Hay mucho camino por andar

- 24 de mayo de 2020 - 00:00
Políticas culturales Hay mucho camino por andar
Archivo/ ET

En tres años de gobierno del presidente Lenín Moreno sigue pendiente considerar al sector cultural como productivo.

Los objetivos de una política cultural se dirigen a la ampliación de los espacios de libertad a la producción artística y las manifestaciones de la cultura, para un mejoramiento de la gestión, la producción y la comercialización de las industrias culturales.

Durante los tres años de gobierno del presidente Lenín Moreno se han desempeñado en el cargo dos ministros de Cultura. Los dos primeros, el escritor Raúl Pérez Torres y en el tercer año el cantautor Juan Fernando Velasco.

El plan de la Economía Naranja para el desarrollo de industrias culturales, anunciado en el segundo año de este mandato presidencial, auguraba la implementación de una política cultural encaminada a reconocer a este sector como productivo.

Sin embargo, las medidas que debían implementarse no han tenido para muchos la celeridad que se esperaba, lo cual se ha complicado por la pandemia del covid-19. Entre las falencias más comentadas está la relacionada con la preservación de los bienes patrimoniales que fueron llevados al edificio Aranjuez en Quito, una edificación que se encuentra en serio peligro estructural.

Durante los dos primeros años nada se hizo y recién se trabaja en la designación del lugar definitivo donde descansarán a buen recaudo esos bienes. (I)

“En Ecuador no han habido políticas culturales claras”  

 
Realmente políticas culturales claras en el Ecuador no han existido. La ley Orgánica de Cultura se ha venido reformando durante estos años. A principios del gobierno de Moreno se creó el RUAC que supuestamente serviría para ayudar a la industria cultural con descuentos en el SRI; servicio de la Seguridad Social sin pagar mensualidad sino con un aporte voluntario. Pero en el RUAC hay mucha gente fuera de la industria creativa y habría que depurarlo.

Otro de los problemas es que no se ha dado la autonomía a la CCE sino que el Ministerio de Cultura la absorbió.

La política pública podría comenzar con la autonomía de la CCE, la depuración del RUAC y el Ministerio ser un ente rector, regulador, que vele porque las distintas entidades culturales funcionen y que no sean juez y parte. La gestión cultural se ha vuelto una idea de moda y los gestores debían trabajar en el Ministerio y la CCE y velar por los derechos de los artistas, que se genere una industria artística que no hay en Ecuador.

Existen gremios de pintores, de cineastas, escritores, teatreros, danzantes, pero sin una industria como tal que, si existiera, veríamos al arte como un mecanismo para generar empleo.

Hay que dar una continuidad a los proyectos aunque cambien los ministros. El MCyP tiene mucha burocracia y debe estar en la política cultural que trabaje en el mismo gente dedicada a las artes, la literatura, la música, el teatro, que conocen las distintas necesidades de cada sector.

El Estado comenzó a publicar libros y no es justo, pues   afecta a las editoriales independientes que no pueden competir; tampoco en exposiciones, pero sí dar apoyo logístico a galerías, hacer convenios con el Ministerio de Turismo, eso debe generar política pública.

El MCyP es necesario, al margen de la discusión de quienes dicen que no hace falta. (O)

Diego Montalvo
Sección de Literatura de la CCE

"Hay un sentido productivo que es parte de lo cultural"


Al segundo año del Gobierno de Moreno parecía que se podía vislumbrar cuál era la política con respecto a los temas culturales, cuando se anunció todo este plan de Economía Naranja y de industrias culturales.

Se dijo que se iba a dar cumplimiento a las disposiciones que estaban previstas en la Ley Orgánica de Cultura: impulsar y dinamizar este enfoque más industrial y comercial de la producción cultural.

Sin embargo, eso no fue acompañado de un conjunto completo de medidas para promover una industria y no estuvo pensado a nivel mesoeconómico diferenciando las necesidades de cada sector.

No se terminó de completar ese plan de fomento de la industria, no se ve una intención de salvar el capital duro que tienen las empresas o los colectivos que hacen cultura porque hay un capital tangible en los espacios y uno intangible que también se puede desmoronar.

La cultura tiene una dimensión productiva, todas las actividades culturales son económicas que requieren de una transacción, de insumos, concretarse materialmente, no todas están dirigidas al ámbito comercial, pero forman parte de la larga cadena de producción. Hay un sentido productivo que también es parte de lo cultural, sobre todo si tenemos que hablar en términos de industria.

La política tomó otro giro lamentable cuando el MCyP avaló el programa de la dirección cultural de la Presidencia que es Arte para Todos con una visión precarizadora y asistencialista de la cultura.

Sigue habiendo silencio respecto al tema de la memoria, con lo qué va a pasar con los repositorios, con los bienes del edificio Aranjuez, cómo se va a defender el presupuesto para esos otros ámbitos que son parte de la cultura, cómo se está tratando  la conservación del patrimonio durante la emergencia, en  esto se ve una ausencia de política. (O

Gabriela
Montalvo
Investigadora y analista

“Debemos enfocar al sector cultural como económico”  


Siempre hay políticas culturales, pues son el conjunto de acciones que se hacen o deben hacerse y básicamente lo que hemos buscado es por un lado garantizar el acceso de la ciudadanía a insumos artísticos y culturales.

Las acciones han estado claramente determinadas a, por ejemplo, reabrir nuestra Biblioteca Nacional que ya tiene su sede después de un convenio con el alcalde de Quito para que se nos entregara en comodato el antiguo Centro Cultural Eugenio Espejo.

Tendremos a buen recaudo este mismo año las reservas patrimoniales que están en altísimo riesgo en el edificio Aranjuez, no se habían tomado decisiones y las hemos encarado con el reto enorme de encontrarles el lugar adecuado.

Hemos logrado reabrir museos como los de Loja, Ibarra, cerrados al público durante mucho tiempo, es fundamental entender la relevancia de tener estos repositorios abiertos al público y eso ha sido parte de nuestra política.

En la perspectiva de la política pública respecto al quehacer del arte y la cultura llegamos con la clara convicción de que debemos enfocar a este sector como productivo, económico, donde los artistas y gestores culturales y quienes trabajan alrededor son trabajadores como cualquier otro.

El RUAC se ha convertido en una herramienta fundamental dentro de la política pública, nos ha permitido generar protocolos para los artistas de la música el Día de la Madre que replicaremos en otras fechas. La misma necesidad le va a ir dando mayor utilidad y al mismo tiempo requerirá de una evaluación permanente para irlo depurando.

Para este año hemos diseñado un plan de contingencia que en su primera etapa busca de alguna manera solventar la emergencia económica que supone a un sector prácticamente paralizado con pérdidas entre los $ 20 y $ 30 millones al mes. (O)

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