, reconoce que podría pensarse que con el relato de esta novela, sobre todo de lo que se dice de la ‘Kofradía de los poetas desalados’ -gente de letras que más que escribir tiene pretensiones de hacerlo- se desprende una visión del autor sobre la literatura ecuatoriana. Ese modus operandi se remarca en uno de los personajes del Edén cuando habla del proteccionismo nacional a Pablo Palacio.

Para Huilo, esto es un poco lo que dice Witold Gombrowicz “Con la tía millonaria estamos contentos nosotros los pobres”. Huilo considera que es como se maneja el “sí se puede” en Ecuador, la evidencia de que está en tela de duda si se puede o no.

Para este autor,  sí ha existido una suerte de secreto de familia de la literatura ecuatoriana, término que en psicología se aplica cuando en las familias ha habido vivencias directas o indirectas con respecto a todo lo de la guerra y la forma de ocultar situaciones de generación en generación por vergüenza y otras consideraciones.

“En la literatura ecuatoriana, en cierto modo, yo encuentro que no ha existido una exigencia suficiente como para decir qué es lo que hemos empollado en el país, para lo cual vamos a abrir ventanas, puertas y dejar que entre toda la luz. Existe un nivel muy bajo de concesión con el que perfectamente podemos aceptar cualquier cosa bajo el supuesto de que es lo que  se está produciendo”, afirma el narrador.

Huilo Ruales es un hombre de caracteres infinitos, y a pesar de que hay quienes pueden dialogar con un acumulado de 700 palabras, eso no es un obstáculo para que pueda retratarlos. Nunca ha escrito sobre Guayaquil, pero tal vez ahora le sobren ganas de hacerlo.

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