Cultura: superando obstáculos durante la pandemia

Después de mi primera clase de baile en línea, que cambió mi manera de pensar, algunas lágrimas rodaron.
30 de diciembre de 2020 00:00

Priscila Ramos, bailarina y propietaria de la Academia de danzas Priscila Ramos 


"Soy Priscila Ramos, bailarina y maestra de danza dedicada a formar bailarinas en diferentes géneros por más de 20 años, con 5 sucursales a nivel nacional. A lo largo de mi carrera artística he vivido experiencias maravillosas, viajes inolvidables; actualmente, estamos viviendo una pandemia que nos ha marcado y cambiado la vida.

Todos veíamos las noticias para conocer cómo se avecinaba la pandemia, entonces me preguntaba: ¿Una pandemia? ¿Llegará a Ecuador? 

En el momento menos esperado el Gobierno decidió ponernos en cuarentena. Yo estaba confundida, sin saber qué hacer ni qué medidas tomar en cuanto a mi negocio. Empecé entonces a pensar en otras alternativas para continuar mi negocio. 


Los días pasaban y entre colegas nos comunicábamos, preguntándonos unos a otros, ¿qué debíamos hacer?, ¿seguiremos?, ¿dejaremos que la danza se apague? 

Entonces se me ocurrió la idea de dar una clase abierta por Facebook; fue justo en ese momento cuando todo empezó.  




Después de mi primera clase en línea, que cambió mi manera de pensar y de sentir sobre las clases de danza, algunas lágrimas rodaron sobre mis mejillas. Por tristeza, por impotencia o quizá de alegría, al ver tantas niñas conectadas. Casi 200 personas conectadas en mi clase. 

Amigos que se habían quedado atrapados en el extranjero me enviaban videos de la clase que habían tomado y mis niñas me llenaban de mensajes llenos de cariño porque estaba naciendo una nueva forme de enseñar a danzar, bailar desde casa. 

A raíz de la experiencia vivida empecé a investigar la mejor opción para dar clases en línea: busqué plataformas que me permitieran ver a las niñas en el proceso enseñanza-aprendizaje. 

Después de investigar y realizar pruebas con algunas de ellas elegí la herramienta Zoom como una alternativa viable; empecé a estudiar la plataforma y sus herramientas, capacité a los profesores, fuimos una sola fuerza, un solo equipo que tenía una nueva misión: ¡no dejar de bailar!


Mi casa se convirtió en mi escuela y mi sala en mi salón de clases; tenía todo un estudio armado para poder llegar a mis niñas que estaban atravesando momentos muy duros en sus hogares; teníamos la responsabilidad social de levantarles el ánimo con lo mejor que sabemos, bailar, y logramos transmitir nuestro mensaje de optimismo y fortaleza.  Entonces...




Empezamos con clases gratuitas para que nuestras alumnas se adaptaran a esta nueva modalidad de clases virtuales; y nosotros, los maestros y yo, nos capacitamos para ver la mejor manera de llegar a nuestros estudiantes, pero la crisis económica seguía en aumento: padres de familia desempleados, negocios cerrados y crisis emocional fuerte para todos. 

Tomé la difícil decisión de cerrar mis escuelas, entregar locales y despedir personal; con el corazón partido y afligido pasaban por mi mente todos esos 21 años entregados a la danza; truncada la formación de bailarines, sin tener más opción que cerrar las puertas de nuestra institución en modalidad presencial. 

Pero cuando esto ocurría al mismo tiempo y de manera simultánea nacía nuestra escuela on line; en mayo lanzamos el programa en esta modalidad, con precios realmente módicos y con el objetivo de que ninguna alumna se quedase sin tomar sus clases de danza, teniendo una gran acogida por parte de nuestras estudiantes. 






En la actualidad, tenemos alumnas de diferentes ciudades del Ecuador y del mundo, rompiendo fronteras y aprovechando todas las ventajas que la tecnología nos brinda.

Fue muy duro adaptarnos a esta nueva normativa; aunque nuestros ingresos bajaron, hemos podido sobrevivir a esta crisis mundial. 


Ahora hacemos eventos virtuales a través de redes sociales donde nuestras estudiantes pueden demostrar su talento y todo lo aprendido en clases, haciendo de sus hogares su mejor escenario y trabajan en equipo con sus familias. Ellos son su mejor público, con la convicción de que todo lo que se hace con amor y dedicación tiene sus frutos. 

La pandemia nos separó, pero la tecnología nos unió.


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