El Parque Seminario conserva su encanto

- 05 de agosto de 2019 - 00:00

Hasta que por fin pude hacer fotos en el parque Seminario sin que los guardias me corretearan. Ya no tuve que voltear la mirada a la voz de ¡Señor, aquí no puede tomar fotos! Pude recorrer los pequeños senderos del parque con mi canon y hasta jugar en cada pisada para no salirme de los límites de las piedras que adoquinan el área. Desde el portón de hierro de la calle Chile mi lente logró captar los detalles de la refacciones que le han hecho a las torres de La Catedral, afectadas por el terremoto del 2016.

El templo de estilo neogótico luce imponente desde la entrada norte del parque. En el centro, Bolívar montando a caballo da misticismo a este espacio, que una vez llevó su nombre antes de convertirse en el Parque Seminario, en la administración de Eloy Alfaro, en 1895.

El sendero me condujo hasta la zona más congestionada, cercana al portón de la calle 10 de Agosto. Aquí están las palomas domésticas que sobrevuelan nuestras cabezas, el santuario de tortugas que nadan junto a los peces y también están las consentidas, las iguanas.

Decenas de estos “dinosaurios diminutos” son el mayor atractivo del lugar. Propios y extraños, grandes y chicos disfrutan de sus multicolores escamas. Pude retratar el entusiasmo de las personas cerca a las iguanas. Antes no podía hacerlo con libertad, tenía que refundirme entre la multitud, especialmente entre los turistas extranjeros, quienes tenían el “privilegio” de tomar las fotos que quisieran cuando Nebot era alcalde. Aún recuerdo cuando el famoso Steve Irwin, el cazador de cocodrilos, visitó este espacio en mis años de adolescente.

Los cambios en la administración del parque son visibles. En el recorrido me encontré con un grupo de personas realizando una sesión fotográfica. Me sorprendió la presencia de un vendedor informal de artículos infantiles que en otros años no hubiera podido ingresar sin autorización del custodio del parque.

A la altura de la calle Ballén conseguí el mejor ángulo de la Glorieta, el descanso de quienes huyen del caótico ritmo del casco comercial guayaco. Las bancadas del sector se han convertido en el refugio de los enamorados furtivos que visitan la zona. Sin duda, el Parque Seminario, también conocido como De las Iguanas, sigue siendo un emblema y un lugar que gratamente puede sorprender. (O) 

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