Dicen que no salen a matar, pero tampoco protegen la vida

- 03 de diciembre de 2018 - 00:00

Emprendí el viaje el sábado a las 10:00. Salí desde el norte de Guayaquil rumbo al cantón Puebloviejo, en Los Ríos. El clima era agradable, una mañana fresca y un cielo levemente nublado auguraban un trayecto tranquilo. Y aunque el viaje era largo y muy transitado, por buses intercantonales e interprovinciales, yo confiaba en las palabras que siempre pronuncian los conductores cuando ocurre un accidente: “Nadie sale a matar, son accidentes que ocurren”.

Sin embargo, en el Puente de la Unidad Nacional comencé a darme cuenta de que el “nadie sale a matar” es más un cliché que algo real. Una camioneta rebasó por la derecha y fue zigzagueando entre los demás vehículos, en un desesperado intento por ganarse algunos segundos.

Ya en carretera fue peor: buses que rebasaban a exceso de velocidad, y en un tramo después del cantón Baquerizo Moreno, donde la doble calzada se reducía a un solo carril de ida y uno de vuelta , observé cómo un bus que venía en sentido contrario invadió mi carril para adelantar a otro vehículo. Tuve que bajar la velocidad y salirme de la vía (por fortuna había un espacio para hacerlo) pues el busetero se lanzó en su mole de metal para adelantar al otro automotor, sin importarle que iba de frente contra otros vehículos pequeños.

Pero no solo los buses se convirtieron en un peligro andante. En otro punto donde la carretera se reducía a calzada simple, una camioneta que iba atrás mío aceleró y me rebasó por la derecha para llegar primero al sitio del estrechamiento de la vía. Calculó con demasiada exactitud, pues estuvo a punto de salirse de la calzada, pero de milagro logró seguir en el camino.

Finalmente llegué a mi destino, y no pude evitar una reflexión: todos dicen que nadie sale a matar. Y si un conductor “no sale a matar”, eso quiere decir que sus acciones deberían conducir a preservar y no a poner en riesgo la vida propia, ni la de los demás. Pero ocurre lo contrario, hay conductores que se transforman en bestias salvajes cuando están al volante y pareciera que la vida no les importa. (O)

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