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Ximena Ortiz Crespo

Virtudes en la política

10 de julio de 2021 00:55

Despertarse con las noticias de que el Alcalde de Quito ha sido restituido en su cargo por una maniobra ilegal ya llega a dar asco. Es sumamente penoso ver el espectáculo de un político que se aferra con uñas y dientes a su cargo, mientras la ciudadanía contempla cómo la ciudad es una nave a la deriva. Y, además del rechazo que nos causa el espectáculo, sufrimos la frustración de constatar que no se pudo escoger un mejor administrador de la cosa pública por la total dispersión de las fuerzas políticas y la vanidad de unos cuantos que querían brillar solos.

 

La crisis que sufre la capital de los ecuatorianos es inédita. Para empezar, el burgomaestre actual fue electo con una minoría de votos, realidad que ya permitía predecir inestabilidad. Luego, su incapacidad de lograr diálogos y acuerdos con sus concejales por el poco respeto que ha manifestado al cuerpo con el que cogobierna, nos ha mantenido contemplando un show de irresponsabilidad supina. Quito no tiene alcalde, no tiene cabeza en sus empresas más importantes, su principal proyecto de movilidad flaquea por los cuatro costados, se ha convertido en una ciudad peligrosa, no hay orden ni concierto.

 

Un político cínico es aquel que hace lo imposible para quedarse con el puesto, un hombre de Estado es el que piensa en el legado que va a dejar a la próxima generación. ¡Qué pena que las virtudes cívicas hayan desaparecido y gran parte de los que participan en las lides electorales no estén pensando en el bien común y en el servicio a los demás, sino en sus propios intereses!

 

Lo que estamos experimentando es el fruto de la ausencia de líderes jóvenes que tengan el sueño de servir a la Patria. Que tengan la integridad moral para lograr el respeto de sus ciudadanos, visión y habilidad para construir consensos, principios firmes, un comportamiento que sea ejemplo para los demás. Un líder cuyas acciones reflejen un código de conducta para guiar al pueblo e influenciarlo de tal manera que pueda diferenciar el buen gobierno del que no lo es. Que tenga madurez, compromiso, habilidad y experiencia.

 

Ser elegido para servir es un privilegio que debe ser tomado como tal. Obtener los votos de un pueblo es un honor que debe retribuirse con servicio. Y en una sociedad como la nuestra tan diversa lo primero que debe hacerse es dar oído a la gente. Es claro que cada uno tendrá su opinión diferente y su manera de pensar, pero el arte de la política es enfocarse en lo que la gente tiene en común y no en lo que la separa.

 

Aristóteles decía en su Ética a Nicómaco: “la política es el más importante de los fines humanos, y la más importante preocupación de la política es engendrar carácter en los ciudadanos, de tal manera que estén dispuestos a obrar bien y a realizar acciones nobles”. ¡Volvamos a educar a nuestros hijos en las virtudes de la participación política responsable y en el saber gobernar!

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