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El Carmen Bajo recupera el antiguo encanto de sus piedras y maderas

El Carmen Bajo guarda una gran riqueza patrimonial. Uno de los atractivos principales es el espléndido belén que está formado por más de 500 piezas de carácter religioso y costumbrista.
El Carmen Bajo guarda una gran riqueza patrimonial. Uno de los atractivos principales es el espléndido belén que está formado por más de 500 piezas de carácter religioso y costumbrista.
Foto: John Guevara / El Telégrafo
26 de diciembre de 2019 - 00:00 - Redacción Cultura

El monasterio El Carmen Bajo, en el Centro Histórico de Quito, fue intervenido por un grupo de 27 voluntarios bajo la supervisión técnica del Instituto Metropolitano de Patrimonio. Al término de los trabajos de refacción también fue iluminado el belén que guarda esta edificación, el cual está considerado como uno de los más completos y originales del mundo.

Ubicado en las calles Venezuela y Olmedo, muy cerca del corazón del Centro Histórico de la capital ecuatoriana –Patrimonio Cultural de la Humanidad–, el conjunto arquitectónico formado por el convento y la iglesia El Carmen Bajo está regido por la orden religiosa de las Carmelitas Descalzas.

La historia de este sitio se remonta a 1705 cuando la comunidad de las carmelitas emigró a Quito tras evacuar su sede de Latacunga donde se habían establecido en el siglo XVI. El traslado a la capital de la entonces Real Audiencia de Quito se debió a la destrucción del templo por el violento terremoto de 1698 que asoló a la mencionada ciudad andina.

El obispo Paredes alentó la construcción de la iglesia en el sitio que hoy ocupa. Desde 1706 estaban levantados los claustros y el templo se fue edificando paulatinamente en la medida que crecía el vecindario de la zona, hasta que terminaron los trabajos en 1745, fecha desde la que ya se puede hablar de El Carmen Bajo moderno.

En las puertas de madera de la fachada muchos especialistas encuentran trazos moriscos e indígenas y en el retablo principal donde se ubica el altar mayor figura en lugar prominente la Virgen del Carmen. Según los registros históricos, la esfinge fue tallada por la madre María Magdalena Dávalos y Larráspuro, considerada como una de las pocas mujeres artistas de la época colonial quiteña.

Según Mariela Soto, coordinadora de responsabilidad empresarial de DirecTV, al frente del grupo de voluntarios, las acciones que recibió este conjunto patrimonial en el segundo semestre de 2019 comprendieron “la pintura de la fachada de la calle Olmedo y Manabí, el rasqueteo y barnizaje del piso de madera de la segunda planta y la limpieza general de los exteriores y de la cripta”.

Unida a esa labor de refacción, añadió, se procedió a “la iluminación de los campanarios, el cambio de polea en la cúpula, la colocación y distribución de plantas, así como del césped en el patio principal”. Finalmente se trabajó en la iluminación del belén que está compuesto por un gran número de figuras de cerámica y madera policromada talladas en la época colonial.

La hermana Marcia, en nombre de su congregación formada por 11 religiosas, recordó la antigüedad de la Orden de las Carmelitas Descalzas, que fue fundada por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz en 1562.

Destacó y agradeció el trabajo de los voluntarios, quienes, dijo, “la mayoría pisaba por primera vez un monasterio” y se refirió elogiosamente a “la orientación de los funcionarios del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), entidad que recibió la ayuda empresarial con el consiguiente alivio al presupuesto de la institución pública”.

La religiosa recalcó que están conscientes de la importancia que tiene el patrimonio cultural de la humanidad y que el monasterio forma parte de él. En nombre de sus compañeras reafirmó el compromiso de que, a la par de desarrollar las actividades propias de su fe, tienen la responsabilidad de “conservar esta riqueza del país y de la Iglesia ecuatoriana” que ha sido guardada celosamente allí desde el siglo XVIII.

Recordó que el monasterio tiene una gran importancia porque contiene las piezas arquitectónicas de la Escuela Quiteña que agrupó a escultores como Legarda, Samaniego, Caspicara, etc. Destacó que las piezas están talladas cuidadosamente, “lo cual les da ese valor esencial y, sobre todo, el belén que es un conjunto de piezas valiosas por la época colonial en la que fueron concebidas, así como por su significación espiritual”.

“La fusión de esas dos corrientes hace posible la belleza de este belén que no se encuentra en ninguna otra parte del mundo”, destacó la hermana Marcia. El belén contiene escenas bíblicas, como el nacimiento de Jesús, su presentación en el templo, la visita de María a Isabel, entre otras.

Durante las protestas realizadas en octubre, los exteriores del convento y de la iglesia sufrieron daños, puesto que fueron extraídas piedras de su histórica fachada y entrada principal para ser utilizadas como proyectiles.

Las piedras que procedían de la zona del Pichincha lograron ser recuperadas y los voluntarios aprovecharon para limpiar el material del hongo y el moho como consecuencia de estar expuestas al humo de los carros y la intemperie, lo cual devolvió al material su tono original.

Conviene recordar que el tesoro patrimonial de este sitio estuvo oculto durante muchos años hasta que en 2018 se decidió mostrarlo para que el público pudiera apreciarlo en toda su dimensión.

Durante la celebración del 350 aniversario de la fundación de la Orden de las Carmelitas Descalzas, en septiembre de 2019, las religiosas junto al IMP organizaron finalmente un evento con el objetivo de involucrar a todos los quiteños. En esa fecha se mostraron los, hasta entonces, secretos del lugar en un recorrido único por los bajos del claustro, oportunidad que no se ha repetido. (I)

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