Familias piden una reescritura de la historia

30 de enero de 2013 - 00:00

Un refrán dice que la historia la escriben quienes triunfan, no los vencidos. En esa visión triunfalista del pasado se adorna, se exagera; y se sepultan otras visiones, las de los derrotados.

Para que no se oculte parte de la historia del 28 de enero de 1912, familias que descienden de Eloy Alfaro, Ulpiano Páez, Luciano Coral, Flavio Alfaro y Pedro J. Montero, al pie del mausoleo en el que reposan los restos del Viejo Luchador, pidieron al Gobierno declarar “crimen de Estado” la muerte de sus parientes hace 101 años.

“Por nuestros muertos ni un minuto de silencio” fue el grito que retumbó en torno al mausoleo de Eloy Alfaro, que fue construido hace 6 años en el cantón Montecristi, provincia de Manabí, lugar de nacimiento del “Viejo Luchador”.

Eduardo y Soledad Puente, Fernando Coral, Eloy Alfaro (bisnieto), Alfredo Eduardo Coral, Marcela Coral Dueñas  junto a otros familiares viajaron el lunes pasado desde Quito hasta Ciudad Alfaro. Se los reconocía porque portaban en sus manos fotografías en blanco y negro de sus parientes asesinados y posteriormente  arrastrados por una turba en la capital.

Eduardo Puente Hernández, de 54 años, sobrino tataranieto de Ulpiano Páez,  cuenta que ha peregrinado desde el Penal García Moreno hasta la plaza de El Ejido cada 28 de enero, y en ese camino se encontró con otras familias que cargaban con la misma historia, se reconocieron y se convirtieron -dice- en una “gran familia” que clama justicia.

Los familiares, que no dejaron de resaltar la lealtad que profesaron a Eloy Alfaro, creen que, además de que se declare como crimen de Estado lo que terminó llamándose Hoguera Bárbara, debe iniciarse una investigación de oficio para hallar culpables y de una vez reescribir la historia.

Otro pedido es que “se excarcele” a sus parientes, a quienes de forma simbólica aún toman lista en el ex penal García Moreno. Y para cerrar la historia reclaman que se reconozca como mártires a los oficiales que acompañaron a Eloy Alfaro y se erijan bustos en la plaza El Ejido, donde reposa la imagen del Viejo Luchador, en Quito.

La ministra de Patrimonio, María Belén Moncayo, recibió el manifiesto de las familias y aseguró que se analizarán los pedidos y se les dará trámite. Afuera del mausoleo, en cambio, una gama de colores se apoderó de Ciudad Alfaro. Las 14 nacionalidades indígenas bailaban y lanzaban mensajes para el Viejo Luchador.   

“Meset”, un guerrero que da las noticias en la cultura Shuar en su idioma, dijo de una forma efusiva “Los shuaras siguen el ejemplo que dejó Alfaro. Saludos a todo el Ecuador”, según tradujo Enrique Chiriap, coordinador de la comunidad Shuar en la provincia de Morona Santiago.

Cuando se le preguntó a Enrique si conocían la historia de Alfaro, el indígena que portaba un sombrero de plumas dijo que las comunidades del Oriente fueron alfabetizadas por las comunidades religiosas y parte de esa historia no la conocen. Enrique contó además que en los últimos años se ha compartido mayor información con las nacionalidades y que están en fase de integración.

El formar parte de un acto en el que se recuerda a un personaje relevante de la historia sirve para “ser más fuertes”, precisó Enrique mientras otra comunidad seguía danzando.

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