Una larga historia que viajó con el ferrocarril

15 de mayo de 2011 - 00:00

Una mañana en Quito, de esas pocas en que el calor traspasa la piel sin permiso y sin  reparo alguno...  En la estación del tren de Chimbacalle, la reina roja y hermosa resplandece. Está parada en el patio, imponente. La locomotora 17, a vapor, que nació antes de 1920, es una de las reliquias que se niega a morir en el imaginario de aquellos que vivieron el esplendor de este sistema de transporte. 

El maquinista Edgar Garcés, de 49 años, se acerca ella. Sube tres gradas hasta el cabezal, le da palmaditas a la estructura de los controles manuales, explica cómo opera una máquina de vapor y recuerda a los antiguos ferroviarios, quienes con solo escuchar algo fuera de lo usual en su funcionamiento, evitaban accidentes en la vía. 

“Se necesita cariño y amor para ser ferroviario. Porque a la locomotora hay que tratarla como que fuera una esposa, para que no le haga quedar mal (...) los mejores días de mi vida los he pasado junto al ferrocarril. No vengo de familia ferroviaria, pero hay que hacerlo de corazón. Entré hace 25 años a este mundo, primero como fogonero (ayudante del maquinista de la locomotora a vapor). Diez años después me hice maquinista y en esto he pasado  15 años, cumplí mi sueño”, narra con mucho orgullo.

A los pocos segundos, vienen a su mente algunas escenas de los últimos años de vida del tren. Tenían bastantes turistas extranjeros -el tren se promocionaba en Europa como “el más difícil del mundo” -, gracias a una alianza que tenían con una empresa turística. Hasta 2005 hicieron el recorrido turístico  Riobamba - La Nariz del diablo - Riobamba.

Los viajes se truncaron por daños en la vía. Con amargura, Garcés recuerda que el Estado había dejado de invertir en el mantenimiento del sistema, sobre todo, en la restauración de los durmientes (maderos que mantienen paralelas las vías).

Fabián Maldonado, de 51 años, es el  último eslabón de una tradición familiar ferroviaria.  “Era un lujo ser ferroviario”  por el sueldo y por el estatus que daba el trabajar en el sistema de ferrocarriles, en sus tiempos dorados, antes de los años 80.

En 1977 inició su trabajo en la imprenta del ferrocarril. Renunció  en 1994 “si se trabajaba cuatro horas al mes era mucho”. Según sus recuerdos, el ferrocarril se acabó en los  90, luego de años sin inversión estatal.
“La muerte del ferrocarril también fue por intereses económicos, principalmente por precios, porque era un transporte de carga pero económico y era un transporte masivo. Transportar un quintal de papas, por ejemplo,  costaba en el ferrocarril 10 centavos de sucre y en camión 50 centavos”.

César Rodríguez, de 72 años, fue superintendente de Fuerza Motriz del ferrocarril y se jubiló en 1989, luego de 30 años de servicio. “En mi época el ferrocarril caminaba. Ahora tiene tres velocidades: despacio, más despacio y parado (…)  para todo servía el tren, para llevar carga y pasajeros”. La impotencia que siente se refleja en sus ojos. En los años 60 a Quito llegaban hasta 16 locomotoras diarias. “Había viajes directos, de carga, gasolina, y de legumbres”.

César Bonilla, capacitado en locomotoras a diésel en España, se jubiló con 27 años de servicio. Ahora tiene 72 y cuenta que en países que él conoció las empresas utilizan las asociaciones de jubilados para adquirir la experiencia.
Fabián no tiene mayores esperanzas de que el ferrocarril regrese en todo su esplendor de antaño “no creo que dé para más, no creo que el Estado tenga dinero para hacer un ferrocarril moderno. Se necesita una reconstrucción total, antes era rentable porque era el único medio de transporte”.

Édgar recuerda al ferrocarril de antaño que regulaba las tarifas del transporte terrestre. “Al ser masivo llevábamos carga y gente. Iba también el correo. Costaba 2.000 sucres de Riobamba a Bucay, en la década de los 90 y en bus era 3.500”. Asegura que es uno de los 41 ferroviarios antiguos que trabajan  en la actual Empresa de Ferrocarriles Ecuatorianos (EFE). Es un grupo  de maquinistas, brequeros, motoristas, ayudantes de motoristas, mecánicos y carrilanos. El más joven de ellos tiene  40 años de edad y casi todos han estado  20 años en el sistema ferroviario. “En el año 94, en la primera venta de renuncias, éramos 2.400 compañeros”.

