Solange Rodríguez Pappe lidia con la gravedad a través de las ficciones

- 28 de noviembre de 2017 - 00:00
→La autora guayaquileña obtuvo el Premio Matilde Hidalgo de Prócel 2017 por sus 20 años de trayectoria como docente en el campo de la Literatura.
Lylibeth Coloma / et

→La escritora y docente guayaquileña presentó su más reciente libro de relatos, al que llamó Levitaciones. Se trata de una autopublicación que recoge textos breves que funcionan como ejercicios previos a los cuentos de largo aliento.

Los personajes de los microrrelatos de Solange Rodríguez Pappe (Guayaquil, 1976) son casi siempre mujeres en situaciones de tensión, seres que hurgan en su vagina y encuentran restos de amores olvidados. También son mujeres acusadas y otras que recorren laberintos en busca del hombre que les prometió esperarlas. Hay mujeres que se someten a autopsias, que se enfrentan a sus propios cadáveres y, a veces, aparece alguna historia que no pueden terminar de contar.

Estos personajes son parte de los relatos de la última publicación de la autora guayaquileña, Levitaciones.

Con el título alude a la costumbre de darle un nuevo nombre a los microcuentos. Si hay nanorrelatos, ficciones de tazas de café o ficciones súbitas, los suyos, en cambio, son ‘levitaciones’ porque los considera pequeñas salidas de la realidad.

“La idea es mantenerme en el aire, pero tengo que volver a caer. Estos son ejercicios de experimentar otro estado y luego volver a la realidad”, dice Rodríguez en una entrevista con este Diario, un día antes de su cumpleaños y de entrar a clases en la Universidad de las Artes, en la cual es docente.

Los relatos del libro están divididos en 3 bloques: La encantada, una serie de ejercicios de la imaginación; El cuarto de los esqueletos, que son relatos sobre la muerte y el cuerpo; y Hotel La Tradición, pequeños ensayos sobre el ejercicio de escribir, levitar y la posibilidad de retener el aire en ello. La construcción de estos relatos son ejercicios previos a cuentos de largo aliento. Son parte de su proceso creativo, una forma de exponer su trabajo antes de dar con el texto final.

“Pero esto no es un jueguecillo – dice la autora–. Leo y creo que he logrado un proceso de escritura bastante bueno, tengo que ser consciente de lo que realizo. Sé que hago buena literatura  porque no solo abordo la teoría, sino la literatura desde la teoría. He dado clases hace 20 años y tengo una hiperconsciencia del proceso de creación. En estos dos bandos te cuesta mucho mantener los límites pero, al menos, sé que no estoy tan zafada”.

Expresiones

La autopublicación surgió como una necesidad de contar, de exponer el trabajo hecho, luego de asistir a un congreso sobre microliteratura en México, en el cual había gente de todos los países de América Latina que se expresaban a través de este género.

“Yo no espero gran cosa (con esta publicación), no espero ganar el Joaquín Gallegos Lara. Hago esto porque lo tengo que hacer, tengo que pasar de un lugar a otro, limpiarme y en el camino realizo estos ejercicios”, dice Rodríguez.

Además, este proceso de escoger por sí misma el formato de su libro y su tiraje es una manera de tener poder sobre él, algo que se pierde cuando una editorial asume la publicación y su distribución. “La gente tiene mucho miedo de autopublicar  porque piensan que lo vas a plagiar o porque eres más escritor que otro si una editorial se interesa en ti, como que alguien te ha elegido”, añade la autora.

Rodríguez ha autopublicado y ha ganado concursos como el Joaquín Gallegos Lara, en 2010; publicó el libro de cuentos Balas perdidas con una editorial peruana y Fantasmas entre letras con una casa colombiana. En ningún caso ha tenido ‘los mejores resultados’. Dice con experiencia que al publicar con alguna editorial se pierde el control de su propia creación.

“Hay autores que no tienen ni sus propios libros. No puede ser que uno, siendo autor, no tenga acceso a sus textos, o que vaya a una biblioteca y digan que no hay. Tengo aún un par de copias de mis ediciones y no las suelto ni de broma. Uno pierde el control y, si alguien me pide para leerlos, tengo que comprarlos. Hay un juego absurdo, porque   no se reeditan ya que la gente quiere novedades”.

Cuando Rodríguez empezó su trabajo con la ficción, el tallerista y escritor Miguel Donoso Pareja le dijo que ella no necesitaba más talleres, que solo requería escribir más y hacerlo con disciplina. Tal vez esa disciplina aún esté en formación. Con el ejercicio de la escritura la autora sabe más de lo que quiere y le interesa escribir, a pesar de que su proceso es paralelo a las formas que tiene para subsistir, como la docencia. Y no es de las que se sienta a escribir meticulosamente un par de horas diarias.

“Creo que la edad me da más gravedad. En los cuentos largos soy grave, aquí he intentado levitar. Tengo que librarme del proceso de la gravedad, pero tengo que hacerme cargo, porque no hay forma de librarme de eso”, dice Rodríguez.

Ella, a quien muchos la conocen como Hembra Dragón, porque es la dirección de su mail y un seudónimo que surgió con la publicación de Dracofilia, considera que es más simple que el peso que le da su apodo. Aunque, a veces sí es más Hembra Dragón que Solange Rodríguez Pappe. (I)

Lo fantástico

Autora de lo extraño

→Escritora especializada en el género de lo extraño; ganadora del premio nacional Joaquín Gallegos Lara al mejor libro de cuentos en 2010 con Balas perdidas. Ha sido cronista, activista cultural, conductora de talleres de escritura y docente. (I).

3 bloques conforman el libro: La encantada, El cuarto de los esqueletos y Hotel La Tradición. (I)

Palmarés

→ Rodríguez tiene una maestría en Estudios de la Cultura, mención Literatura  por la Universidad Andina Simón Bolívar. (I)

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