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El Telégrafo
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Últimas críticas de Bauman apuntaron hacia redes sociales, a las que consideró 'trampas'

Bauman definió al exterminio nazi como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.
Bauman definió al exterminio nazi como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.
Foto: tomada de Pinterest
09 de enero de 2017 - 12:27 - Redacción Cultura

El filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman (Poznan, 1925) falleció ayer en Inglaterra, un año después de haber hecho una sentencia implacable para nuestra era: “Las redes sociales son una trampa”.

Bauman tenía 91 años y residía en Leeds, pero el periódico de su país Gazeta Wyborzca fue el primero en informar sobre su deceso. Creó el concepto de la ‘modernidad líquida’, el cual lo llevó a ser uno de los intelectuales clave del siglo XX, aunque su presencia en este siglo estuvo latente hasta sus últimos días debido a que nunca dejó de investigar y leer el mundo.

Durante su infancia, la familia de Bauman huyó de su país y del nazismo a la exUnión Soviética —En 1989, publicó Modernidad y holocausto, obra en la que define el exterminio como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad—. Siendo cuarentón, el sociólogo perdió su puesto de profesor y fue expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Entonces, renunció a su nacionalidad y emigró a Tel Aviv, en Israel.

La Universidad de Leeds lo acogería durante la mayor parte de su carrera, una en la que forjó una  obra que le hizo merecedor del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, en 2010, junto con su colega Alain Touraine.

Hace un año, en entrevista con el periodista Ricardo de Querol, del diario español El País, Bauman pronosticó para los indignados (los movimientos de protesta en la Europa de este siglo) una ‘corta vida’, entre otras cosas, porque “saben cómo despejar el terreno pero no cómo construir algo sólido”.

“La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común —explicaba el filósofo—. Si el propósito es negativo, enfadarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido, pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y breves”.

Bauman estaba convencido de que la identidad había sido transformada por la aparente creación de comunidades que se tienen o no y que están representadas a través de sustitutos virtuales. “La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti.

Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales”.

La calle, el trabajo eran los lugares de una “interacción razonable” para Bauman, la cual permitía tener destrezas en lo social y pertenecer a una comunidad real. “Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo”, sostenía el sociólogo. “El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa”.

De Querol, quien lo entrevistó en la ciudad española de Burgos, fue testigo de un cansancio aparente del nonagenario pensador, quien solía expresarse con calma y claridad. El cambio de siglo dio lugar a su tesis de la “modernidad líquida”, una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”. Una teoría cuyo correlato puede encontrarse en Umberto Eco, fallecido en 2016.

Su denuncia de la desigualdad creciente pese al desbordamiento de una clase media casi evanescente; su análisis del descrédito de la política a escala mundial, representada en el Brexit; el ascenso electoral de las derechas en Europa; o su visión nada idealista de lo que ha traído la revolución digital hicieron de Bauman el pensador preferido de los movimientos antiglobalización que nunca escaparon de su mira crítica.

Fue autor de La modernidad líquida (2000), la célebre Amor líquido (2005), Vida líquida (2006), La sociedad individualizada (2001), Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias (2005) a los que les precedieron La cultura como praxis (1973), La posmodernidad y sus descontentos (1997), La globalización: consecuencias humanas (1998), En búsqueda de la política (1999).

Entre sus trabajos publicados en español se encuentran Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores (2007), Vida de consumo (2007), Archipiélago de excepciones (2008), Múltiples culturas, una sola humanidad (2008), El arte de la vida (2009) y Mundo consumo (2010).

Conocido por encontrar verdades fuera de los circuitos políticos de la demagogia, Bauman dijo que “en el mundo actual, todas las ideas de felicidad acaban en una tienda” y que “los políticos usan a los refugiados en beneficio propio”. Después de Bauman, el miedo a perderlo todo en Occidente queda como el síntoma de un hemisferio que se hunde en la ansiedad de la incertidumbre. (F)

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