El Eternauta, clásico cómic argentino, reeditado

08 de abril de 2011 - 08:53

Obra cumbre de la historieta argentina, "El Eternauta" se había reeditado en multitud de ocasiones, pero nunca con el cuidado detallismo del que hace gala en la versión recién publicada por RM, que ofrece una estupenda oportunidad de disfrutar con el mítico tebeo de H.G. Oesterheld y Francisco Solano López.

Desde la fantástica portada de Jorge Alderete y pasando por el respeto a los encabezados y anuncios originales, esta nueva edición de "El Eternauta" es la más fiel de cuantas se han publicado desde 1957, año de nacimiento del cómic en las páginas de la revista Hora Cero.

El dibujante Solano López rememora los orígenes del tebeo: "Propuse una historia de ciencia ficción, pero de corte realista. Héctor parecía estar esperando que le diera aquella respuesta, y empezó a mandarme guiones más cercanos a lo literario y a lo introspectivo que a la historieta corriente".

Esos textos iniciales fueron el embrión de "El Eternauta", un cómic que narra las aventuras y desventuras de Juan Salvo, viajero del tiempo que trata de salvar a su familia de una tragedia inminente. "Juan es el típico miembro de la clase media de los años 50 en el conurbano bonaerense", detalla Solano López.

"Vive con su mujer, su hija y un grupo de amigos, dedicados cada uno de ellos a sus hobbies preferidos, con centro de operaciones en la buhardilla de su cálido chalet del barrio de Vicente López", añade el ilustrador.

La tranquila existencia del protagonista se ve truncada con la aparición de "Ellos", una cruel raza alienígena que amenaza la supervivencia de la especie humana. "Son la encarnación del mal en todas sus formas; una idea, más que una apariencia concreta, con la que nos enfrentamos a diario en la vida real", afirma Solano López.

Realizada en apenas dos años, los que transcurrieron entre 1957 y 1959, la historia es una crítica feroz contra el individualismo social, un canto a favor de la unión de los hombres para contrarrestar el avance de los sistemas antidemocráticos.

"Oesterheld decía que El Eternauta era su versión de Robinson Crusoe. El grupo humano del cómic son unos náufragos que se encuentran rodeados por la muerte, mientras que Crusoe estaba rodeado por el océano Pacífico. Ambos luchaban por sobrevivir echando mano de lo que tenían a su alrededor", analiza el dibujante.

El éxito de la historieta fue casi instantáneo, toda vez que el pueblo argentino encontró en estas páginas una suerte de mensaje contestatario a la cruda realidad que asolaba el país, sometido a continuos golpes de Estado por parte de los mandos militares.

"No fue una intención explícita por nuestra parte, pero los lectores asimilaron la ficción a la realidad trágica y negativa que comenzaba a vivir nuestro país a partir de la Revolución Libertadora de septiembre de 1955", rememora Solano López.

Guionista e ilustrador retomaron la serie en 1976, apenas unos meses después de que triunfara el alzamiento comandado por Jorge Rafael Videla. "La primera parte era más metafórica, mientras que esta segunda, con cuyo tono no coincidí en su momento, reflejó con más crudeza la realidad de los años 70", reconoce Solano López.

Miembro de la organización armada Montoneros, Oesterheld alumbró una trama con proclamas a favor de la sublevación popular. Este discurso no pasó inadvertido para el infame Proceso de Reorganización Nacional, que entre sus más de 30.000 desaparecidos incluye al autor y sus cuatro hijas -de 18, 19, 24 y 25 años-.

"Era marzo o abril de 1977, y la noticia llegó durante nuestro exilio en Madrid. Su grado de compromiso y exposición lo había colocado en la primera fila de los juzgados, desalentando nuestras ya debilitadas esperanzas", confiesa el dibujante.

La barbarie dejó una huella imborrable en el imaginario colectivo argentino, pero no consiguió que "El Eternauta" pasase al baúl de los objetos olvidados. De hecho, el Ministerio de Educación procura que nunca falte un ejemplar en las escuelas y bibliotecas públicas.

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