El ferrocarril de hoy

La diferencia entre el pasado y el futuro es que el ferrocarril se ha recuperado, en gran parte, como “un tren patrimonial de turismo”, así declarado en 2008.  El actual gobierno, en la recuperación del ferrocarril, ha invertido más de 200 millones de dólares. Los contratos  se han ejecutado un  50%  en trabajos,  la rehabilitación de la vía férrea, estaciones y material tractivo. 

La meta es que en 2011 se puedan  transportar  más de 68 mil turistas, y lograr un ingreso cercano a los 900 mil dólares.  “Cuando hablamos de evaluación económica, no solo son los ingresos de la empresa, sino la reactivación económica que se genera alrededor de la vía férrea”, explica José Luis Quinteros, gerente de Comercialización de la EFE, ya que se espera generar más de 2.000 empleos en la vía férrea. Los boletos de viaje, según las rutas, cuestan entre 10 y 20 dólares.

Iván Prado, gerente de Comercialización de EFE, dice que de los 450 kilómetros de vía se ha habilitado el  65%.
Según los datos de la empresa estatal, faltan 35 km de la línea Bucay-Sibambe y 42  de la que conduce desde  Palmira hasta Alausí.

Mientras que en la Cuenca del Río Chan-Chan, zona inestable, construyen un túnel para que la crecida del afluente no se lleve la vía, como ha pasado muchas veces. “El túnel cuesta 5 millones de dólares y termina en agosto”, informa el funcionario.

Otra de las metas es tener para el  2012 recuperada la ruta Quito-Durán.  El Gobierno apuesta al desarrollo turístico y al desarrollo local, pues el tren, de 40 km por hora, no compite con las carreteras rehabilitadas. Aunque, según Prado, la aspiración es llegar a futuro a tener un tren de mediana velocidad.

Años de lucha 

Guido Jaramillo, jubilado, cuenta que durante muchos años los jubilados solicitaron su ingreso al Instituto Ecuatoriano de Seguro Social (IESS) para cobrar en la institución tanto la pensión por jubilación como  pensión patronal. Era importante para ellos porque así sus pensiones patronales también recibían los aumentos que todos los años hacían en el Seguro a todos sus afiliados.

En el 2005, los jubilados solicitaron su paso al IESS, pero el Estado debía depositar dinero para  los pagos  de la patronal. Este paso al Seguro se encuentra en los contratos de jubilación de 1951 y 1971, pero no le dieron trámite inmediato. 

Hubo 15 grupos  de jubilados: del primero al once, conformado por 2.673 jubilados, lograron pasar al Seguro, recuerda Carlos Ron, presidente de la Hermandad de Jubilados Ferroviarios del Ecuador. Pero no les pagaban sus incrementos a las pensiones patronales, por lo que 617 jubilados  pidieron un Amparo Constitucional y la primera Sala del Tribunal Constitucional  falló a favor de ellos en el 2006. Recibieron una liquidación de 5.462 dólares más intereses del período entre  2002 y 2005.

Unas 835 personas, en 2008,  pusieron un segundo amparo. “La Corte Constitucional falló a favor de los jubilados, entonces les liquidaron hasta diciembre de 2.010. Generó un retroactivo promedio de 12 mil dólares para cada jubilado”. Sin embargo, los jubilados de los grupos del 12 al 15  no lograron pasar al Seguro. Solicitaron el fondo global, que fue aprobado hace dos semanas. El fondo significa que el IESS realizó un cálculo matemático actuarial al 31 de diciembre de 2010, de acuerdo a la expectativa de vida de cada uno. “Si es más viejito tiene menos expectativa.

Tengo 96 años, dicen que voy a vivir 24 años más”, cuenta Carlos. La operación matemática es: la pensión de 22,66 dólares por doce meses del año  más los décimos, lo que da 530 dólares de pasión patronal anual que recibe un jubilado. Este valor se multiplica por los años expectativa de vida. 

Una persona de 70 años con un cálculo de vida de 22 años más y recibe 7.500 dólares. De 57 años con 31 años calculados recibe 16.300 dólares.

Carlos, con la lista de beneficiarios en la mano, dice que las viudas jóvenes cogen más: 15, 18, 24, 27, 29 mil dólares. Son 311 viudas y recibirán 4,1 millones de dólares. Son 1.147 jubilados y les entregarán 13.1 millones de dólares. Se les pagará tres etapas: el 35% del total, en 30 días desde la presente fecha; otro 35%, en 12 meses desde el primer pago; y el 30% restante, en 20 meses desde el primer pago. Al momento recorren el centro del país recogiendo firmas de respaldo de sus compañeros al Fondo Global  para, por fin, cobrar el dinero por el que han luchado tantos años.

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