Los tres monos bebés que son víctimas del tráfico de animales

- 20 de junio de 2019 - 00:00
Foto: Juan Carlos Holguín / El Telégrafo

Son tres y están todo el día juntos, juegan y disfrutan de su mutua compañía en el amplio patio donde pueden correr y sentirse libres, como hace tiempo lo eran. Pero cuando llega Fiorella se le suben y se dejan abrazar, acariciar y mimar.

Son todavía unos bebés, pero por la codicia y la vanidad humana fueron arrancados del seno de sus madres (asesinadas para arrebatarles a sus crías) y vendidos al mejor postor para ser las mascotas de alguien a quien poco le importa de dónde vinieron (en este caso, de la Amazonía ecuatoriana).

Es el rostro que pocos conocen (o lo saben pero no les importa) del tráfico de especies. Los tres pequeños monos son víctimas de este delito, aunque tuvieron la suerte de ser rescatados y ahora están en un hogar temporal en el norte de Guayaquil, donde reciben atención médica y se recuperan.

Fiorella los cuida y los mima a cada momento. “Como son bebés, están acostumbrados a que la mamá los abrace. Por eso los cargo y los acaricio, para que sientan ese contacto”, comenta la joven estudiante de Veterinaria.  

El objetivo es que, en un futuro cercano, sean reinsertados en su hábitat natural. Pero esto no es seguro que pase. Si crean demasiado apego hacia el humano y no desarrollan las habilidades para sobrevivir en libertad, tal vez su destino sea un refugio silvestre. Ahí estarán debidamente cuidados, pero no es lo ideal. Su sitio es en la selva, con su familia, libres para trepar árboles, saltar y correr.

Sin embargo, esto poco le interesa a los promotores de este negocio ilícito, que a nivel mundial mueve entre 8.000 y 20.000 millones de euros al año, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Las víctimas son muchas, como dos loros a los que les echaron cloro para que sus plumas se destiñeran y tuvieran otros colores. Esto les causó quemaduras. Pero eso a los traficantes no les importa. Lo principal para ellos es encontrar quién compre los animales y seguir alimentando esta industria de la muerte. (O)

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