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Ecuador/Dom.9/May/2021

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Ximena Ortiz Crespo

Víspera de elecciones

10 de abril de 2021 00:00

¿Sobre qué debería estar escribiendo la víspera de las elecciones? Tal vez sobre los planes de gobierno de los candidatos. O sobre cuántas veces han dirigido su discurso a las mujeres. O sobre cómo tratan los problemas de vacunación, pandemia, pobreza extrema, desnutrición infantil, femicidio, embarazo adolescente, crimen, tráfico de drogas, corrupción, minería a cielo abierto, daños a la vida silvestre…

Tantos males sobre los que hablar, pero en este momento los y las votantes estamos sumergidos en dos asuntos: la incertidumbre de las elecciones y el aumento incesante de la pandemia de COVID-19. Ambos tienen un impacto enorme en nuestro bienestar, pero nos hace falta recordar que son de naturaleza temporal y que se resolverán, Dios mediante, pronto. Quizás, entonces, lo mejor es inspirar a mis lectores –y a mí misma– con lo bueno que tenemos en una perspectiva que nos permita cifrar nuestra esperanza en el futuro. Mi mejor opción es escribir sobre las bondades del Ecuador y de su gente porque lo que requerimos ahora es consuelo y motivación. Y eso podemos tomarlo de la riqueza estética y moral que nos brinda nuestro país, a pesar de la desazón que sentimos.

Siempre es suficiente volver los ojos a nuestra tierra que se prodiga a manos llenas. Los días de lluvia han dejado en la Sierra norte montañas y campos pintados de verde. Los días de sol nos invitan a salir y aprovechar de sus cálidos rayos. Las playas nos llaman y debemos esperar para disfrutarlas, zambullirnos en el mar y paladear los manjares que allí se preparan. Los nevados empiezan a mostrarse de nuevo y nos deslumbran con su magnificencia. Los páramos nos esperan para que veamos sus chuquirahuas, achupallas, frailejones y almohadillas multicolores. La naturaleza brota y las acacias, los cholanes, los chahuarqueros, las orquídeas se presentan en plena floración. Las cascadas brincan con su agua cristalina. El canto de los pájaros nos despierta, las mariposas revolotean, los quindes nos permiten ver su iridiscencia. Nos llenamos de ilusión de volver a visitar cada rincón de nuevo. Añoramos contemplar los imponentes lugares de nuestro país y sus pródigos paisajes, sus contrastes, sus costumbres, su gastronomía, su diversidad.

Es una nostalgia parecida a la que sentimos cuando estamos lejos: una enorme saudade del Ecuador, de sus montañas, de su clima, del azul de su cielo, de los sabores, del viento. Una nostalgia de la dulzura de nuestra gente. Una vehemencia porque se haga realidad el volver a encontrarnos con la familia, la gente amiga y aún con los extraños para intercambiar afecto y generosidad.

A pesar de constatar lo dividida que está nuestra nación en este momento, estoy segura de que el país mismo nos inspirará en la decisión de mañana. Hará que optemos por recuperar este bello país para llevarlo a desarrollarse y prodigar felicidad para todos. Así volveremos a poseer nuestra tierra, a sentirla propia, junto al poeta Carlos Suárez Veintimilla:

 

“Toda esta azul mirada inmensa y alta,

toda esta verde soledad tranquila,

y este silencio tenue y palpitante de la tierra serena que respira,

y esta tierra cercada ...

toda esta tierra que no es mía, es mía!”