Un curioso museo muestra la vida de un ciudadano del mundo

22 de junio de 2019 00:00

La fachada blanca y la cruz de color oscuro que corona su parte alta le dan un aspecto de iglesia católica a la edificación de Ballenita (Santa Elena). Más con la leyenda inscrita en su parte frontal: “Capilla del Mar Virgen del Cisne”.

Por ello, algunos forasteros que pasan por esa zona costera se persignan y entran para preguntar por el párroco del silencioso lugar.

-“Disculpe, señor, ¿aquí está el padre?”, consultan dos chicas mochileras, de algún lugar de la Sierra ecuatoriana, al administrador del lugar.
-“¿Cuál padre?”, responde intrigado.
-”El de la iglesia”, insisten las chicas.
-”Esta no es una iglesia, es un museo”, aclara el hombre.

Ángeles, estrellas de David, campanas y más objetos decoran la entrada del variopinto museo Farallón Dillon, en cuyo interior se encuentran objetos antiguos que su fallecido propietario, Alberto Edmundo Dillon Granda, recolectó en sus viajes por el mundo.

Los rayos del sol, el olor a madera húmeda y el gorjeo de algunas aves caracterizan a este espacio cultural. A la entrada, a mano derecha, unas revistas de moda europea de la década del 50 muestran modelos de decoración de mansiones. El visitante las puede revisar libremente.

Los aficionados a la fotografía devengan los $ 2, mientras se retratan con pesados cascos metálicos, parecidos a los de guerreros romanos. La mayoría de los artículos expuestos tienen cifras que evidencian que se encuentran a la venta, algunos bordean los $1.000.

Por ejemplo, hay baúles de madera de embarcaciones, botellones de cristal gigantes, balanzas que funcionan con monedas, mapas de navegación de sitios remotos, bustos de sirenas, inodoros de barco, anclas de hierro, adornos de madera, un buzón de metal, redes y más. Allí se puede pasar varias horas y reflexionar sobre el pasado. (I)

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