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Ecuador/Dom.17/Oct/2021

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Jessica Jaramillo

Volverse fuerte sin perder la ternura

04 de septiembre de 2021 00:00

“No vamos a ser capaces de tener un mundo mejor, si no somos capaces de ir peleando para ser mejores cada uno de nosotros y esa es una lucha que la tenemos adentro...” (Mujica).

Más allá de su ideología, Mujica es coherente y sencillo al hablar de ética política, su sabiduría pasa por comprender que se requiere de convergencia, tolerancia y consenso para solucionar los problemas reales de la gente

Esas lecciones de ética urgen en la política nacional, en donde encontramos legisladores, alcaldes y autoridades con apetitos voraces, familias administrando ciudades como feudos, caducos espíritus de cuerpo, prácticas de intimidación, chantaje y poquísima comprensión del servicio público; y justifican su accionar con frases como “es porque soy mujer”, “es porque no tengo sangre azul” o “es que soy la fuerza de los pobres”. 

El ejercicio de la política es un debate de egos e intereses y no de propuestas, nadie escucha ni se conduele de las condiciones de vida de nuestra gente. La política ecuatoriana se ha convertido en una fiesta de grilletes, allanamientos, peculados y más delitos contra la administración pública.

Lo que sucede en Quito es penoso, y aunque jamás deseo para un adversario la cárcel y menos la muerte, en un Estado de Derecho quien ha cometido un delito debe ser sancionado. El problema es que al parecer ellos controlan la justicia.

Pero todo ese festín de recursos públicos, pago de favores, historias dantescas en juicios políticos puede corregirse modificando el sistema. Ya es hora de que los partidos se hagan cargo de los “errores” de sus militantes y les enseñen a limitar sus apetencias, es hora de ponerle un alto al cinismo.

Finalmente gobernar es poner límites, gobernar es autogobernarse, es no olvidar el sentido de la democracia, gobernar no puede ser sinónimo de robar. Por ello frente la corrupción firmeza y en el gobierno como decía Cortázar el truco es volverse fuerte de corazón sin perder la ternura del alma”.

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