Carpintería “El Progreso”, una segunda oportunidad

15 de mayo de 2011 - 00:00

El sonido de un compresor, el olor a tiñer, a madera y la gran cantidad de aserrín y viruta volando con el viento forman parte del escenario de cualquier carpintería quiteña; sin embargo, en  la  ciudadela Ibarra, en la calle S-30, la  historia es distinta.

15-5-11-cronica-carpinteria-segunda-oportunidad_2Ahí, hace un par de meses, se instaló la carpitería “El Progreso”, un espacio que permite que siete jóvenes -que formaban parte de pandillas urbanas- hoy tengan una “segunda oportunidad en la vida”, asegura David Villacrés, líder de la agrupación los Ñetas.

Vestidos a su estilo (pantalones anchos, pañuelos en su cabeza, gorras y zapatos deportivos) se mueven entre tableros de madera y herramientas. Se comunican con una jerga que pocos conocen. En este sitio no existen nombres, sino apodos que los caracterizan.

Villacrés, de 30 años de edad,  recuerda que ingresó al círculo de los Ñetas hace diez años. Abandonó su casa a los 10, tras la muerte de su madre. Vivió algunos años en la calle hasta que conoció la organización, en la cual lo escucharon y enseñaron principios de vida, “entre ellos el más importante, la humildad”. Hoy es uno de los líderes nacionales de este colectivo social.

Con total franqueza acepta que “vivió y  vio de todo”, desde el mundo de la delincuencia, pasando por el ajuste de cuentas hasta  el consumo de drogas. Sin embargo, hoy junto a sus compañeros busca otro rumbo en su vida:  el del trabajo digno. Todo para darles un ejemplo de vida a sus hijas y esposa.

“El Progreso”

Villacrés lleva la carpintería en la sangre, su progenitor realizaba este noble oficio. Las pocas cosas que aprendió las puso en práctica en algunos talleres; sin embargo su estilo de vida y formar parte de los Ñetas provocaron que la sociedad lo discrimine. Relata que en varias ocasiones fue despedido sin motivo alguno de sus empleos o simplemente le tenían miedo.

Tras varios tropiezos, un día comenzó a rondar la idea de un negocio propio y fue así que en el 2008 decidió ingresar al proceso de paz que promovió el Gobierno entre organizaciones juveniles, antes conocidas como pandillas.

15-5-11-cronica-carpinteria-segunda-oportunidad_3Tras varias reuniones con líderes de colectivos urbanos, representantes del Ejecutivo y voluntarios que promovían el trabajo digno, consideró que la habilidad de sus manos con la madera era la oportunidad y la herramienta perfecta para emprender una microempresa.

Con la idea del negocio en mente,  Villacrés junto a sus compañeros,  José Ibarra y Henry Ayala (“Hechiceros”, como se los conoce dentro de la agrupación) comenzaron a golpear puertas para lograr el apoyo a su proyecto. Mientras esperaban la oportunidad, se motivaban entre sí, puesto que todos tienen  historias similares y  el objetivo era uno solo: dejar la calle y trabajar en su propio negocio, “aunque a veces las cuentas fallen”.

A ellos se sumaron Luis Socasi, Rafael Pachacama, Darwin Villacrés y Roberto, conocido como ‘Oso’. La habilidad en sus manos, el anhelo de superación y el convertirse en un ejemplo para sus hijos, familia y otros jóvenes los motiva a seguir su trabajo.

Pachacama tiene 29 años. Su primer hijo lo tuvo a los 13 años. Él sabe hacer todo tipo de trabajos. “La vida me enseñó a hacer de todo. Sé plomería, electricidad y pintura”.

La historia de  Ibarra no es distinta. Prefiere hablar poco  de su situación, opta por su presente. Se limita a contar que es oriundo de la comunidad de San Lorenzo (Esmeraldas) y que desde hace unos años arribó a la capital de la República.

Pero no todo ha sido como estuvo planeado. Durante un buen tiempo trabajaron a pérdida, por la inexperiencia en el oficio. No obstante, de a poco han perfeccionado “su toque” y ahora pueden ser un aporte para sus hogares.

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