El virus que cambió la historia

- 31 de marzo de 2020 - 00:00

a muerte silenciosa, por todas partes ronda. La muerte silenciosa, nos dice: “no me temas, pero no me olvides”. Ya son las 09:00, estoy desayunando. En casa ahora: siempre en casa. Me pongo la mascarilla, baja mi hija, me da un beso volado, en la misma mesa distanciados, la saludo con la mirada y le digo: “te amo”. Ella me dice que también me ama.

Llega mi esposa con mi otra niña de seis años. La niña es más desafiante y se lanza a mis brazos rompiendo el cerco epidemiológico y me lanza un abrazo que me quiebra los huesos. La acojo, recibo su amor como la vacuna salvadora del virus. La siento en su sitio y juntos desayunamos. Es la vida quietos en casa. Con las restricciones impuestas por el virus.

Esperar esperando. No queda otra. Las noticias son desalentadoras. Mueren amigos. Colegas de radio. Abogados conocidos. Un tío querido que amaba la vida. La gente muere en las calles. Los hospitales no dan abasto. Estamos viviendo un apocalipsis. Guayaquil tiene más enfermos que Argentina, México, todos los enfermos del Ecuador están en mi ciudad. Tenemos un enfermo en cada casa y un muerto en cada familia.

Hay sufrimiento y dolor. Y no llueve. La última lluvia fue unos días previos al inicio de la cuarentena. El ambiente está frío y lúgubre. La temperatura se mantiene fría y nada de eso ayuda a controlar la expansión del virus. La lluvia es limpieza. El agua trae vida y lo moja todo. Ojalá llueva, eso refrescará el ambiente y aclarará la mente de que esta desgracia pasará pronto.

Hoy he amanecido optimista. Me estoy sugiriendo amar a este virus. Y rezarle en nombre mío y de los míos y de todos los que me rodean: “no me toques, no nos toques, vete, desaparece”. Es inédito lo que estamos viviendo e inaudito. ¿Estamos ya ante lo peor? ¿Qué más tendremos que ver?

El virus duele la sangre. Desgarra la piel. Estoy cansado. La sala. El comedor. La biblioteca. El patio. La mesa. La puerta. Las ganas que no tienen ganas. Las medicinas preventivas. Las gárgaras. Las inhalaciones. Soy como cualquiera: vulnerable, frágil, pasajero. El virus que cambió la historia. (O

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