La pequeña cancha donde los niños aprenden a jugar

- 26 de noviembre de 2018 - 00:00

A las 13:00 del miércoles pasado el sol de Guayaquil incendiaba las calles. Son esos días en que los vendedores de agua y jugo hacen su “agosto”.

Mientras la ciudad arde, un grupo de niños entre 5 y 7 años practica fútbol en una de las pequeñas canchas de un jardín de infantes del norte de la urbe.

A los pequeños el sol no los amilana para nada. Hacen ejercicios de calentamiento. Trotan alrededor de la cancha y realizan un partido de entrenamiento, como si fueran futbolistas profesionales.

Un grupo usa chalecos para diferenciarse de quienes llevan uniforme. Son 22 alumnos, pero ese día asistieron solo 14. El profesor Miguel Moreno les da las instrucciones de juego. Ellos con mucha atención escuchan las indicaciones.

En la cancha los pequeños estiran las piernas. Entre ellos decidieron que quienes llevan chaleco serán Boca Juniors y los de uniforme representarán a River Plate, emulando la final de la Copa Libertadores que no se jugó el sábado pasado en Argentina.

El partido inicia y el profesor oficia de árbitro. Los niños, la mayoría, más de cuatro meses han entrenado, se ubican en la defensa, medio campo y delantera. El encuentro entre pequeños se asemeja a un partido real. Hay empujones, buen dominio de balón y hasta faltas cerca del área.

César, quien tapa en el equipo con chaleco, da instrucciones a sus jugadores. Hace un saque largo para que sus delanteros corran. Grita “Paulo, arriba arriba”. La jugada termina en gol. Los pequeños se abrazan. El equipo rival también lanza ataques fuertes.

Martín dispara un balonazo fuerte que golpea en el poste. En los costados de las canchas algunos padres ven emocionados cada  jugada. No dudan en acercarse para dar instrucciones a sus hijos. “Vamos no los dejes, síguelo. Mete duro la pierna”.

El partido termina. Los pequeños con chaleco ganaron. Se sientan a beber agua, porque el sol jamás les dio tregua. (I)

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