Una cinta revela el vínculo humano con la naturaleza

- 28 de octubre de 2018 - 00:00
Ñaupany Puma es un Huillac Huma o también llamado sacerdote solar, que tiene poderes de sanación espiritual.
Foto: Cortesía de Ñaupany Puma

"La profecía de Munay" narra el viaje místico del sacerdote solar, Ñaupany Puma, con un grupo de peregrinos que van en busca de la sanación espiritual.

Ñaupany Puma nació con el don de la sanación. Originario de la provincia de Orellana, desde temprana edad fue considerado un chamán por su poder de predecir e invocar a un ser superior para dar paso a la cura espiritual.

Por ello se autodenomina un Huillac Huma o también llamado Sacerdote Solar por la sabiduría heredada de su linaje incaico.

A sus 40 años lleva un vasto recorrido de experiencias trazadas en varios continentes, ya sea para su propio aprendizaje o para entregar su mensaje a ciertos seguidores que lo han buscado o acompañado en su camino.

Ñaupany Puma es un Huillac Huma o también llamado sacerdote solar, que tiene poderes de sanación espiritual 

Para la cinta La profecía de Munay, invitó a un grupo de extranjeros que fueron en busca de solución a sus problemas (foto).

Sus conocimientos no se limitan a los dotes ancestrales, como descendiente de la antigua civilización Inca, también es un artista que manifiesta su talento en libros, música y ahora en su tercer tesoro cinematográfico, La profecía de Munay, estrenada este fin de semana en salas de los cines nacionales.

El documental narra el peregrinaje de un grupo de seguidores de varias nacionalidades a quienes dirigió hacia varios puntos de Ecuador, con el objetivo de encontrar respuestas y soluciones en la naturaleza para subsanar problemas personales.

La cinta se desarrolló en tres centros de energía, ubicados en la Costa, Andes y Amazonía ecuatoriana. Un camino en el que literalmente vivieron de la naturaleza; transitando las montañas, cruzando ríos, tomando baños en algún lago, comiendo de las entrañas de la misma madre tierra y hasta arropándose con las estrellas, ya caída la noche.

La ruta mostrada en el documental comprende 3 centros de energía ubicados en la Costa, Andes y Amazonía de Ecuador (foto)

“No hay diferencia en el mensaje que propago en las películas, porque todo lo que hago en el arte lleva un propósito, que es ayudar a las personas a que encuentren claridad en su vida”, puntualiza este miembro del Círculo de los Sabios del Planeta.

Junto con su esposa e hijo, más un alemán, un colombiano, dos quiteños y cinco personas de producción, Ñaupany presidió este viaje donde experimentó decaídas, pero también satisfacciones y agradecimientos.

“Ellos dijeron al final que mejoraron y encontraron el camino de su vida”.

El despertar

Las meditaciones de Ñaupany con el padre Sol y la madre Tierra le permitieron profundizar sus conocimientos en diversos viajes que ha grabado en otras dos cintas.

Pachakutec, tiempo del cambio, fue el documental que realizó junto a Anya Shmidt, para mostrar su conexión con los elementos de la naturaleza y otras comunidades en pro de la sanación. En esa película viajó hacia Perú y otros territorios enlazados con la ruta incaica.

Peregrino, hijo del sol no se diferencia mucho de la anterior, pues también expone su forma de meditar, del modo de caminar en su interior, además de evidenciar ceremonias, rituales y charlas que realiza con otros sabios como él, de otras tribus.

La Profecía de Munay, en cambio, tiene un mensaje que los ancestros incaicos comunicaron hace 500 años. “Se decía que venía un caos completo cuando el hombre se separaría de la naturaleza, donde el humano va a crear un mundo sin naturaleza, lo cual lo va a hacer separar de sus raíces”, indicó el director.

La consigna apareció a través de una visión, durante una noche mientras celebraba una ceremonia: “Veo que la Luna me calentó el cuerpo, tres días no pude dormir, solo pasaba viendo una película, en realidad vi tres, en una de estas vi cómo yo estoy nuevamente trabajando y produciendo una cinta y entendí que era una tarea nueva”, contó Ñaupany.

Recalcó que el público será testigo de la transformación que puede verse en los rostros de su equipo integrado por camarógrafo, sonidista y dos técnicos asistentes, al igual que en los peregrinos que lo acompañaron.

Una parte del cambio de semblantes, tanto en los protagonistas como en el equipo técnico, fue marcado por lo que significó el retiro: transitar sin agua, electricidad, dispositivos móviles, televisión y hasta música.

“Todos aceptaron pero cuando empezamos a cruzar ríos cargando máquinas comenzaba a notarse en sus rostros cómo cambiaban. Yo notaba una alegría como una película y nos apoyábamos en la naturaleza, de pronto, noté cierta tristeza de miedo, tal vez de alejarse tanto de lo que vivían”, recuerda Ñaupany.

El desafío se centró en lograr que los viajeros soporten subir al Chimborazo, hasta 3.000 m y bajarlo, intentando enfrentar las adversidades físicas que los cambios de clima producen.

“Utilicé secretos antiguos para poder cubrirle el espíritu y pasarle mi energía a una de las viajeras, porque yo sí estoy acostumbrado, pero ella no. No sé cómo pero ya al bajar a la ciudad, al final, ella lo logró”, relató el maestro sobre esta gran hazaña.

La cinta, que tiene como voz protagonista al mismo Ñaupany, permite al público ser testigo de la conexión espiritual que logra el grupo con la madre naturaleza.

Es un filme que está disponible en todas las salas de cine del país. (I)

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