El Pase del Niño de Riobamba recibió certificación

- 18 de octubre de 2018 - 00:00
La actividad es considerada patrimonio inmaterial del Ecuador. Las máscaras son elaboradas por los pocos hojalateros que habitan en Riobamba, uno de ellos es Arcángel Valdivieso, de 42 años.
Foto: Elizabeth Maggi / El Telégrafo

Curiquingue es el ave andina sagrada que honraba al dios Sol con sus movimientos en círculos. El diablo sonajero surgió como una expresión de rebeldía.

El Pase del Niño es considerada la mayor manifestación cultural religiosa de Chimborazo, los rituales y actos que envuelven a esta festividad -que ha cautivado a miles de personas no solo del país sino del mundo- son algunos de los puntos clave para que sea considerada patrimonio inmaterial de Ecuador.

En diciembre y enero no es raro encontrarse con estos eventos que llenan las calles de Riobamba con música y color; sus principales personajes suelen llamar la atención por lo que muchos buscan fotografiarse con ellos.

Los bailarines, quienes deleitan al público con sus movimientos sincronizados, también forman parte directa de las tradiciones que envuelven al Pase del Niño.

Por ejemplo, el Sacha Runa que simboliza el espíritu del hombre en la montaña, protector del páramo y de los animales, por tradición debe ser representada por el varón de la familia.

Curiquingue es el ave andina sagrada que honraba al dios Sol con sus movimientos en círculos; esta se viste de blanco con enormes alas de colores y en su mandil blanco se expone el nombre de los priostes o la imagen del niño Jesús.

Mientras que el danzante rinde culto a los dioses Sol y Luna, en el baile también se observa a otros personajes como el payaso, quien representa la alegría de este homenaje. Junto a él siempre suele estar el perro, que es el guardián del Niño.

En la parte posterior del baile se ubican los vasallos, quienes simbolizan la servidumbre de los reyes y que a manera de embajadores acompañan el recorrido del Pase.

El diablo sonajero surgió como una expresión de rebeldía, puesto que a la llegada de los españoles se impuso la imagen de Dios como la representación del bien. Fue así que la servidumbre empezó a disfrazarse de diablo como una manera de identificarse con un ser malévolo.

Las máscaras que utiliza este último son elaboradas por los pocos hojalateros que habitan en Riobamba. Uno de ellos es Arcángel Valdivieso, de 42 años, un artesano que pese al tiempo y al ingreso de nuevos materiales no ha dejado a un lado su labor.

“No podemos abandonar lo que es propio de nuestra tierra, siempre debemos buscar la manera de subsistir. Diciembre es el mes en el que la gente reconoce nuestro trabajo porque busca mantener vivas las costumbres”, señaló Valdivieso.

Cada año el Municipio de Riobamba recibe de 500 a 1.000 solicitudes de organizadores que buscan un cronograma para participar con estos actos, y así expresar lo que ellos llaman “devoción y agradecimiento por las bondades recibidas”.

Esta manifestación cultural alberga el sentimiento y la fe de los riobambeños y sus creencias religiosas, además envuelven entre sus participantes la historia de la Sultana de los Andes y las costumbres que han traspasado el tiempo y que han sido compartidas por generaciones.

La realización de un Pase del Niño involucra más que la voluntad, “se configura como un deber sagrado, ya que debe hacerse cada año con la mayor dedicación posible”, manifestó la antropóloga Patricia Bonilla.

En el marco de este acto religioso también resaltan los priostes, que al organizar la fiesta reciben la ayuda de colaboradores, o llamados jochantes, los mismos que aportan con contribuciones de toda índole, entre ellas, regalos, ofrendas, comparsas, que permiten que la manifestación sea completa.

El Pase del Niño -a más de ser un acto de religiosidad- ha dinamizado la economía local, satisfaciendo así las necesidades económicas de forma directa e indirecta de las personas que ofertan algún bien.

“Para nosotros diciembre es el mes que nos permite recuperar lo que no se hace en el año; el alquiler de disfraces, sin duda, se mueve y nos hemos apegado a toda la tradición para sacarlos tal como dictan las costumbres”, dijo María Lara, propietaria de un centro de ropa típica.

Debido a ello muchas personas consideran que El Pase del Niño debe ser consolidado como un atractivo turístico, pues los observadores suelen llegar desde distintas provincias para participar.

“Es todo lo que envuelve el acto, la ropa de sus personajes, la música que por lo general es tocada por bandas de pueblo, su representación y cómo dinamiza la economía local es una muestra de su importancia; por ello se ha considerado otorgar esta certificación”, indicó Diego Villacís, director zonal del Instituto de Patrimonio Cultural (INPC). (I)

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