Circo de Venezuela trae a Guayaquil la fantasía y el vértigo

- 12 de octubre de 2018 - 00:00
Son diez integrantes del Circo Nacional de Venezuela los que participarán en la obra Para morirnos de otro sueño.
Foto: Cortesía del Circo Nacional de Venezuela.

'Para morirnos de otro sueño', basada en el texto del poeta Reynaldo Pérez, es una pieza circense que ofrece sensaciones oníricas en el desarrollo de las acrobacias.

Un circo de sombras, de sensaciones, de un sueño al estilo de Lewis Carroll o como el de la Alicia del cuento. Así describe Jericó Montilla, integrante del Circo Nacional de Venezuela y directora de la pieza circense Para morirnos de otro sueño que, por primera vez, se presentará en Guayaquil.

Esta puesta en escena que se realizará el viernes 12 de octubre y el domingo 14 de octubre, a las 20:00, en la sala José Martínez Queirolo, de la Casa de la Cultura del Guayas, contará con un elenco de 10 artistas que desarrollarán todo tipo de malabares, como slakline (equilibrio en cuerda), mástil chino, lira, ulas, fajas, contorsiones y demás acrobacias.

La pieza no sigue el hilo de una historia, en cambio, sí presenta varios cuadros basados en el texto del poeta venezolano Reynaldo Pérez, propulsor de la poesía silente y contemporánea de su país.

“Quisimos hacer un montaje diferente a lo que hemos hecho antes (...) esta vez quisimos indagar en una puesta un poco más irreverente e incisiva. Es un circo que envuelve al espectador en atmósferas, en una onírica que no es tan importante contar algo, sino que el espectador sienta y se encuentre con un imaginario interno, que al ver una escena  pueda interpretarla desde sus sensaciones”, manifiesta Montilla.

Esta obra, que han presentado en el territorio venezolano hace más de cuatro años, se trabajó con el elenco bajo la búsqueda de su propia identidad. Una iniciativa de José Palacios -quien también actúa- y que sugirió la conexión con el silencio, el vacío o con el sin sentido alejándose del circo tradicional sin dejar de mostrar sus pericias.

Montilla asegura que este trabajo surgió de la búsqueda como artistas venezolanos desde un circo mestizo, uno que describiera su idiosincrasia y manera de vivir diferente a la de un artista de Europa o Estados Unidos. “Porque tenemos otras realidades, cuerpos, contexturas y maneras de movernos a lo latino”, dice.

Nicky García, productor y director de la compañía circense, comenta que el montaje es bastante onírico y que la dramaturgia está basada en signos y se juega en un espacio simbólico.

“Hay un personaje en la obra que evoca de alguna manera el sueño y es una dramaturgia que tiene que ver mucho con la destreza y la pericia circense”, opina el artista.

Agrega que pese a ser un espectáculo contemporáneo las técnicas buscan una complejidad que es lo que le otorga su fascinación.

Megan González, Carlos Ramírez, José Palacios, Fernando Jiménez y Daiver Montilla son los artistas que dibujan con acrobacias esta obra venezolana.

“Fue un tema introspectivo, un poco más orgánico, un tema oscuro que tuve que investigar un poco la corporalidad para poder interpretar en este montaje”, dice Megan González, quien interviene con un número de equilibrio creando figuras con un compañero y en otro cuadro con dos a cuatro hula-hulas.

Algo parecido opina su colega Fernando Jiménez, quien presenta un número en el que emplea la bola de cristal y en otro desarrolla acrobacias con el mástil chino.

Este último significó un reto para él por el concepto contemporáneo de la obra que rompe el formato tradicional y la asociación de las disciplinas, en una estética diferente al teatro convencional. (I)

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