Juan Romero Vinueza: “Lo solemne no hace que un poeta sea mejor que otro”

- 02 de agosto de 2018 - 00:00
Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

La editorial Turbina presentó 39 Poemas de mierda para mi primera esposa, del autor quiteño que hace dos años usó una metáfora “venenosa” para su primer obra, Revólver Escorpión.

Anoche, el escritor Juan Romero Vinueza (Quito, 1994) presentó 39 Poemas de mierda para mi primera esposa (Turbina, 2018). El libro contiene humor, algo que escasea en la literatura ecuatoriana, y cuya escritura conlleva ciertas renuncias.

Luego de hacer una pausa en sus trámites para viajar a México, el autor explica que a los latinoamericanos nos cuesta dejar de tomarnos en serio, en especial a los artistas, aunque “no es necesario que para crear tengas que ser trascendental; hay que buscar estéticas, romper otras”.

¿Se han reducido los espacios para la poesía actual?

En realidad, en toda la historia de la literatura ha habido ciertas cosas no aceptadas. La de César Vallejo, por ejemplo, sigue siendo una propuesta extraña. Cualquier lector que empiece a leerlo se preguntará “¿qué es lo que escribe?, ¿poesía?, ¿un chiste, qué?”.

Hay cierta corrección política últimamente, sí, pero no creo que eso limite; si la sabes utilizar te da más material. Hay que saber romper eso con la ironía, el humor, el sarcasmo hasta cierto punto, como hace Mario Montalbetti pese a ser un lingüista, un intelectual.

Otro autor importante en ese sentido es Diego Maquieira que, en La Tirana (1983), ya nombró “La Chile”, “La Estados Unidos”. Una forma de ver el mundo, creo, no es la única alternativa. Hay varias; el lenguaje es la posibilidad infinita.

¿Haría una edición de sus versos en lenguaje inclusivo?

Algunas cosas de eso son válidas, otras no. Por ejemplo, que se cambie presidente por presidenta está bien, pero a veces se llega a cosas absurdas, olvidamos que esto tiene que ver con la lengua hispana y a veces se exagera. Lo que mejor podría hacer con el lenguaje inclusivo es lo que me gusta: usar el humor, como recurso para hablar de lo “correcto”. El lenguaje sirve para jugar y de lo que no se puede huir es de los derechos.

¿En qué momento decidió incorporar el humor a lo escrito?

Una de las primeras carreras que quise seguir fue la de Sicología (estudió Literatura), pero hubiera tenido el problema de que si alguien iba a mi consulta, con un tema risible, le haría bullying, se me escaparía un comentario poco pertinente para esa situación. Eso me pasa al escribir, es un poco involuntario: releo algo y veo que se escapó una ironía, algo sarcástico, sin querer.

“Me siento como el analfabeto poético / que siempre termina sus poemas / burlándose de sí mismo”, escribió en “un poema extranjero”...

Hay bastantes lugares en este libro donde me burlo de esa manera. Esa autoparodia sirve porque si no puedes ser irónico contigo mismo, será muy difícil hacerlo con otras personas.

Y hay poetas que se toman demasiado en serio a sí mismos...

Son seres humanos y como tales son falibles, ridículos y llorones aunque algunos puedan tener sus títulos a cuestas. De hecho, la mayoría son personas muy graciosas, tiene unas vidas chistosas.

Creo que exagerar lo sublime o solemne de alguien no hace que su poesía sea mejor que otra. Hay grandes poetas en ese estilo, es innegable, pero hay otros que hacen lo contrario, como Ricardo Castillo, a quien estudiaré cuando llegue a México.

Él, además, es un poeta que está fuera del canon...

Pero es de los que más ha revolucionado el lenguaje. Por ejemplo, publicó un libro llamado El pobrecito señor X (FCE, 1980) que, desde el título, es una burla. Una autoburla, en realidad, muy interesante sobre el ser mexicano, poeta y proletario. Hay una nostalgia, tristeza al constatar que no se puede ascender en la escala social, sí, pero uno puede reír de eso, de su propia miseria.

Por estas razones también analizaré a Ramiro Oviedo.

¿Qué otros temas explotaría de Ecuador, de nuestro entorno?

La identificación que tenemos con lo nacional, por ejemplo. El hecho de tener un escritor del boom que no existe o que Roberth Smith haya dicho “We are not playing in Ecuador, because people don’t play at Ecuador”. Risible, hermoso.

¿Qué autores locales recuerda que lo hayan hecho reír?

Efraín Jara Idrovo, Fernando Cazón Vera, Euler Granda, Vicente Robalino en su primer libro... Otros, generalmente, buscan lo florido, solemne, las cosas grandes. Pero también se puede hacer un canto a cosas pequeñas, ridículas. (I)  

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