El documental del voyeur

"Voyeur lleva a cuestionarnos sobre los límites de la ética: es posible que el periodista crea que lo que el otro diga sea sincero...".
06 de diciembre de 2020 00:00

En 2016 el cronista y escritor Gay Talese publicó El motel del voyeur sobre el dueño de un motel que había adaptado el edificio para observar y anotar en diarios las prácticas sexuales de parejas que, sin saberlo, se aislaban para disfrutar la intimidad, allá en Denver-Colorado. 30 años de investigación derivaron en el libro que, por propio pedido del voyeurista fue publicado y terminó alimentando el interés de ávidos de lectores. Talese al principio sintió que había develado las ocurrencias de un delincuente, pero luego se desencantó toda vez que la crítica y otros periodistas expusieron ciertas fisuras en su trabajo; una de ellas la existencia de otro mirón con el que el protagonista compartía las aventuras nocturnas.

Lo anterior es el nudo del documental de Netflix, Voyeur (2017) de Josh Koury, Myles Kane. Allá aparecen Talese y el propio mirón, Gerald Foss. Así, conocemos al periodista prestigioso, un investigador de hechos y personajes, que organiza en cajones el producto de sus observaciones y redacta cotejando los datos para evitar controversias posteriores. También distinguimos al exdueño del motel, su actual vida, retirado en una casona con todas las comodidades, rodeado de fotos y recuerdos. Del primero sabemos que es meticuloso y atento. Del segundo, percibimos que pretende ser una especie de etnógrafo, que se justifica como alguien que, desde el propio lugar de los negocios del placer, intenta develar el cambio de época, el new american life que mansamente se vive en Estados Unidos. Uno, quiere destapar la faceta de un hombre acaso mentiroso, acaso interesante; el otro, es un cínico que aprovecha las cámaras, alargando la publicidad que el libro de Talese le propició.

Aunque el pretexto de Voyeur pareciera ser la relación entre periodista y delincuente que, a la final termina siendo amistosa, donde Talese demuestra haber obtenido datos y escrito un libro, y Foss haber salido del anonimato, tratando de exorcizar la morbosidad de su actitud, a la final el filme es sobre la naturaleza del mirón. Koury y Kane lo que hacen es manifestar que el periodista-reportero-cronista es un voyeur, el mirón de una realidad. Hay algo de atisbo indiscreto, de talante fisgón, de sentido observador en el periodista que realiza investigación. Aunque ello moleste a quienes sean sorprendidos en sus acciones, sabemos que detrás de tal comportamiento hay responsabilidad y compromiso. Pero ¿qué pasa cuando el observado aprovecha de que está siendo investigado y ofrece su archivo abiertamente? Voyeur lleva a cuestionarnos sobre los límites de la ética: es posible que el periodista crea que lo que el otro diga sea sincero, cuando sabemos que hay zonas oscuras que nunca se revelan a menos que haya otras miradas. Talese, en el filme, es desenmascarado, actúa, sabe que no se puede ser tan perfecto en toda investigación. Y ese es el mérito de esta película: mostrar que, ante todo, ante un terreno siempre escabroso sembrado por el criminal, lo que se busca es siempre la verdad. (O)