Álvaro Samaniego, escritor y comunicador

En Japón su “realidad geográfica tan desasosegada” define a sus habitantes

- 16 de septiembre de 2018 - 00:00
Marco Salgado / EL TELÉGRAFO

El autor relata cómo es ese país, sus protocolos y reglas sociales. Cuando se conoce a alguien se intercambian tarjetas, eso es fundamental para la vida diaria. No se contradice a una persona con una respuesta ruda o directa.

Es escritor y comunicador. Vivió en el país del Sol Naciente por cuatro años y quedó tan impactado que tiene un blog y acaba de lanzar el libro Japón bajo la piel. Álvaro Samaniego habló con este Diario sobre la cultura de ese país, que acaba de cumplir 100 años de relaciones bilaterales con Ecuador.

¿Cómo desentrañar a Japón? ¿Hay algunas claves?

Sí, la clave principal es despojarse de la lógica occidental. Japón es como el envés del espejo en el que todo los reflejos están invertidos. Hay muchas cosas que nos resultan inexplicables y más aún cuando las informaciones que recibimos tienden a hablar de realidades exóticas. Por ello hay que despojarse (prejuicios) para dejar de pensar que los japoneses son “esos chinitos”.

Esa sensación de la lógica invertida, porque todo movimiento es por la izquierda en Japón, ¿cómo cambia los ritos cotidianos?

Probablemente el tema no sea específicamente la izquierda, es qué escoge la sociedad como lo más apropiado. El orden, la disciplina y el respeto son valores extraordinarios en Japón, se los practica siempre y eso determina que si se ha acordado que todos harán fila para entrar a los vagones del metro la harán, independientemente de cualquier otra consideración. Buena parte de las “lecciones” que ha dado Japón al mundo probablemente no se pueda aplicar en otros países porque sus ciudadanos no tienen ese nivel de conciencia con respecto al orden, la disciplina y el respeto.

¿Qué efecto tiene la geografía y el mar en la identidad de los japoneses?

Las sociedades de archipiélago tienen una manera de ser especial, porque su límite es, paradójicamente, un mar ilimitado, están cercados por la inmensidad. No hay lugar en el territorio japonés que esté más lejos de 150 kilómetros al mar. Y, el mar ha sido el que da y el que quita y el que obliga a aferrarse a una tierra desigual. Solamente el 14% del territorio es apto para la agricultura, lo demás son montañas. Pero, además, el 60% del país está cubierto por bosques. El punto de inflexión fundamental son los fenómenos naturales: Japón está asentado sobre cuatro placas tectónicas en constante movimiento, tiene más de 100 volcanes activos, es la zona de tránsito de muchos tifones. Creo, en resumen, que los japoneses son así en muy buena medida por esa realidad geográfica tan desasosegada.

En tu blog dices que Japón es un país que tiene abundantes protocolos y reglas sociales no escritas. ¿Cuáles, por ejemplo?

La más evidente es el uso de la venia, que sirve para saludar, despedirse, agradecer o pedir perdón; los japoneses en general no tienen contacto físico y la venia reemplaza esa necesidad. Otro protocolo es que cuando dos personas se conocen intercambian tarjetas. Esto sucede tanto en una reunión entre empresarios como en una discoteca. La tarjeta de presentación es fundamental para la vida diaria. Quizás el protocolo más profundo es aquel que les impide contradecir a otra persona, indisponerle con una respuesta demasiado ruda o demasiado directa. Esta antigua manera de ser desemboca en la mítica ambigüedad japonesa.

¿Cómo es la vida en una casa japonesa? Quitarse los zapatos, colgar la ropa en el balcón...

Quizás lo que más nos diferencia es que su vida diaria sucede en el suelo. Tienen en el piso el tatami, que es una estructura de paja tejida, sobre la que suceden la mayoría de actividades: se sientan sobre el tatami para comer, tienden un colchón delgado sobre el tatami para dormir. Tienen pocos objetos, les gusta el orden y la limpieza.

Un acto de higiene es dejar los zapatos a la entrada de la casa, por dos razones: para dejar la suciedad del mundo afuera y para marcar una barrera entre el caos exterior y la armonía interior. En Tokio y las ciudades grandes hay una fuerte presión por el espacio y por ello el promedio de área de un departamento es de 46 metros cuadrados, para una familia de tres integrantes.

¿Qué influencia tiene el sintoísmo en la vida de los japoneses?

Más del 90% de los japoneses comparten dos religiones, el budismo y el sintoísmo. En términos generales se puede afirmar que practican los rituales budistas para eventos importantes, como casarse o morir; el sintoísmo es una serie de reglas no escritas que les ayudan a vivir la cotidianidad.

¿Cómo separar lo exótico de lo esencial? Las geishas, el sushi o  los hoteles con camas-cápsulas en Tokio forman parte del imaginario.

A eso me refiero cuando hablo de que se privilegia lo exótico. Por ejemplo, ahora ya casi no hay geishas y para decepción de muchos han sido damas de compañía y no prostitutas. El sushi no es tan popular en Japón como en el resto del mundo, casi no comen rollos. Y, los hoteles cápsula son una solución a un problema práctico: el sistema de transporte público de Japón no opera entre las 00:00 y las 06:00, de manera que las personas necesitan un lugar para descansar por horas. Frente a ello se imponen, en términos gastronómicos, el ramen (una sopa de fideos) como el plato más popular; y el ryokan, que es una posada tradicional. Para separar lo exótico de lo esencial hay que buscar información un poco más allá y hay mucha, mucha información.

¿Es una sociedad machista?

Efectivamente, las mujeres van ganando espacio pero todavía persiste en una parte de la sociedad japonesa la idea de que las mujeres deben ser sumisas. En este caso no es cuestión de derechos sino de prácticas sociales, de tradiciones muy fuertes. Creo que Japón está retrasado con respecto a la igualdad de género, pero siento también que se está trabajando fuerte en esa materia. (I)   

El libro

Japón bajo la piel

El libro propone una mirada alejada del exotismo con el que ha sido visto el país asiático. 

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